Islas en la Red

Más de 10 años de poesía en la red

Grupo de Cooperativas de las Indias

En la ciudad digital

Bueno, pues aquí está.

Se trata de un, no sé si ensayo, que parte de varios entradas de este blog que he hecho girar alrededor del clásico “El poeta en la ciudad” de Auden. Cuelgo aquí la introducción.Para leer el texto completo pulsen en la portada. Y ya contarán.Que de eso se trata, de animar la conversación.

Siempre me ha llamado la atención la capacidad de los intelectuales anglosajones para desbrozar todo tipo de frondas teóricas en casi todos lo terrenos, y de hacerlo, además, con sentido del humor, huyendo de la verborragia y de los discursos en jergas crípticas y autoreferenciales. ¿Se imaginan ustedes a alguno de nuestros cátedros en cualquier facultad de filología española, hablando como el ilustre crítico británico Terry Eagleton, de su tarea con el siguiente desparpajo?

Los críticos académicos vivimos en un permanente estado de terror, temiendo el día en que algún funcionario menor de una oficina estatal, perezosamente repasando un documento, se tropiece con la embarazosa evidencia de que en realidad se nos paga por leer poemas y novelas. Esto resultaría tan escandaloso como recibir un salario por tomar el sol o por tener relaciones sexuales.

Pero no se trata sólo de que se nos pague por leer libros. Lo inaudito es que se nos paga por leer libros sobre personas que nunca han existido o sobre hechos que nunca han tenido lugar. En la vida común hablar de gente imaginaria como si fuese real se le denomina psicosis; en las universidades se le llama crítica literaria”.

Incluso en un territorio de egos explosivos, como suele ser el de la poesía, uno puede encontrar esta sana actitud desmitificadora. Ya sé que hay a quien no les cae bien W.H. Auden, considerándolo un poeta chato, y, por así decirlo cantor de una vida “de clase media”. Reconozco que Auden en la mayor parte de su obra poética me deja algo frío, pero el ensayista, el crítico, me parece una de las lenguas más sanamente afiladas que han escrito sobre poesía en el pasado siglo. Hace ya unos años me encontré con su célebre ensayo“El poeta en la ciudad”, dentro de un libro titulado“La mano del teñidor” (2), que recogía en español buena parte de su obra de reflexión sobre la poesía. Me llamó la atención ese ensayo, porque escuchaba por primera vez a un poeta hablando “de las cosas de comer” de los poetas: de qué viven o sobreviven, cómo se relacionan con su entorno cotidiano, el porqué la poesía había dejado de ser un arte de referencia para la sociedad y su pérdida de contacto con las fuerzas que la transforman. Recientemente el poeta Jordi Doce, en el contexto de la edición de la obra poética completa de Auden(3) volvió a traducir este ensayo y, años más tarde, todo lo que cuenta el poeta, con su distanciado sentido del humor me siguió resultando vigente. Creo que cualquier poeta se puede sentir retratado en buena parte en el siguiente fragmento:

“Hoy la pregunta “¿A qué se dedica usted?” significa “¿Cómo se gana usted la vida?” En mi pasaporte aparezco como “Escritor”; esto no me causa molestias con las autoridades porque los funcionarios de inmigración y aduanas saben que cierto tipo de escritores hacen mucho dinero. Pero si un desconocido me pregunta en el tren mi ocupación, jamás respondo “escritor”, por temor a que continúe preguntándome sobre la naturaleza de lo que escribo. Responderle “poeta” nos incomodaría a ambos, y ya que sabemos que nadie puede ganarse la vida escribiendo únicamente poesía. (Hasta ahora la mejor respuesta que encontré, conveniente porque mata la curiosidad, es historiador medieval).”

Auden hablaba en “El poeta y la ciudad”, de la posición del poeta en la ciudad industrial, comercial, vértice de la sociedad capitalista, y creo que en los últimos años estamos viviendo un proceso de cambio que puede animar a revisar los comentarios del poeta desde la perspectiva de un nuevo escenario para la vida diaria del poeta: la ciudad digital, con sus nuevas exigencias, dependencias y manías. Salvando las distancias es lo que voy a tratar de hacer a continuación, partiendo de fenómenos que he ido observando desde mi blog (una de las nuevas “dependencias” del poeta) Islas en la Red, en los últimos años, en relación con la poesía española. Cabría tal vez considerar lo que sigue como una continuación de mi “Poesía en tiempo de redes”(4) desde una perspectiva quizás menos entusiasta y más crítica, aunque no exenta de ciertas esperanzas.

