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Hablando de poesía memética

El amigo Marcos Taracido ofrece una perspectiva diferente, desde su experiencia como profesor de lengua y literatura española a adolescentes en un instituto, de lo que hablé en la entrada anterior. Y la entiendo y la suscribo en lo que a la libertad de opción se refiere (aunque para poder optar libremente hay que conocer, y en esa tarea se deja la piel Marcos, por cierto). Igual que hay una narrativa adolescente que puede empujar a consolidar el hábito de la lectura, podría existir una poesía que cumpliese la misma función, aunque tengo mis dudas de que un mal poema anime a nada, pero para mí la cuestión no está ahí sino en la extensión de la adolescencia y de los gustos y actitudes adolescentes más allá de la edad que habitualmente considerábamos para delimitarla. Esa es la cuestión, y lo de esta poesía de “cierta moda”, es solo un síntoma minúsculo de un fenómeno que tiene otros bastante más preocupantes.

Y Germán Machado aporta también su visión (con la que coincido fundamentalmente) en “El año en el que la poesía se vendió. Poesía memética para adolescentes“. Me quedo con este párrafo, que me parece revelador:

Pero el argumento de Marcos Taracido, al final, manifiesta escepticismo respecto de la tarea de formar gustos literarios autónomos. Su discurso me suena a retirada. Y conste, sé que Marcos hizo y hace (y seguramente hará, como tantos otros) mucho a favor del desarrollo de un gusto literario autónomo entre las nuevas generaciones. El tema es que todo lo que se hace (que para algunos es mucho, y supone un gran esfuerzo personal) parece poco a la hora de enfrentarse con las conclusiones a las que uno arriba cuando considera la máxima de Sánchez Ferlosio: “…primero llega la Fealdad, luego la Estupidez y finalmente la Maldad”. Todo lo que se hace parece poco cuando percibimos que ese camino que arranca en la fealdad, mal que nos pese, a esta altura, resulta un camino ascendente y en espiral, y no tiene nada que ver con el salto desde un poema cursi a un poema de Quevedo, de Pessoa, de Auden o de quien te guste a vos.

Me encantan estas dos visiones de dos escritores que son también, en un caso profesor, y en el otro recién (y espero que muy exitoso) librero. Ambos cercanos por sus respectivas posiciones al público juvenil. La cuestión es, insisto, en que quienes llenan los pubs/bares culturetas y demás a las once de la noche para escuchar a los autores de esa poesía memética, como tan agudamente la denomina Germán, no creo que sean quinceañeros o quinceañeras. Ya había secciones de poesía en revistas clásicas para el gusto adolescente como Super Pop, cuando yo lo era. El problema es seguir en el mundo Super Pop o “Nacida inocente”, cuando ya tienes veinticinco. Eso es lo que me desazona (un poquillo, más bien nada, eh) de esta historia.

Y lo que más me gusta es volver a cruzar conversación aquí con estos dos viejos blogueros, que, permitanme la broma, como los viejos roqueros, nunca mueren.

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  1. […] social no diera más de sí. Hace un tiempo acá hablamos de la poesía postadolscente o, memética, como siguiendo a Germán Machado, dimos en nombrarla en aquella conversación a tres voces con […]

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