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EXPERIENCIA BUTOH

Unas notas sobre EXPERIENCIA BUTOH, de Daniela Camacho, un libro de poemas que te retan y te cuestionan, esto es, se vuelven imprescindibles.

Desde que Archibald McLeish dejara en su ars poética la máxima “Un poema no debería significar / sino ser”, el reto quedó explícito para quienes vinieran detrás, y no es fácil. Por decirlo de una manera menos categórica, un poema no debería representar un hecho, un gesto o una experiencia, sino ser un hecho, un gesto, una experiencia. Pero hay, claro está, experiencias más fáciles de ser que otras, una de las que se me ocurre muy difícil para un poema o un conjunto de ellos es ser una Experiencia Butoh.

Butoh, la danza que consiste en una serie de micromovimientos, o de movimientos realizados con una lentitud extrema, con el objetivo de que la mente se mueva más y más libre: una disciplina radical del cuerpo para liberar la potencia de la mente. Una forma de danza que surge del trauma del dolor inexpresable de la guerra y sus secuelas, o, al menos desde la perspectiva de su creador, Tatsumi Hijikata, no expresable en las viejas formas, tratando de responder en el ámbito de la danza a la famosa frase de Adorno sobre la imposibilidad de la poesía que no fuera un acto de barbarie después de Auschwitz (o de Horishima). Hijikata y el resto de creadores de butoh, en su arte, parecen contestar que sí, que es posible, pero que habrá de ser diferente, que la búsqueda de una belleza puramente formal no se justifica por sí sola, que hay más fuerza expresiva en la fealdad honesta que nos pone ante el espejo de nuestros dolores más íntimos. Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata se lanzaron a la búsqueda de un “nuevo cuerpo”, surgido de los restos de las deflagraciones nucleares: Butoh, la danza de la oscuridad.

Danza que surge de la presencia ineludible del dolor, de un dolor de física raiz, que nos impone la presencia del cuerpo – propio y ajenos- territorios sin gobierno, con su propia autónoma fragilidad y sus escondidos rencores que van brotando como sarpullos inconsolables. Y Daniela Camacho construyendo poemas con gestos imperceptibles pero definitivos, como cuando el poema dice “El cuerpo es un acantilado”. O cuando expresa la prohibición del color en una de las piezas Butoh con una imagen tan poderosa como esta: “Cuando el ciego despierta / ha comenzado / a nacer la oscuridad”. Camacho construye la experiencia de lenguaje tratando de acercarse a la raiz misma de la danza que danza lo más oscuro. De este modo sus poemas, aunque el lector carezca o se acerque por primera vez a las referencias que les sirven de punto de partida, golpean, rasgan, hieren. Si como dice uno de sus poemas “Mïstica butoh: la danza es un don del cuerpo”, la poesía es un don del lenguaje, y el lenguaje es nuestra piel íntima y social a la vez, esta piel golpeada, rasgada, herida, trata de moverse más allá.

Cuando uno compara poemarios como “Experiencia Butoh” de la autora mexicana Daniela Camacho, con lo que se aplaude, corea y festeja en esta orilla de la poesía en castellano, no podemos evitar un suspiro, un movimiento impercetible del pecho, casi un movimiento butoh, de desasosiego y un punto de envidia. Por fortuna, proyectos como la colección ONCE nos permiten saltar a otras costas y disfrutar del espíritu investigador y experimental que buena parte de las voces más interesantes de latinoamérica y el Caribe se niegan a rendir o negociar. Mucha atención.

TRES POEMAS DE EXPERIENCIA BUTOH

(Paréntesis del miedo)

1.1 El cuerpo humano aprende movimientos desesperados cuando sospecha que alguien abre un hueco en la tierra. Se deja lamer, por ejemplo, se decora la boca con piedras. Es una escena desoladora porque se le puede oir suplicando.

a) babea para marcar su camino
b) se echa en la hierba como un animal doloroso
c) resopla se tambalea
d) se frota se frota

1.2. Un cuerpo desprotegido se deja caer sobre el asfalto. No denuncia al niño que se atraganta de leche entre los pechos de la madre que duerme a su lado.

1.3. El el bosque, el masculino estrella su cuerpo contra un árbol.

1.4. El femenino busca con los ojos el reverso de sus párpados.

1.5. El cuerpo es un acantilado.

1.6. Se desintegra porque está siendo observado desde todos los ángulos.

1.7. Con la virtud del fantasma, puede oir el sonido de ramas creciendo en el árbol. Miles de ramas. Simultáneamente. Puede hablar con el aire. O como la niebla, la bruma, transformarse.

1.8. Extensión del sistema nervioso en los cabellos que la nevada moja. Llévame al fin del mundo.

1.9. Queda el movimiento desesperado de los cuerpos después de los cuerpos.

2.0. La frustración y el furor, eso queda.

Sepultado en la nieve
como en la madre
que se adelanta

como gota de semen
preservada en agua de rosas.

ix

Los cuerpos se perturban, se violentan, son incómodos. Un cuerpo siempre está planeando su escapada.

«EXPERIENCIA BUTOH» recibió 0 desde que se publicó el 6 mayo, 2018 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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