«En la ciudad digital» recibió 8 desde que se publicó el 9 abril, 2011 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. germán dice:

    Ahí va, que le pregunten a Urondo, a Walsh, a Santoro, a Conti a ver si es cierto que los poetas no entran en los planes de nadie. Daniel, he leído todos los artículos que recopilas en el libro, pero qué bueno repasarlos así, juntos, en un PDF. Es como que reordenan la lectura y exigen repensar todo de nuevo. Buenísimo. Enhorabuena por tu iniciativa.

  2. Hombre, yo sé que no era la idea de Boccanera en ese poema (que creo recordar que es de antes de que empezara la gran ola de matanzas en Argentina)hacer de menos a los poetas, vivos muertos o matados… es simplemente un verso, que suena bien, y suena a “como libre” por así decirlo, pero a veces tras los versos mejor intencionados habita una mentira o un error de bulto…gajes de este oficio. Un abrazo, germán.

  3. Interesante artículo. Creo que dices cosas que mucha gente sabe o intuye, de manera más o menos consciente, pero que nunca se dice en/sobre el mundillo (nunca fue más apropiado un diminutivo) literario. Ya sabes, hay que guardar las formas, pues comemos de la misma tarta y participamos en la misma fiesta, etc.

    Me ha dado mucha tranquilidad leer tu texto porque responde a muchas de las inquietudes que me planteo desde hace mucho años.

    Sólo una discrepancia: No estoy muy seguro de que haya muerto el público. En una lectura tú sientes al público presente, lo oyes y lo percibes, si estás atento, participar o pasar de lo que dices aunque se mantenga en silencio. En el caso de una edición, se mide por la venta, pero en Internet el público se muestra, toma la palabra y, esto, aunque es una ventaja es también una desventaja, pues rompe la soledad creativa. Y si no se muestra y lo consideras por el número de visitantes a tu blog entonces ni lo oyes, ni lo sientes… es un número, una abstracción. Pero está ahí, el público existe.

    Otra cosa: en mi comentario al post “De la rabia al asco. Qué está pasando” de Vicente Luis Mora donde me posiciono y lloro por mi generación ausente digo al final:

    No, no es ahora el momento del asco y de la rabia, ni siquiera de la línea crítica, resistencia y barricadas, es el momento del regreso progresivo (Salvador Pániker). Sí, Daniel Bellón se te escapa una. En el momento del decrecimiento esa es la lucha. Seguiremos siendo los ausentes.

    http://vicenteluismora.blogspot.com/2011/04/que-esta-pasando-de-la-rabia-al-asco.html

    Te aclaro:

    He estado, asqueado del mundo literario en mi juventud, mucho tiempo ausente (no de la escritura sino de la relación con escritores). Ahora veo por algunos jóvenes (al menos más que yo) que no es un asunto personal ni que afecte exclusivamente a mi generación (aunque quizá fuimos los primeros, en nuestro país me refiero… ), sino que es la identidad de nuestro tiempo. Mi actitud ha pasado de la “resistencia y barricadas” de mi primera juventud al “asco y la rabia”. Últimamente, y sin pasar a esa que tú llamas “de luces inefables e insondables vacíos”, se serena y vuelve a su origen. De ahí lo de regreso progresivo o retroprogresivo. Esta actitud no significa un regreso a lo primitivo sino a lo primordial. Lo expliqué con algo de detalle en un texto (Manifiesto por un arte primordial) que tendría que matizar y corregir ahora, pues es de 2008 y mucho he comprendido desde entonces. Sin embargo, sigo estando de acuerdo en que el poeta, el artista en general:

    en lugar de tomar partido (como habitualmente se nos exige) afiliándose a una de las múltiples opciones, que en forma de tendencias fragmentan de manera tribal el panorama artístico actual, debe ver estas tendencias como lo que realmente son: técnicas, métodos, maneras de acercarse a la realidad, de concebir el mundo y que, por tanto, todas pueden serle útiles, instrumentos para la investigación (y su correspondiente expresión), sin perder de vista que el mapa no es el territorio, el modelo no es lo descrito, la obra no es su referente. La totalidad de la vida en su enorme complejidad, en su asombrosa sencillez, es la materia prima del poeta, del artista.

    http://eljaina.blogspot.com/2008/02/propuesta-para-un-arte-primordial.html

    Volver a origen, a lo primordial significa por tanto volver al centro de uno mismo, de lo que realmente somos, en una investigación sin límites. En esta actitud o práctica no hay nada de primitivismo, pues el origen no está necesariamente en el pasado, aunque los primitivos estén por lo común aunque no necesariamente, más cerca del origen que los civilizados. Por eso adopto el término retroprogresivo que acuña Pániker en Aproximación al origen.

