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El conflicto social y la poesía en la época democrática

Bueno, vamos a seguir haciendo amigos…

La reciente publicación del artículo La poesía vuelve a enfadarse (que en sí mismo da para un muy divertido análisis, acompañado de su lista de comentarios) en el diario Público, me ha dado que pensar (malo, malo…) y lo que sigue es un precipitado de lo que dicho artículo me trajo a la cabeza, en un a modo de ejercicio de sociología de andar por casa, del que, tal vez, salga más adelante un texto más en profundidad, con más referencias, datos y citas… pero quería compartir con ustedes estos apuntes sobre mis sensaciones sobre este “¿repentino?”  crecimiento de la poesía de corte crítico o afectada por lo social, como prefieran.

Y esto empieza así:

Los años 80 fueron una época muy dura en España. Tal vez  el paso del tiempo edulcora inevitablemente aquellos tiempos, que vinculamos casi automáticamente con la Movida, las fiestas hasta el amanecer, la ruta del Bakalao y un buen puñado de grandes canciones, pero, decía, los 80 fueron unos años muy duros en España.

Les sitúo: entre 1981 (el 23F) y 1984 la recién nacida democracia española sufre alrededor de tres intentonas conocidas de golpe de estado. En 1982 llega al poder, impulsado por una ola de cambio nunca vista, el partido socialista (PSOE)… pero las ilusiones de trasnsformación y las aspiraciones de modernidad chocan con fuertes resistencias y con un país en una tremebunda crisis económica. Porque sí, chicos y chicas, en los años 80 hablar de crisis era una muletilla, como sucede hoy. La tasa de paro media rondaba el 20 %, siendo más alta en muchas zonas del país. El tejido industrial histórico, obsoleto, tenía que ser desmontado y reconvertido, y  los conflictos laborales eran cotidianos y se reflejaban con extrema violencia en la calle. Como se dice ahora, se repartían hostias como panes, y rara era la manifestación que no acabara en carreras, disparos de balas de goma y, en ocasiones, disparos a secas. Tal vez se nos han olvidado algunos nombres: Reinosa,Euskalduna, Sagunto, los astilleros (Cádiz, Vigo, Gijón…) el puerto de Las Palmas… y tantos, tantos otros. Reconvertirse (reinventarse nos dicen ahora) está bien, y es necesario, quien lo duda, pero no es un ejercicio fácil, y aquellos trabajadores veían como sus empresas de toda la vida se cerraban y ellos eran lanzados a un mercado laboral incierto, o definitivamente al desempleo casi permanente, o a una de sus formas más hipoćritas: la jubilación anticipada.

Por cierto, quienes se veían en esas circunstancias se encontraban con una seguridad social empezando a informatizarse, con escasos recursos materiales y humanos, y con una normativa compleja, de modo que entraba dentro de lo habitual llegar a cobrar la prestación por desempleo o la pensión de jubilación entre tres y cuatro meses después de haber entregado todos los papeles necesarios.La discontinuidad en la percepción de rentas era la regla y no la excepción.  Lo voy a traducir a ese lenguaje claro que, según parece, debe caracterizar a la nueva poesía: que estabas tres o cuatro meses sin cobrar un duro desde que te echaban. Y a buscarse la vida, compañero… y eso si no tenías que esperar  a la sentencia de Magistratura de Trabajo, que entonces te podías ir a los seis meses o más. En 1988, ante las ultraresistentes altas tasas de desempleo juvenil del país, una tara histórica del mercado laboral español,  el gobierno socialista preparó una ley que establecía un contrato “especial para jóvenes”, que fue duramente contestada por los sindicatos y por cuya causa, más la carga del descontento y la decepción,  hubo una tremenda huelga general en diciembre de ese año.

No había problema de inmigración, eso sí. No creo que tenga que explicar las razones.

Y todo ello, y perdonen aquí el tono, condimentado por los prácticamente cotidianos atentados de ETA dentro y fuera del País Vasco. Rara era la semana que no incluia el entierro del alguna víctima de ETA. La espiral de barbarie (contestada desde el Estado con la llamada “guerra sucia”: batallón vasco español, Gal…) culmina con la matanza en el Hipercor de Barcelona en 1987. Culmina, pero esta lejos de terminar…

Y esto, amigas y amigos míos, eran los 80. También fueron los 80 la entrada en la Comunidad Europea, los “primeros” casos de corrupción política (primeros en democracia, porque no hay que olvidar que España acaba de dejar atrás un régimen que llevaba la corrupción en su ADN), el referendum de la OTAN,  la Movida, la poesía…

La poesía. ¿Dónde estaba, qué cantaba la poesía española en esos tiempos de violencia callejera y conflicto social descarnado?

