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La poesía no es una vocación, es un veredicto

Con esta cita de Leonard Cohen se abre casi la entrevista que Antonio Jiménez Paz realiza a David Eloy Rodríguez en la Revista de Letras.  Me trajo a la cabeza algo que sobre él y su compañero de aventuras José María Gómez Valero, me dijo una vez Quique Falcón: que ambos eran lo más cercano a la visión del poeta  como alguien verdaderamente transfigurado por la poesía,  personas que no viven de, para, o por, sino EN la poesía.

La entrevista a David es una lectura de verdad estimulante. Antonio nos acerca a un poeta que vive y transmite su entusiasmo sincero por el poder revelador, desvelador y emocionador (perdonen el palabro) de la poesía.

La poesía incide, perdura, se extiende: se busca la vida desde siempre. Su estado permanente es la crisis: ser crisis, ponernos en crisis. El poeta descifra una escritura por venir tratando de ponerle nombres a las cosas. La poesía ejerce la resistencia de la dignidad de la palabra precisa, la palabra libre.

La poesía, pienso, comunica siempre (no una información, sino una aventura del conocimiento, el resultado de un proceso que es consecuencia del deseo de expresar), el poema es un hecho comunicativo (lo deseara o no el autor, digamos, comunique mejor o peor unas u otras cosas), y hay muchas formas de comunicación. Lejos de mi intención prescribir recetas en un ámbito tan diverso y continuamente abierto a la creación. Estoy con Juan Larrea cuando escribe “Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, / poema / es esto / y esto / y esto”. Como lector, por supuesto, cada cual decide qué le parece interesante y qué, por el contrario, no.
….

La práctica de la poesía, nos cuentan los antropólogos, es universal: se da en todos los pueblos de la tierra, de una forma u otra: dicha, escrita, cantada, bailada… La poesía es un caso del lenguaje, un uso concreto, especial. El lenguaje está ahí, disponible, usado por todos constantemente, en ocasiones de forma muy creativa. ¿Por qué no intentar el poema? La poesía puede ayudarnos a vivir, aportarnos cosas decisivas, ¿por qué va a ser privilegio de unos pocos? Sería una lástima perdérnosla, no escuchar lo que tenga que decirnos… Leer y comprender la poesía lleva a admirarse de un patrimonio ingente de sabidurías, de sensaciones, que si entendemos y nos conmueven (por mucho que hayan pasado los siglos, si fuera el caso) es porque no nos resultan ajenas: desde el lenguaje vienen a convocarnos y a afectar nuestro cuerpo, nuestra vida. Cuando se escribe, cada cual puede intentar convertir su memoria, sus experiencias, sus deseos, sus propias sabidurías y sensaciones, en palabras precisas, vivas, duraderas, para compartirlas con la comunidad. Escribió René Char: “el poeta, conservador de los infinitos rostros de lo viviente”. Que a cada cual le sirva para lo que le sirva (desahogo, autoconocimiento, interrogación y comprensión del mundo, diversión…). No todo el que pinta, por ejemplo, puede, ni quiere, ni necesita, lo mismo en su relación con la pintura, pero sí que todos pueden encontrar momentos de revelación, hallazgos, en sus horas dedicadas a buscar, a ensayar, a practicar, a jugar…

La poesía está siempre ahí, encontrando sus espacios y sus modos de hallar cómplices, de tender puentes, atravesando los años y los siglos. Leemos a Heráclito, a Li Po, a Jorge Manrique, a Juan de Yepes, a Rimbaud, a Antonio Machado, a Federico, a Juan Ramón, a Cernuda, a Larrea, a Vallejo, a Ramón, a Emily Dickinson, a Rilke, a Pessoa, a Juarroz, a Alejandra Pizarnik, a Huidobro, a Borges, a Alfonsina Storni, a Jaime Sabines, a Gonzalo Rojas, a Bukowski, a Ángel González, a Claudio Rodríguez, a Gil de Biedma, a Brossa, a René Char, a Gloria Fuertes, a Sophia de Mello, a Antidio Cabal, a Miguel Ángel Velasco, a Ory, a Agustín García Calvo, a tantas y tantos, por decirte solo, al caprichoso vuelo rápido de la memoria, algunos poetas ya fallecidos, y bien distintos entre sí… y sus versos siguen recién escritos y universales, y siguen encontrando quien los lea o relea, o repita de memoria, con gratitud, conmovido, aquí y allá, y así sucederá mientras la humanidad perviva. Siempre ha habido gente conectada a la poesía, esperándola, sintiéndola, recordándola, usándola en sus vidas. Necesitamos, como especie, la poesía, esas pocas palabras verdaderas, palabra en el tiempo. La industria cultural es otra cosa distinta, tan solo un episodio en la historia de la poesía.

y para cerrar esta entrada, la magnífica noticia de la concesión del premio Andalucía sobe migraciones a David Eloy, José María y el artista plástico Patricio Hidalgo. Felicidades.

«La poesía no es una vocación, es un veredicto» recibió 1 desde que se publicó el 27 septiembre, 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. joe dice:

    Pasion que se padece

    La palabra que aún…

    Aún no sé leer y ya,
    me obliga ha escribir.

    ¿Quien?

    La palabra que aún no sé decir,
    que no veo,
    pero toco su borde
    ;
    el temblor,
    la grieta,
    que
    me
    provoca,
    su ,
    inacabada matria.

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