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El zahorí de la isla de las retamas

Quien haya seguido este blog sabe que siento verdadera admiración por el trabajo poético de Eladio Orta, poeta de voz radicalmente (en el sentido más literal del término) diferente de las tendencias más o menos dominantes de la poesía española de las últimas décadas, en las que  ha ido publicando por goteo sus trabajos más personales: Sincronía del solejero, Traductor del medium, El cangrejo violinista, hasta, en cierto modo, cerrar con el tomo de obras más o menos completas, Terrafirmista.

¿Porqué es diferente Orta? Para empezar,  por la posición desde la que escribe que cabría definir como de “arraigo campesnio crítico”. Orta no juega al urbanita desencantado, es un hombre de los campos de Moguer, con una cultura poética envidiable, pero que sabe donde se agarra su raíz. Y es diferente porque en un contexto de poesía formularia, él hace algo que parece un poco olvidado en las escrituras dominantes: buscar palabras, adivinarlas como zahorí y darles la vuelta, para que limpias, desbrozadas, sirvan para volver a decirnos.

El último libro de Eladio  (él me perdonará, pero sus heterónimos gamberroides Heladio Orta o Amín Gaver, me interesan menos que el Eladio Orta que desde su voz desenmascarada escribe),  es LA ISLA DE LAS RETAMAS, donde sus poemas en prosa nos descubren un territorio mítico, sombrío y solar a la vez, cruzado por personajes como el Tío Timoné, el Poeta de las Retamas, la tía Agustina Ferrol…El Retamal antes de la llegada de los constructores, después superviviente y resistidor.

Leyendo la ISLA DE LAS RETAMAS inevitablemente siente uno la presencia de Juan Ramón, aunque esta isla está lejos del ordenado paisaje campesino que rodea al Moguer de Platero y yo, y tal vez esté más cerca de Tonino Guerra, el gran poeta que rescata el dialecto como lenguaje originario, previo a la construcción del estado, y a la construcción por el estado de la Cultura Nacional con sus correspondientes mayúsculas por supuesto. Eladio es un jodido poeta inútil para la edificación de cualquier tipo de discurso con aspiraciones de oficialidad.  Las palabras que el nos re-descubre no son para eso. Son para alimentsr de realidad lo sueños. Fijense que manera de empezar un libro:

El mar cuando duerme es como un niño pequeño,  calladito en su cuna de mimbre. Pero en la isla encantada todo puede suceder.

Les dejo alguna muestra de LA ISLA DE LAS RETAMAS, publicado, por cierto, por Baile del Sol.

El atardecer de los tres tizones nubló la Punta del Timón de bandadas de pájaros y aves marismeñas que huían del frío que cercaba la Cabeza Alta y buscaban refugio en los retamales interiores. Los cuentacuentos de la Isla relatan que los pájaros son los primeros en barruntar las previsiones atmosféricas. En la época del Paso, en otoño, los pájaros atraviesan el Océano Atlántico buscando climas más suaves. Los días venideros de lluvia los pájaros se retraen y cuando la lluvia se aleja, los cabezos de la costa y los retamales se transforman en un correntío de jilgueros, verdones, luganos…
-Estas desbandadas auguran mal cariz – pronosticó el tío Timoné.

Fragmento de “El atardecer de los pájaros”

EL POETA DE LAS RETAMAS ESCRIBE SOBRE LOS CARACOLES

Una mañana media lluviosa de final de invierno la mocosa de Belén, que abultaba menos que la chiva enana de la cabra colorá del tío Ponche, me dejó en babia.
IDA.
Yo: Belén, ¿a dónde vas con el canasto de huevos?
Belén: Voy al vallado a coger caracoles,
VUELTA.
Belén: Mira, mira, traigo el canasto lleno.
Yo: ¡Pero si son caracoles muertos!
Belén: Sí, yo solo cojo caracoles muertos porque los vivos se me escapan.

«El zahorí de la isla de las retamas» recibió 0 desde que se publicó el 25 octubre, 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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