Islas en la Red

Más de 10 años de poesía en la red

Ruido 2

Seguimos hablando de la neoprecariedad en el mundo de la poesía. Al golpito, despacito, suave suavecito, ay que me pierdo… Quiero decir, todavía no esperen conclusiones, seguimos pensando en voz alta.

De manera contrastada, en las redes convive la disolución de la autoría y los nombres con los fragmentos apropiados y recontextualizados por la circulación extrema, con el esfuerzo para que quede una firma. Porque a menudo lo que vemos de los demás en un magma de producción creativa que circula, es un nombre junto a unas líneas. Como si ante el riesgo de desaparación se redoblara el esfuerzo por resaltar la palabra como título que nos nombra, visibilizarla, harcela circular, en detrimento del pozo (allí donde habita la creación), donde el nombre es sólo etiqueta.

Remedios Zafra en El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital.

Al advenimiento de la las primeras oleadas de Internet primero y de la www después, las redes eran un sitio, como decirlo, voluntario, donde una persona creativa estaba si quería. También podía vivir perfectamente y desarrollar su actividad asomando apenas la nariz a lo que sucedía en ese mundo aún apenas inteligible. Las y los que se metían (nos metíamos) a trastear las posibilidades creativas del nuevo medio éramos frikis o vanguardistas, según el cristal con que se mirase, e incluso cuando tras la crisis de las Punto.com,allá por el 2000, surgió la revolución de los blogs, las cosas eran distintas. A fin de cuentas, un blog venía a ser la versión digital y sencilla de los viejos diarios de autor en algunos casos, o herramientas sencillas para contar con una portavocía de bajo coste y buen efecto para algunos colectivos. Las plataformas de blogs se expandían por la red y aunque había algunas predominantes, también podías (DIY) construir y mantener tu blog fuera de ellas. Alrededor de los blogs se generaban (con suerte, a veces, no siempre) comunidades de intereses, y las conversaciones (quitando la temprana figura del troll) eran entre personas con voluntad de aportar. Para un o una poeta tener un blog no era una tarea extenuante y podía dotarle de un barniz “moderno” en un gremio que siempre ha mirado con sospecha cualquier cosa que requiera ciertos conocimientos técnicos ajenos a la escritura.

Y entonces, en ese contexto poco controlado, surgieron las redes sociales: Facebook y twitter, y de repente estar ahí en esos espacios con sus peculiares reglas del juego se volvió obligatorio. La red, el mar de conversaciones, se centralizó.

Como explicaba hace unos años David de Ugarte, los recién llegados a la red son siempre más que los viejos del lugar. Los valores de conversación y aportación creativa, de respeto habituales en las comunidades no dedicadas al troleo y la provocación, se disolvieron como lluvia en el océano en los nuevos medios que venían a centralizar la conversación, con el aplauso de los medios tradicionales, que ahora ya sabían a donde ir a preguntar, sin necesidad de andar investigando, y que las vinieron a atribuir superpoderes revolucionarios (recuerden las facebookrevolutions de la llamada “prinavera árabe”), los mismos que ahora se les achacan como lanzaderas privilegiadas de mentiras segmentadas y orientadas por profesionales capaces de condicionar los procesos electorales en democracias consolidadas y con una larga tradición.

Pero volvamos a los poetas, que nos perdemos.

Resumimos: la mayor parte de las y los poetas tienen una actividad profesional que les permite comer, si se trata de una profesión cercana al mundo de las letras, se siente un ser privilegiado a pesar de sus cargas. En cuanto a la poesia, basa su posición en el reconocimiento de sus pares y de la “academia”, ese entorno difuso y a la vez muy concreto, que da acceso a poder optar de verdad a premios literarios o a la edición en casas de prestigio. El público es un factor de escaso peso, escaso público, decimos, pero informado, pero,ay, tan escaso… De la poesía no se puede vivir (si entendemos por vivir tener un ingreso períodico, ciertas necesidades básicas cubiertas, poder comprarse un piso…). El o la poeta trata de publicar un libro de poemas cada dos o tres años. Mira con sospecha a quienes publican con una menor periodicidad -percibe en ello falta de rigor-, y si hay que estar más tiempo en silencio, se presenta como parte de la alta exigencia del autor/a en la decantación de su obra. Conque los iniciados se acuerden de ti, basta. Un/a poeta de verdad huye de la celebridad y si un puñado de autores jóvenes aparece en un suplemento dominical protagonizando un reportaje de moda, los mira con estupor, asombro, un punto de asco (y una mijita de envidia, eh). Un poeta participa en eventos (los llama con tono un tanto despreciativo, bolos), trata, en la medida que su trabajo “alimenticio” le deje, de entrar en el circuito de eventos, congresos, festuvales… no es que se pague mucho, a veces no se paga nada, y leer en público se asume -salvo excepciones- como un sufrir que hay que pasar, aunque se haga ante diez personas, pero conviene mantener cierta presencia, para conocer gente que le permita acceder a las antologías, que son los únicos libros con cierta difusión, y que te posicionan. Si de cuando en vez salta a algún evento internacional -particularmente en Latinoamérica- ya estaba en primera división.

La relación con sus contemporáneos la hemos contado en otra parte, pero, resumiendo: de algún modo u otro el poeta se (o se le) vincula a una escuela o grupo o tendencia, que se enfrenta por el escaso reconocimiento y por posicionarse en el centro del canon contemporáneo, con otras. Los debates entre tendencias son tan apasionantes como poco seguidos fuera del reducido espacio de las pocas publicaciones literarias con cierta influencia. La llegada de internet y lo blogs generó un nuevo espacio para el debate ( o la bronca) entre poetas. Todo muy serio.

Y así estaba la cosa, en un estado que podríamos definir como de “pacífica precariedad” hasta el estampido de las redes, del que brotan figuras como los tuiteros, los influencers, los cazadores de tendencias, la denuncia de la asentada “economia del premio” y… detrás de ellas alguna editorial de fuera del “mercado poético habitual” olfateando algo (tampoco como para volverse loco, peor algo) de dinero.

Seguiremos…

«Ruido 2» recibió 0 desde que se publicó el 9 julio, 2018 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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