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El hundimiento del Titanic

Resulta que en estos días se cumplen cien años del hundimiento del Titanic, y ahí han estado dale que te pego en los medios, documentales, programas de radio, una exposición itinerante, cenas un pizco morbosas y hasta la reposición de la peli de James Cameron, eso sí, ahora en 3D.

Y, vaya, uno de mis libros de poemas favoritos de Hans Magnus Enzensberger se titula, precisamente, EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC. Cuesta decidirse,seleccionar sólo dos o tres poemas de este magnífico poemario, cosecha del 78. El traductor es Heberto Padilla.

CANTO V

Tomad lo que os han quitado,
tomad a la fuerza lo que siempre ha sido vuestro,
gritó, congelándose en su ajustada chaqueta,
su pelo ondeando bajo el pescante,
soy uno de vosotros, gritó,
¿Qué esperáis? Este es el momento,
echad abajo las barandas,
tirad a esos degenerados por la borda
con todos su baúles, perros, lacayos,
mujeres y hasta niños,
usad la fuerza bruta, los cuchillos, las manos.
Y les mostró el cuchillo,
y les mostró las manos desnudas.
.
Pero los pasajeros del entrepuente,
emigrantes, todos a oscuras,
se quitaron las gorras,
y lo escucharon en silencio.
.
¿Cuando tomaréis la venganza,
sino ahora?¿O es que no podéis
sorportar ver sangre?
¿Y la sangre de vuestros hijos?
¿Y la vuestra? Y se arañó la cara,
y se cortó las manos,
y les mostró la sangre.
.
Pero los pasajeros de entrepuente
lo escuchaban inmóviles.
No porque él no hablara lituano
(no lo hablaba) ni porque estuvieran ebrios
(hacía tiempo que habían vaciado
sus anticuadas botellas
envueltas en toscos pañuelos),
ni porque estuvieran hambrientos
(aunque estaban muy hambrientos):
.
Era otra cosa. Algo
difícil de explicar.
Entendían bien
lo que él decía, pero no lo
entendían a él. Sus frases
no eran las frases de ellos. Golpeados
por otros miedos y otras esperanzas,
aguardaban allí pacientemente
con sus bolsos, sus rosarios,
sus raquíticos hijos, recostados
en las barandas, dejaron
pasar a otros, prestándole atención
respetuosamente,
y esperaron hasta que se ahogaron.

NUEVOS MOTIVOS POR LOS QUE LOS POETAS MIENTEN

Porque el instante
en que la palabra feliz
se pronuncia
no es nunca el instante de la felicidad.
Porque los labios del sediento
no hablan de sed.
Porque por boca de la clase obrera
nunca oiréis la palabra clase obrera.
Porque el desesperado
no tiene ganas de decir
“estoy desesperado”.
Porque orgasmo y Orgasmo
son incompatibles.
Porque el moribundo, en lugar de decir,
“me estoy muriendo”
no emite más que un ruido sordo
que nos resulta incomprensible.
Porque los vivos
son los que rompen el tímpano de los muertos
con sus terribles noticias.
Porque las palabras acuden siempre demasiado tarde
o demasiado pronto.
Porque de hecho es otro,
siempre otro,
el que habla,
y porque aquel de quien se habla
calla.

«El hundimiento del Titanic» recibió 2 desde que se publicó el 13 Abril, 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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  1. […] del conocimiento, como la que planteó Hans Magnus Enzensberger, en su ya revisitado y tan vigente Hundimiento del Titanic: Aquí tienes una caja, una caja grande con una etiqueta que dice caja. Ábrela, y dentro […]

  2. […] Quizás hace falta un nuevo modelo para una teoría del conocimiento, como la que planteó Hans Magnus Enzensberger, en su ya revisitado y tan vigente Hundimiento del Titanic: […]

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