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La poesía vista desde el espacio

La poesía vista desde el espacio, nos dice David Eloy Rodríguez, se ve chiquitita. Y cabría decir que desde aquí, desde la Tierra, a puro nivel del mar, también se ve chiquitita, casi de tan pequeña no se ve. Pero eso no es un problema de la poesía, sino de nuestro conocimiento y nuestros sentidos. Desde hace muy poco sabemos que somos continuamente atravesados por partículas subatómicas procedentes del espacio exterior, los neutrinos, con una masa que se estima en una millonésima de la masa de un átomo de hidrógeno. Que sean tan tan pequeños que no los veamos ni los sintamos no significa que no existan. Así la poesía, que tambien invisible, nos atraviesa sin darnos cuenta. Tal vez podría decirse que la poesía es también una partícula subatómica, o una especie de virus que genera un efecto o una propiedad, algo que surge o se pega a ciertos objetos, a ciertos movimientos, a ciertos sonidos, y a veces a ciertas construcciones verbales que hemos dado en llamar poemas. Una partícula cuya definición sigue siendo un esfuerzo, un algo por conseguir si es que alguna vez lo logramos. El arte del poeta, y del lector-detector de poesía, es tomar conciencia de esos momentos en que la partícula poesía nos atraviesa, y tratar de descubrir/descifrar las señales microscópicas que nos deja.

No importa que la poesía se vea pequeñita, ya desde el espacio o a ras de suelo. En poesía sí que es verdad que el tamaño no importa: un virus puede tumbar a un elefante. Se encuentra frecuentemente con mayor abundancia en libros breves, difíciles de detectar en las estanterías, como es “La poesía vista desde el espacio”, que en los fornidos tomos de pretenciosas obras completas, o en antologías tan omnicomprensivas, que nada comprenden o ayudan a comprender.

Sea la poesía chiquitita y celebremoslo con David Eloy Rodríguez.


“La poesia vista desde el espacio”
es un libro sobre la poesía y los y las poetas. Sobre qué sea aquella, buscando y señalando pistas que quedan vibrando como aforismos en medio de los poemas (“La poesía s una forma de insensibilidad a la anestesia”, “la poesía s una forma de honradez con lo real”,  “fidelidad esencial a lo incierto”, “Un poema lo es / si parece hijo de nadie / y sabe a sangre propia”, “la poesia es el lenguaje / en estado de excepción”, “arte frágil e invencible”...). Pistas, por tanto aproximaciones desde la asunción de que tratamos de describir/definir algo que no sabemos qué es, de donde brota, porqué nos estremece.

Y sobre los poetas, dije: sobre el gremio en sentido amplio, y sobre la más próxima comunidad de poetas con quienes David Eloy siente una cercanía propia de la hermandad. Sus retos, sus desazones, sus peligros: “No puedo nombrar / lo que más necesito nombrar”, “No soy un notario / No soy una impresora”.  Solidaridad ante el reto común, poca paciencia ante la impostura.

Tal vez un libro de poemas que gira alrededor de la poesía y los poetas pueda sonar autoreferencial, o un tanto ombliguista; no es el caso. En “La poesía vista desde el espacio” nos encontramos a un poeta haciéndose y compartiendo preguntas sobre la materia prima con la que trabaja y sobre su oficio, el oficio de poeta. Esas preguntas lo son, inevitablemente, sobre el lenguaje, y el lenguaje, su vitalidad, su decadencia, su cercanía y capacidad para expresar lo real y aquello que va más allá, ya que sabemos, con Agustín García Calvo, que “la Realidad -así en mayúsculas, me atrevo a apostillar- no es todo lo que hay“, nos constituye como seres humanos, y es tarea del poeta, como nos recuerda Cecilia Meireles, “Dizer com claridade o que existe em segredo”. Lo que existe en secreto es tan, tan importante…

De oficio hablábamos, y no puedo, para terminar, dejar de reproducir aquí un poema central de “La poesía vista desde el espacio“:  “Oficio” se titula, precisamente.

OFICIO

I

Poeta: palabra pequeña e inmensa.
Herencia y responsabilidad.

Ser poeta es ser humilde,
ser poeta, en cierto sentido,
es no querer ser poeta.

Poeta, título nobiliario de las hormigas,
palabra a veces tan inflada,
a veces tan tumultuosa,
a veces tan limpia
como el corazón de un dios perfecto.

Hay demasiada poesía decorativa.
Hay demasiada poesía de conservatorio.
Hay demasiada poesía de confabulario.

Hay poetas que se perdieron en el mal de altura,
o baleados por la plata, o asfixiados
por el protocolo, o vencidos
por el deterioro, la enfermedad o la muerte.

Hay poetas que son reprimidos
o asesinados por quienes temen su verdad.

Hay poetas en permanente
estado de gracia.

Hay poetas a quienes dejó
de interesarles el asunto.

Hay poetas encallados
en su propia retórica,
en su propia repetición.

Hay poetas sin poesía.
Hay poesía sin poetas.

Hay demasiada poesía de confesionario.
Hay demasiada poesía de concesionario.

Hay tontos banales
que necesitan llamar la atención
de esa maneras,
hay pomposas patrañas huecas.

Poeta es aquel que honra al lenguaje.
Poeta es aquel que está aprendiendo siempre.

II

Cada palabra, cada gesto altera el mundo, lo construye
y lo cambia, afirma o resiste.

Una metáfora es el comienzo de un mundo.

Cada palabra, cada gesto convoca nuevas palabras,
nuevos gestos.

III

El juego nos enseña a entender la libertad.

Quizás todo poeta es, antes que nada y sobre todo, un
explorador.

Arrojarse a la vida, saber a qué sabe.

«La poesía vista desde el espacio» recibió 0 desde que se publicó el 26 Septiembre, 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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