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¿Retrato de la poesía adolescente?

Yo no quería entrar a hablar del reciente fenómeno fan surgido alrededor de ciertos poetas,consciente de que meterme en esa finca solo me traería disgustos, en un tiempo en el que el éxito “popular” lo justifica todo, en el que cualquier ejercicio crítico por muy razonado que sea va a ser tachado de inmediato de fruto de la envidia, y en el que, como un agudo guionista puso en boca de una serie dirigida al público adolescente como Glee “ser anónimo es peor que ser pobre”, pero el atrevimiento de Juan Bonilla en su artículo “De repente unos poetas“, me ha dado un empujón, obligándome a pensar, y escribir es una manera de pensar que te exige cierto rigor más allá de lo primero que te viene a la cabeza. Tal vez sea la mejor manera de pensar, por tanto.

Antes que nada, para evitar repeticiones innecesarias, lean el artículo de Bonilla que empuja esta entrada. Allí van a encontrar referencias a poetas como Marwan, Irene X, Defreds…, Paseen por los enlaces, por las citas que recoge Binilla, saquen sus propias conclusiones, las cartas sobre la mesa.

Y ahora les comentaré mis propias sensaciones: todos estos autores (y alguna autora) son jóvenes, como se es joven en la España actual, esto es: son menores de 35 años, no hablamos de quinceañeros. Criados y habilidosos (ellos o su entorno) en el manejo de las redes sociales y, especialmente, de youtube, se manejan con soltura en el universo transmedia. Son un fenómeno más pop que literario, más de bares con actuación a las once de la noche que de librería con sala de presentaciones a las nueve, para entendernos. Cabe decir que parecen actuar (y esto es, de algún modo, refrescante) como si no existiese una tradición de escritura poética o simplemente cultural, antes de ellos. Ni la mencionan ni parece que piensen que sirve para nada, ni, hay que decirlo, se les nota. No parecen interesados en que los círculos literarios establecidos o el circuito de escritores y lectores de poesía digamos “veterano” o “reconocido”, les preste atención. Se las suda.

Estrategias de “marca personal” aparte, la cuestión es, como siempre, el resultado, y si nos centramos en el resultado (los poemas, porque los poemas son el resultado, digo yo, no la sala abarrotada o los ingresos obtenidos, en poesía el resultado es el poema todo lo demás es, como decía un viejo político canario “mucho chau chau”) lo que nos encontramos es poesía adolescente y para adolescentes, que no asume ni rigor formal, ni riesgo rupturista (que a veces encuentras en algunos MC’s, por cierto). Asumiendo que actualmente poesía en cuanto a género o “sector”, siguiendo a Eagleton, es todo aquello que se emite y se acepta y recibe como tal, no diré yo que lo que estos autores hacen no sea poesía, pero sí puedo decir que es una poesía basada fundamentalmente en la simpleza formal más básica y en el sentimentalismo más rancio, mas antiguo y, por tanto, más efectivo: el que lleva alimentando juveniles canciones de amor desde, al menos, los años sesenta. De ahí mi impresión de que se trata de poesía adolescente que se sitúa en los territorios de las Rimas de Becquer y en los 20 poemas de amor de Neruda, salvando las distancias que, hay que decirlo, son siderales.

En este sentido, no puedo evitar verlos como los nietos (sí, sí, los nietos, que los años pasan) de aquel movimiento que surgió en los años 80 del siglo pasado y que se fue convirtiendo en hegemónico de la llamada “poesía de la experiencia”, que, malparafraseando a Machado clamaban por una “Nueva sentimentalidad” cercana “a las personas normales”, y que acabó cayendo en el más viejo sentimentalismo.

Y, OK, está bien la poesía adolescente, salvo por la impresión que tengo de que la adolescencia, período de transición por definición entre el niño o la niña y la persona joven adulta, se ha convertido -por razones económicas, pero no sólo económicas- en una especie de situación de “estasis” para muchos jóvenes, y, como decirlo: hay cosas que está estupendo y tiene su gracia leerlas entre los catorce y los dieciséis años, pero si sigues con la misma a los veintiséis o a los treinta y cinco (edad tope para que te sigan considerando joven las autoridades) igual es que hay un problema de madurez del gusto, o de madurez a secas.

En todo caso es posible que toda esta oleada, por así decirlo, poética a la que Juan Bonilla ha dedicado su muy interesante artículo, se disuelva en nada en el eter digital, como un mensaje en snapchat, la última aplicación de referencia que ofrece a las comunicaciones humanas como gran ventaja competitiva que nada dura y nada queda más allá de unos diez segundos.

«¿Retrato de la poesía adolescente?» recibió 5 desde que se publicó el 17 octubre, 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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  1. […] Dados estos ambientes o entornos virtuales, y dadas las necesidades líricas, históricas y humanas, demasiado humanas, el surgimiento de una poesía memética es perfectamente comprensible en la actualidad. Y también será comprensible la baja calidad de esa poesía, si fuera el caso que se la quiera juzgar en términos estrictamente literarios (como aquí, o como aquí). […]

  2. […] vez, como reacción ante la ola de lo que en otra entrada  llamamos, siguiendo a Germán Machado, poesía memética dirigida a un público postadolescente. Una manera de marcar la […]

  3. […] como profesor de lengua y literatura española a adolescentes en un instituto, de lo que hablé en la entrada anterior. Y la entiendo y la suscribo en lo que a la libertad de opción se refiere (aunque para poder optar […]

  4. […] que esta especie de fenomenillo social no diera más de sí. Hace un tiempo acá hablamos de la poesía postadolscente o, memética, como siguiendo a Germán Machado, dimos en nombrarla en aquella conversación a tres […]

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