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Trazas del calígrafo zurdo

Del poeta e incansable agitador cultural Viktor Gómez, acaba de salir a la calle de manos de la editorial Varasek. Un libro lleno de señales y cicatrices que estos tiempos (tal vez todos los tiempos habidos y por venir) trazan en nuestra piel. Aquí tienen lo que escribí sobre Trazas, hace un año, para su prólogo:

Por las trazas…

Dice el dicho que por las trazas los conocerás. Traza, (trazo, rastro, señal). Nuestras trazas vitales nos señalan, nos identifican ante quien sabe leerlas, nos hacen transparentes. Pero para leer las trazas, para saber a dónde nos lleva la escritura fragmentada y tensa de Viktor Gómez hay que hacer un esfuerzo de mirada, hay que aprender a mirar.

Vivimos tiempos convulsos y oscuros, y ¿qué ha de hacer el poeta? ¿Qué cabe exigirle? Hay quien considera que  debe alzar su voz, hablar en nombre de los heridos y los expulsados, decir las cosas claras, tomar la plaza y la palabra. Pero, ¿es  la Palabra (así, en mayúsculas) algo que el poeta deba apropiarse? ¿No es más coherente dejarla en el comunal, en el espacio de lo no apropiado, de lo colectivo que es, a su vez, personal? ¿Debe el poeta a jugar el rol de porta-voz, sustituir-suplantar las voces que han de decirse por sí mismas? ¿Pedir el megáfono, avisar al fotógrafo?

Ya dijo Enrique Falcón en sus Cuatro Tesis de Mayo:  “eso de ser «voz de los sin voz» no deja de ser un paso más (aunque no el más terrible) en el pisoteo de la gente cuya dignidad ya está, de por sí, pisoteada”. El poeta, si no quiere ser uno más de los falsarios que nos abruman con su cacofonía interminable, solo habla desde sí, y sólo desde sí mismo su voz tiene  poder para generar una conversación a múltiples voces, una rica experiencia comunitaria desde lo personal, y no un discurso fácil de trazar y manejar por los recaderos del poder.

Lo que van a leer, en cuanto yo me quite de aquí, son las (señales, trazos, rastros) trazas de una mirada inquieta sobre un tiempo desquiciado, porque es un tiempo de transformación radical y los viejos quicios, las cómodas puertas en ellos encajadas,, las confortables burbujas que dicen existieron,  han explotado. Y el calígrafo zurdo no tiene palabras de consuelo, ni explicaciones mágicas, ni coplas revolucionarias. Sólo tiene un puñado de poemas. Eso tan poquito. Tan imprescindible para apre(he)nder cada uno su mirada propia.

Las trazas de un calígrafo zurdo. La caligrafía es arduo ejercicio que exige a la mano atención y precisión. Traza atenta y vigilante. Traza zurda, además. Aun no están lejos los tiempos en que sólo se admitía usar la derecha para escribir, y vigilantes maestros perseguían a los zurdos para que usaran la mano canónica con ágiles reglazos. El calígrafo zurdo, desde entonces, no puede evitar tener cierta querencia clandestina, cierto amor por lo escondido.

Y por eso empaqueta sus (señales, trazos, rastros)  trazas, en una estructura poco usual en estos territorios. En paquetes de cinco versos, de siete y cinco sílabas: en tankas. Cuentan que la primera utilidad de los tankas, cuando empezaron a usarse hace 1400 años en Japón, era transmitir mensajes secretos entre amantes. Y ese sentido habita los poemas de Viktor: mensajes de amor secretos para un mundo maltratado.

Dicen que también se usaban los tankas como conjuros propiciatorios de casas recién construidas, como canciones de boda, y de celebración de niños recién paridos y negocios recién concertados. Desea uno que el verso arrastre en su paso por los siglos y los caminos algo de ese poder performativo de una realidad  donde la manzana roja es  a la vez frescor y herida. Frágil raíz, dirán, un puño de poemas, para la reconstrucción necesaria, pero las raíces aéreas sostienen la planta del millo. Y de un puñado de granos se hace arepa o pan, o razones para la esperanza.

Me quito de ya de aquí, como dije,  y les dejo con los los tankas del calígrafo zurdo. No esperen recetas. Sólo traten de ajustar la mirada. Busquen las señales de la transparencia. La mejor forma de ver la luz es, a veces,  rodearse de lo oscuro.

No dejen de acerarse a la inquieta palabra de Viktor.

«Trazas del calígrafo zurdo» recibió 1 desde que se publicó el 7 Julio, 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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  1. Las trazas de un calígrafo zurdo. La caligrafía es arduo ejercicio que exige a la mano atención y precisión. Traza atenta y vigilante. Traza zurda, además. Aun no están lejos los tiempos en que sólo se admitía usar la derecha para escribir, y vigilantes maestros perseguían a los zurdos para que usaran la mano canónica con ágiles reglazos. El calígrafo zurdo, desde entonces, no puede evitar tener cierta querencia clandestina, cierto amor por lo escondido.

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