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Ruido 4: Economía del ego

Si hay alguien dispuesto a pagar por un servicio, antes o después aparecerá alguien que lo prestará; es el mercado, amigos. Si alguien está dispuesto a pagar por acceder a la etiqueta de “poeta”, alguien le venderá el pin. Y en esas estamos, creo yo: lejos de la poesía y de cabeza en la economía del ego.

“… el sobreesfuerzo de las redes se ha orientado más a construir apariencia de verdad desde el exceso de imagen , sobreinformación y estetización” (…) La “autenticidad” remarcada por un hablar en primera persona”.

Remedios Zafra, en “El entusiasmo”.

Las redes sociales son lo que son, y nos ayudan a detectar tendencias sobre por donde mueve la cuestión logística de la poesía si en tu entramado hay mucho y mucha poeta. Uno lee y escucha cosas: por ejemplo,que más allá de la ya consolidada historia de camuflar la honesta autoedición bajo sellos editoriales que ofrecen una etiqueta mientras el autor pague la edición, se encargue de la distribución y de la mayor o menos promoción, surgen nuevas iniciativas “empresariales”. Por ejemplo, quien monta un evento “internacional” en otro país y te invita a asistir, eso sí, siempre que te pagues el viaje, el alojamiento (que oye, está bien si te apetece o hace ilusión) y… una bonita cuota de inscripción. O la joven famosilla a la que se le publica un libro de poemas (o algo) que, en su inocencia, confiesa haber escrito con el apoyo de una coach (mi otro lado profesional vibra ante el brote de un nuevo perfil: “coach de escribir poemas”, empecemos a definir las correspondientes competencias clave). O participar en una antología que exige a cada autor/a seleccionada por el agudo antólogo la compra de un número X de ejemplares… Y viendo todo eso, me pregunto: ¿Qué necesidad tienes de esconder que has autoeditado tu libro? (libros que son referentes como Los versos del capitán de Neruda, fueron autoeditados y tuvieron una tirada inicial más bien escasa. La primera edición de Prosas Profanas, de Darío, constó de apenas 500 ejemplares) ¿Qué necesidad tienes de asistir a un evento “poético internacional” en Rumanía (este era el caso, airadamente comentado en Facebook), que se lleva a cabo si se encuentra un número suficiente de primos, digo poetas, dispuestos a pagar por asistir? ¿Qué necesidad, querida, tienes de publicar un libro “de poemas” bajo tu nombre, que no has escrito tú (En este último caso, que no soy idiota, hay un clarísimo afán de lucro de la editorial, pero, chica, siempre habrá un o una graciosa que a lo largo de los años te recuerde tus “poemas” en el peor momento posible, o que en un arranque de iíocencia dijiste que cometías ¡Oh, Dioses! faltas de ortografía -como ya ha sido subrayado por las y los correspondientes “poetas serios” indignados-).¿Qué interés tienes en pagar por tener un hueco en una antología que será una más de las que se publican cada año sin parar, al menos en territorio peninsular para ser casi automáticamente olvidadas sin una mínima recepción crítica? ¿Qué necesidad hay de todo esto? ¿Y qué tiene que ver con la poesía? ¿No tendrá más que ver esta pequeña industria con el creciente desarrollo de una economía del ego, que adapta las técnicas de eso que llaman “marca personal” (tal vez este viejo blog es también un producto de “marca personal”, por cierto) a las necesidades de aquellas personas que están dispuestas a pagar por que se les considere “poetas”?. Si hay alguien dispuesto a pagar por un servicio, antes o después aparecerá otro alguien que lo prestará; es el mercado, amigos. Y en esas estamos, creo yo: la economía del ego.

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