Pues la poesía española se articulaba en aquellos años alrededor del pujante movimiento de la llamada “poesía de la experiencia”, una poesía que, decían sus teóricos, debía dirigirse al “hombre común” (de todas las fantasías estadísticas totalitarias esta es la que me da más asco) utlizando un lenguaje “claro”, poco conflictivo y lejos de la experimentación. Una poesía, se decía, “de la normalidad”, que denostaba de las vanguardias históricas que habían separado la poesía “del pueblo”… (todo este discurso ya fue desmontado en su momento por el ensayo clásico “Poesía y Poder” del colectivo Alicia Bajo Cero).  En conflicto (literario) con esa tendencia dominante, se encontraba lo que llamaban la poesía “del silencio”, que mantenía vínculos con la voluntad experimental que caraterizó la poesía europea desde la época de las vanguardias hasta los años 60-70, y poco dados, también, a que la calle les manchase el poema. Ambas tendencias tenían sus batallitas, como la muy divertida alrededor de la antología “Las Insulas extrañas“.  ¿Y esto era todo? No. Había unos cuantos nombres que se planteaban escribir desde una posición crítica, tanto en lo que se refiere a la estética y al uso del lenguaje, como política. Poetas que en sus poemas recogían el conflicto y lo apalabraban… cuando esos autores acudían a algún congreso de poesía o chorrada similar, se les epitetaba con indisimulado desprecio como “sindicalistas”, “sandinistas” y otros apelativos cariñosos.

-Verán que no digo nombres, cualquiera que sepa un poco de esto se sabe las alineaciones de estos equipos, pero, como decía, esto son unos apuntes, un esbozo de guión-

Y ¿Cómo era posible semejante separación entre lo que sucedía en la calle y lo que los poemas de esa época cantaban/contaban? Aquí empieza mi primera disgresión sociológica de andar por casa:

En los 80, a la vez que todo eso pasaba, salía a la calle toda una nueva generación de titulados universitarios. Muchos de ellos, los primeros licenciados  de sus  familias, en general humildes, como eran y son la inmensa mayoría de las familias españolas, que veían en esos chicos y chicas recién tituladas el premio a los esfuerzos y sacrificios realizados. Estos jóvenes formados llegaban a ese mercado de trabajo con un paro alrededor del 20%, no era ninguna bicoca, y se tardaba una media de dos años en encontrar un trabajo estable, pero tuvieron la suerte de salir en un momento en que se empezaba a desarrollar el nuevo estado de las autonomías, y en el que se dio un  fuerte impulso al sistema educativo. Muchos de ellos acabaron, pues, si nos ceñimos a los licenciados en carreras de letras (la gran cantera, tal vez por desgracia, de la poesía española) en la enseñanza pública, o en las universidades como profesores, ya que el tejido universitario español se duplicó en pocos años… por otra parte, rara era la diputación provincial, cabildo o consell insular y ayuntamiento que no creyese que había que invertir en cultura, lo que suponía actividades a programar y poner en marcha -En aquel entonces surge la figura “profesional” del gestor cultural- y, a más, estaban las obras sociales y culturales de las cajas de ahorros… Esto es, el tejido industrial español se caía a pedazos entre tiros, botes humo y piedras volando, la alternativa era un precarizado, casi por definición, sector servicios que requería un tipo diferente de habilidades… con el consiguiente desgarro personal y social que, con una sonrisa torcida en los labios tan bien describía la pelíciula inglesa “Full Monty”. Pero, a la vez, un buen grupo de jóvenes licenciados en letras estaban accediendo a buenos empleos y a un tipo de vida que a sus padres les estuvo vedado en su mayor parte…vida de congresos, viajes, fines de semana libres,  etc… Algunos de estos nuevos miembros de la clase media con posibles española escribía poemas, pero hablar de los conflictos que les rodeaban parecía de mal gusto, un retorno a la denostada (en tantas ocasiones con razón) poesía social de los 60-70. Mejor que no. Seguramente sea una explicación simplona y con su punto paleomarxista, pero creo que esta es una (entre otras) de las razones clave por las que en medio de la fogalera de los 80 y mediados de los 90 (Con la crisis post fastos olímpicos y universales) resulte casi imposible rastrear esas tensiones, esos conflictos, en la poesía española de la época: porque a buena parte de los autores de ese tiempo no les rozaban y los seguían a través de “El País”.