    En este sentido es en el que digo que “se te escapa una”. Y no sólo a ti, creo.

    Saludos.

  4. Hola, he escrito un comentario. Pero veo que no ha sido publicado. Supongo que ha sido considerado spam. Incluía dos enlaces, necesarios.
    Lo he publicado en mi blog.

    Un saludo

  5. Hola, he publicado un comentario, que veo que no se ha publicado. Supongo que porque se ha considerado spam. Tenía dos enlaces, necesarios.

    Lo he publicado en mi blog.

    Un saludo

    • Hola Luis, el sistema manda los comentarios a la carpeta de turno a esperar a que yo pueda o me acuerde… ;-). Respecto a lo que comentas, muchas gracias por los enlaces. No sé, respecto al público, cuando se trata de una lectura pública (échale unas 30-40 personas, lo que se llama “lleno hasta la bandera”) ves las caras del público con toda claridad, de tal modo que dejan de ser “público” para ser personas concretas, y eso es, precisamente, una de las cosas que me gustan de la poesía, que es (o debería ser, en mi opinión), entre otras cosas, un tipo diferente de relación entre quien escribe/dice el poema, y quien lo lee/escucha/interpreta… El público siempre fue un número: las audiencias que evalúa SOFRES, los “me gusta” de facebook, el número de ejemplares vendidos… todo es son números. Y la poesía no habla a la estadística sino a las personas. Aunque sea de a poquito… casi mejor así.

      Y respecto a tu evolución, que me comentas, je, cada cual tiene derecho a vivir sus procesos, y más en la escritura. Ese es un problema de las clasificaciones. Se te declara ( o te declaras) del grupo X y parece que te hubiesen marcado como a una vaca… como si las personas y nuestras escrituras no pudiesen cambiar con el tiempo… entiendo que la tarea crítica conlleva tratar de ordenar el panorama, y que eso está hasta bien… pero uno debe darle la importancia que tiene, no más…

      Un placer conocerte.

  6. Daniel, me confundió la nota previa que dice que los comentarios no están moderados. Perdón por el reenvío.

    Vengo a decir que el público todavía existe y especialmente en Internet. Un público que comenta o no comenta (ellos sabrán por qué). El número interesa a los editores, a los periodistas, a los críticos y profesores e interesa a los lectores ya que sólo pueden acceder a lo que es conocido. Lo desconocido vive una existencia virtual. Hay grados, claro.
    Aparte de los canales de distribución que dependen del mercado, hoy, a través de Internet, vamos creando otros. Aunque el resultado es el mismo: tú enlazas lo que te gusta, lo que te interesa, lo que te dice algo… y esto está normalmente relacionado con unos gustos y valores socioculturales que ya son.
    Tienes, claro, la opción de no someterte al público, a los poderes establecidos, al mercado… pero ni te leen los amigos, porque no saben de qué coño estás hablando.

    Cuando decidimos pasar nuestras palabras a un formato imperecedero ya no nos pertenecen, son del público. Y el público decide darte un premio Nobel o incluir tu obra en los manuales escolares. Digo público porque el público guía el gusto de los críticos y profesores. Ninguna autoridad se atreverá a contradecir al público. Y por eso el público es más que un número, es poder. Cómo si no iba a ser académico Pérez Reverte, por ejemplo.
    No hay por qué temer al público. Otra cosa es que decidas dedicarte a esa “inmensa minoría” de Juan Ramón. En fin. La inmensa minoría también es público y se deja aconsejar, se deja influir, se deja llevar.

    Rimbaud seguramente se habría perdido de no ser por Verlaine. Verlaine supo ver el valor de su innovación. Rimbaud nunca tuvo lectores, ni los podía tener. El público no tiene capacidad para valorar la auténtica creación. Necesita que un Verlaine se lo señale.
    Lo que pasa hoy es que las autoridades literarias se han pasado al comercio y no tienen capacidad para ver ni señalar sino otros productos de mercado. Lo que no pueden hacer, ya que entran en competencia con el producto que ellos son… en fin, el Ouroboros.

    Saludos.

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  1. […] Comentario a “En la ciudad digital” de Daniel Bellón Posted on 14 abril 2011 by luislucenacanales| Deja un comentario en  http://www.islasenlared.net/en-la-ciudad-digital […]

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