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En alas de la hoguera: Diez años de Libros de la Herida

En estos días se está celebrando en Sevilla el décimo aniversario de la muy querida editorial “Libros de la Herida”. Ganas de haber estado en Sevilla en una celebración que me toca muy de cerca, porque hace diez años, en alas de la hoguera, estuve presente en el nacimiento para el público de una referencia esencial para la poesia española actual: Libros de la Herida. A instancia de una de las organizadoras del aniversario, Nathalie Bellón Hallu, escribí este recuerdo de aquellos días al fuego. Felicidades, MIKIS!!!

En alas de la hoguera

 
en que se convierte Sevila algunas primaveras que poco tienen que envidiar a su temible mes de julio llegué y estuve ahí para ver la aparición del primer libro de Libros de la Herida. El primer fruto de un largo proceso de maduración en la almendra del colectivo La Palabra Itinerante. Corría el año 2005.

El verano anterior, durante mis vacaciones en Chiclana, me vinieron a ver los dioses y tuve la oportunidad de encontrarme con David Eloy Rodríguez, José María Gómez Valero y Miguel Angel  García Argüez: primero en un cacharriento concierto de rock, y al día siguiente en un agradable campito chiclanero a la sombrita de un árbol, unas cervezas y una estimulante conversación.  Raramente sucede que conozcas a alguien y brote una complicidad casi inmediata, pero así fue. Y ahí empezamos a lazar un entramado que aprecio como una de las mejores cosas que la vida en la poesía me ha ofrecido: conocer a La Palabra Itinerante.

Pero nos habíamos quedado en junio del año 2005, cuando llego a Sevilla para participar en un ciclo organizado por el colectivo, bajo el nombre de POESÍA EN RESISTENCIA. Resistencia es un concepto que nos atraviesa a las personas que no queremos, utilizando la expresión de Riechmann, ceder a la hipnosis, y que implica un vínculo profundo con la historia.    En el caso de La Palabra Itinerante, resistir es, simplemente, su manera de estar en el mundo y afrontar las tentaciones del mercadeo.  Aterrizo muy de noche y ahí me esperaban David Eloy, José María, y Juan Antonio Bermúdez a los mandos de un coche que recuerdo bastante destartalado. De ahí a Peris Mencheta.

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La casa de David Eloy y José María en los alrededores de la Alameda de Hércules es una experiencia en sí misma. Mana libros la casa, o esa sensación tienes, de que hay un flujo de páginas, volúmenes de poesía y ensayo, que atraviesa como un río cada habitación y del que surgen, a petición de sus habitantes, geíseres de poemas, de referencias, de ideas. Desde las paredes, un adusto Bob Dylan te mira como preguntándote: ¿Has trabajado hoy, has leído, has escrito lo que debes, o estás de bobería? Y allí me entero de que mi participación en el ciclo coincidirá con la presentación del primer libro de su nuevo proyecto: Libros de la herida, como ellos dicen al presentar la iniciativa, “de la herida abierta del vivir, su horror y su milagro”. David Eloy y José María andaban un tanto nerviosos porque los primeros ejemplares del libro inaugural “Todas las puertas abiertas”, de Pedro del Pozo, se los entregaría la imprenta justo el mismo día del acto de presentación.

El sábado día 11 de junio, tras un salto a Cádiz (retorno al país natal), unas horas antes de la presentación, me encuentro a los orgullosos editores en la puerta de su casa cargados con un par de cajas. El día había sido largo, porque el impresor, en la primera tirada, no incluyó el nombre de Pedro en la portada. No recuerdo a cuantos ejemplares afectaba esa especie de errata (errata promotora del concepto de la disolución de la autoría, podríamos decir) pero seguro que ellos sí. La imprenta les había editado una tirada de emergencia que solucionaba el problema justo para el acto. Olfateábamos los libros y discutimos (en el concepto inglés del término) alrededor de las bondades y miserias de la edición digital: yo, partidario de su flexibilidad y economía y ellos resistiendo, demostrándome la diferencia de calidad, cómo el relieve de las letras en la página impresa en Offset daba una mayor vivacidad a las palabras, las dotaba de dimensión.

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Apremiados por el tiempo, que las incidencias con la edición del libro habían acortado, nos vamos a la sala El Cachorro una vez más en alas de la hoguera que era Sevilla en aquellos primeros días de Junio.

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Tengo de aquella tarde y noche en Sevilla recuerdos (recuerdo: lo que se te queda grabado en el corazón)    entrañables y divertidos: ahí conocí personalmente (ya nos habíamos cruzado en las redes) a David Franco Monthiel, que habló de mis poemas a los asistentes, sorprendentemente numerosos;    escuché los poemas de Pedro tan cercanos, tan atravesados por la herida que da sentido y nombre a la editorial; cruzamos una Sevilla parcialmente en fiestas por la victoria del Betis en la Copa; bailoteamos en la plaza Pumajero, en otra celebración vital de la resistencia del espacio social que los vecinos han sido capaces de construir y defender. Fue una noche larga e intensa; mi vuelo de vuelta a las islas salía muy temprano y no tenía ningún sentido acostarse a dormir.  Una vez escuché en La Laguna a mi amigo el poeta Ernesto Suárez decir que la poesía le había pagado sus trabajos con lazos, con amistades que están más allá de cualquier valoración encuadrable en una Excel. Esa es también mi sensación, y, añado yo, la poesía también te regala momentos, como haber estado ahí cuando vio la luz Libros de la Herida. Y uno de los mayores  regalos que la poesía me ha dado en todos estos años es la amistad con David Eloy Rodríguez y con José María Gómez Valero. De ellos me dijo una vez Enrique Falcón que eran las personas que había conocido que más encajaban en una dimensión de la palabra poeta muy difícil de apalabrar en la que se juntaba la honestidad, la bondad y una capacidad de encontrar belleza donde la mayoría apenas vemos nada. A mí me pasa igual: pienso en poetas y se me vienen estos dos a la cabeza. Sé que toda su vibrante actividad como editores, animadores y educadores culturales, como artistas en escena, acaba concentrada en esa condición de poetas, de un vivir en poesía la resistencia y la hermosa, aunque a veces tan dolorosa, herida del vivir.

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ACTUALIZACIÓN: Nathalie Bellón me manda el video que han elaborado tirando de este texto. Me siento, inevitablemente honrado.
https://vimeo.com/143242201

«En alas de la hoguera: Diez años de Libros de la Herida» recibió 0 desde que se publicó el 26 octubre, 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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