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Un rescate: Rap, reggaetones, podcasts y oralidad

Un rescate pendiente desde el ciberdesastre de enero. Y que viene al caso por lo que cuento en una próxima entrada. Aquí tienen el capítulo 6 de mi ensayo Poesía en tiempo de Redes, que formó parte de “Islas en la red. Anotaciones sobre poesía en el mundoi digital”, que publiqué con Ediciones Idea en 2008.

Rap, reggaetones, podcasts y oralidad

Malos tiempos para la poesía estos, como siempre,ya lo dijimos; sin embargo, en sucios bares y enormes salas de conciertos, se encuentra uno a jóvenes ladrando versos a un micrófono, versos seguidos, coreados y aprendidos por otro montón enorme de jóvenes. Versos toscos en su mayor parte, rimas insulsas que se desparraman sobre un fondo sonoro machacón, subcultura popular: machismo, violencia, sexo explícito…eso no es, no puede ser, poesía, ¡de ninguna manera!.

Y, bien. Seguramente esa sucia expresión de rabia juvenil (el diablo escondido en el baile…que se decía del ya absolutamente asimilado rock’n’roll allá en los años 50 del siglo pasado) sea mierda en un noventa por ciento. Se me viene a la memoria la anécdota de un escritor de Ciencia Ficción al que alguien (un culto y atildado interlocutor, seguramente) le dijo que el 90 por ciento de la CF era mierda, a lo que contestó que así era, que el 90 por ciento de todo es mierda. ¿Nos ponemos serios a hablar de lo que se publica todos los años en rústica y tan formalmente en este país?

No me interesa tanto la calidad de los versos del rap o del reggaeton como esa repentina explosión de oralidad rítmica que significan, y de vitalidad radical del lenguaje en que se desarrollan: creación de nuevas palabras, generación de nuevos significados para las viejas, mezcla desvergonzada de idiomas… Surgidos de estratos sociales con
fuertes carencias educativas, tal vez no deba exigírseles a estos nuevos verseadores una profundidad y una sutileza, que tampoco ellos buscan, dado que sus rimas (así las llaman ellos) surgen casi siempre como confrontación, como parte de una pelea con un entorno hostil, pero creo que, de algún modo, desde sus bases electrónicas, los MC, micro en mano, están señalando un camino de experimentación muy interesante. Para los poetas jóvenes ha nacido un espacio que explorar que gira alrededor de la palabra poética hablada, oral, más que escrita, y que nos devuelve, bajo la densa capa de ritmos digitales, a una de las raíces más ancestrales de la poesía y le recupera parte de la función comunitaria que se dejó en el camino entre el romance cantado/contado y el privado libro de poemas para ser leído en silencio. ¿Puede un poeta darle densidad a las palabras que vibran en una sala de baile? Antes o después alguno/a lo hará. En todo caso, recordemos lo que Derek Walcott, poeta isleño de otras islas, dejó dicho hace poco: “No sé qué puede ser la poesía sino ritmo”. Si los poemas vuelven a colgar del aire, el sentido del ritmo verbal e imaginativo vuelve a adquirir una importancia relevante.

Y es que los versos parecen estar peleando por salirse del papel, y volver a sostenerse en el aire. La web está llena de archivos de mp3 y de podcasts. Es relativamente fácil encontrar la voz de cualquier poeta importante de los últimos tiempos leyendo algunos de sus poemas. La gente los baja, o los escucha directamente desde su navegador. El poeta te lee sus versos al oído, en tu casa, o en la guagua, a través de los auriculares de tu reproductor digital.O puede organizar una lectura de poemas en línea, que puede ser seguida en directo (streaming) desde Internet sin grandes dificultades técnicas y apenas coste. Un sistema de este tipo, ya digo,relativamente sencillo, puede convertir este pequeño salón de actos, en una sala global, de dimensiones mundiales. No es una mala visión…

Y hay poetas ya en ese territorio de la experimentación con la oralidad viva, que en otros países y lenguas es un género aparte bajo la denominación de “spoken Word”, con sus propios espacios para desarrollarse. La palabra escrita o / y oral, convertida en bits circula por las redes como si fuese su espacio natural, porque posiblemente lo sea. Un ejemplo: El Circo de La Palabra Itinerante, otro, la lectura performativa de sus poemas del poeta andaluz David Pielfort, que le da la vuelta a sus textos en cada acto público en que participa.Seguro que hay más que se me escapan ahora…

El ritmo, la musicalidad, la fuerza de la imagen hablada, susurrada, cantada, su sensualidad, esas propiedades ocultas del lenguaje que la poesía desvela, adquieren importancia renovada en esas condiciones. Lo nuevo, una vez más, nos devuelve a lo muy viejo.

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