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La mirada del visitante

Visiten la ATL GA de Carlos Bruno, utilicen sus propios ojos, a veces en la superficie está justo aquello que nos quieren esconder.

Una de las fantasías más tópicas del nacionalismo tiene por base algo que podríamos llamar lo intransferible. “Tú no puedes entender esto porque no eres de aquí”, o “es que esto es un sentimiento y los sentimientos no se pueden explicar”. La verdad es que la vida de los seres humanos, en su infinita diversidad, se parece bastante en los diferentes puntos del planeta, porque todas y todos estamos marcados por las mismas señales: el apego a la vida y a quienes nos las dieron, el ineludible hecho de la muerte, las experiencias del amor, de placer y sufrimiento, el miedo al hambre y al dolor. Todas y todos (casi, tal vez) vivimos además en sistemas económicos basados en su estructura fundamental, en diferentes formas y niveles de explotación. Poco es lo que una persona de una cultura no puede transmitir a otra -el ser humano es fundamentalmente empático- si se cuenta con un idioma compartido (ya sea la lengua materna común, o una adquirida precisamente para eso, para comunicarnos con los otros, los que están más allá de nuestra comunidad lingüística de origen). La mayor parte de lo que se nos dice que no podemos entender de otra cultura u otra sociedad tiene una raíz política más o menos enrevesada, más o menos atravesada por acontecimientos históricos, y tiene que ver con formas de expresión del conflicto o con modelos de dominación que se nos dice que los fuereños no podemos entender, precisamente porque salta a la vista que los entendemos. Claro que entender no significa gustar, ni compartir. A veces, precisamente,para ver las cosas claras, es necesaria la mirada descargada de memoriales de agravio del visitante. Porque puede que esa mirada nos desnude.

Atlanta, Georgia, es una ciudad de alrededor de medio millón de habitantes, y su área metropolitana con cerca de cinco millones y medios de habitantes, es la novena zona de ese tipo más poblada de los Estados Unidos.Podríamos decir que es una gran cuidad pequeña, si la comparamos con las grandes megalópolis mundiales. Es una ciudad conocida por su famoso incendio durante la guerra de Secesión que es uno de los momentos culminantes de “Lo que el viento se llevó”, y por ser la sede central de grandes multinacionales, como Coca Cola, AT & T, CNN, etc. También es, curiosamente dada su condición de capital de uno de los viejos estados del Sur, una ciudad gobernada por una alcaldesa afromericana, aunque cabría recordar que Atlanta tuvo un fuerte protagonismo, para bien y para mal, en el movimiento de los derechos civiles desde sus comienzos, y ya en 1973 fue la primera gran ciudad del sur en contar con un alcalde afromericano.

Ah, se me olvidaba un detalle interesante, su aeropueto, el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson, es el más transitado del mundo. Un cruce de caminos. Una invitación.

Una invitación de una de las metrópolis estándar del capitalismo mundial a la que accede el poeta isleño Carlos Bruno, residente en la pequeña ciudad de La Laguna en las muy periféricas Islas Canarias, y desde su visita construye un libro de poemas de una enorme potencia: ATL GA, publicado recientemente por Baile del Sol.

Si alguien se pregunta como se puede ser vanguardista en poesía a estas alturas de siglo XXI, cuando casi celebramos el centenario del advenimiento de lo que, de hecho, llamamos con un cierto oxímoron “Vanguardias históricas”, sin caer en la tontada pretendidamente epatante, tiene todo un curso de acción en ATL GA.

Para empezar, se trata de un poemario intencionadamente bilingüe, o más que bilingüe, una obra en la que dos idiomas se atraviesan y se interpelan, a veces cruzando dos versos en inglés en medio de un poema escrito en su mayor parte en español, y en otras traduciendose casi simultaneamente, actuando cada versión del poema en reflejo de la otra. No se trata de un ejercicio de autotraducción, sino de un choque deliberado del que el poeta quiere destacar las chispas que esa fricción genera.

Para seguir, el libro opera desde lo actual. La ciudad que protagoniza ATL GA parace casi como ese tipo de escenarios “no lugar” que son los aeropuertos o los grandes centros comerciales, iguales unos a otros, postfronterizos, podríamos decir. Como escenario, la ATL de Carlos podria ser intercambiable por cualquier otra ciudad norteamericana, o por los suburbios y centros comerciales de las periferias urbanas en todo el mundo. Las gotas de identidad, las señales que nos pueden indicar donde estamos son versos de viejas canciones, blues, tradicional americano, soul estándar… y en particular en su parte séptima, las letras que intepretó una leyenda del blues y el jazz de los años 20 y 30, Bessie Smith. Esa parte la titula Carlos “Subterranean”, y estando ubicada casi en el centro de esta extensa obra, apunta, precisamente, a lo que no se ve a simple vista, aquello en lo que el visitante ocasional debe, por escondido, fijarse con mayor atención, y los blues de Bessie ejercen de guía:

Arcos que surcan la tierra
escalera abajo.
Under ground.
Encontrarás el aire rancio,
el cobijo de los inmortales,
los rostros de procedencias,
el refugio de aquellos que a las entrañas
se acogen.

Bessie sang to me:
Nobody knows you when you’re down and out

Más, ATL GA está compuesto por trece partes (más los poemas de inicio y término). Cada parte viene determinada, desde mi punto de vista, por algo muy interesante: la utilización de técnicas de composición diferente: desde el collage, al haiku, los poemas espejo hispano-inglés, pasando por breves, como decirlo “tomas del natural” en una afilada prosa, que muestran una extrema habilidad. Lo que unifica este conjunto de trece piezas es una sensación general que atraviesa la obra completa, a mi parecer: el dolor de la ausencia irremediable, la sensación íntima de vacío en un entorno lleno de cosas: de pasillos, de mobiliario urbano, de otras personas con las que el simple cruce de una mirada parece imposible. ATL GA, que puede ser cualquiera de nuestras modernas ciudades, es un territorio inhóspito, más aún que aquella sucia y pujante Nueva York de los años 30 que estremeció a Lorca, porque en estas nuevas “ciudades inteligentes” del comienzo del siglo XXI, tan limpias e higiénicas, tan llenas de pantallas y mensajes omnipresentes, hasta las bacterias lo tienen difícil para tener una vida que vaya más allá de la supervivencia (más o menos confortable según los casos) del día a día. La experiencia urbana del siglo XXI atravesando nuestra realidad humana por encima de las fronteras y las banderas.

Visiten la ATL GA de Carlos Bruno, utilicen sus propios ojos, a veces en la superficie está justo aquello que nos quieren esconder.

if you talk to me si me hablaras
about the coming days de los días que llegan
i would forget you te olvidaría
because i have strength just pues tengo las fueras justas
to breath with you para respirar junto a ti.

«La mirada del visitante» recibió 0 desde que se publicó el 25 febrero, 2018 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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