Uy, se me olvidaba. ¿Y en el mundo? Bueno, los últimos años de la década de los 80, trufada de guerras feroces (Irán-Irak, Líbano, etc) y de  igualmente feroces dictaduras en ejercicio,  fueron un soplo de aire fresco: por todas partes caían tiranías de uno y otro signo, parecía que estábamos en una primavera de la libertad. Los 90, sin embargo, fueron trágicos hasta niveles que nadie esperaba, con el retorno del genocidio como estrategia política en la antigua Yugoslavia (en las mismas tripas de Europa) y en la zona de los grandes lagos en el corazón de Africa: primero Ruanda, después Burundi, después Congo… Y otro montón de conflictos en la periferia, algunos  interminables…  Todos esstos acontecimientos conmovieron al mundo. Bien, les invito a un ejercicio fútil: busquen rastro de esos conflictos y su dolor de dimensión universal en la poesía española de referencia de la época (quiero decir: la premiada, publicada en editoriales fuertes, comentada en los suplementos literarios). Les va a costar mucho encontrar algo, una sombra, un roce.  Cómo la historia se imbrica con el desarrollo de otro tipo de poesía que se escribía en la penumbra pública en esos mismos tiempos lo cuenta muy bien Enrique Falcón en su esencial “No doblar las rodillas“.

Antonio Orihuela, uno de esos “pesaos” “sindicalistas”, resumía el ambiente social (y poético) en un breve poema: «Cada vez veo más gente / con una venda / puesta en los ojos. // Incluso he visto gente a las que, / habiéndoseles movido un poco, // se la vuelven a colocar correctamente».

Durante los segundos 90 y los primeros años de la primera década del siglo,  el mapa poético español no varía mucho: asentados poetas de la experiencia perfectamente ubicados en el poder “cultural”, repartiendo premios y ediciones en un estilo propio (aunque en ridículo dadas las dimesiones, lo cual lo hace aún más patético) del capitalismo de amigotes de la época, poetas del “silencio” recogiendo cierto nivel de reconocimiento literario y académico, y un entramado de autores “criticos”, que, con diferentes acentos y desde la periferia del sistema, van generando su propio tejido editorial y de espacios alternativos. Y ya nos vamos acercando al momento presente.

Porque sí, señores y señoras, después de un espejismo de alrededor de una década de crecimiento basado fundamentalmente en la especulación financiero-inmobiliaria, estamos en crisis otra vez. Y pilla a una sociedad desentrenada, olvidada de las no tan lejanas apreturas del primer decenio democrático. Y esta vez la crisis no sólo afecta a la población más pobre y descualificada, que también había sido atrapada en la fantasía de riqueza e hipotecas a 40 años y coche bien grande que con tanta gracia cuenta  Aleix Saló en Españistán, sino que pilla de lleno a las clases medias urbanas y a los hijos de aquellos flamantes funcionarios de los 80. Sus hijos de veintipico, que han tenido acceso a una formación universitaria extensa, a viajes, masters y demás, se encuentran ante un panorama poco esperanzador, si la esperanza era, como a veces me parece entender,  reproducir el modelo de vida de sus padres. La administración cierra servicios y reduce plantillas;  áreas clave para los graduados en letras como la educativa están siendo sometidas a serios recortes, y, además, el mensaje que reciben es que están fuera de juego, que se reforma la universidad bajo el paraguas del proceso de Bolonia y la tijera amenaza especialmente a las carreras de letras (allí de donde se supone, dicen, emana el “espíritu crítico” , me mondo, esperen un momento que se me pase el ataque de risa, y para quer nadie se enfade, me explico: pretender que de una institución sostenida por el Estado  surja espíritu crítico hubiera hecho que Marx y Bakunin, cogidos del brazo, hubiesen reventado a carcajadas, la contradicción no puede ser más obvia: no se muerde la mano que te da de comer… ) y se grita: “Fuera las empresas de la universidad. No somos mercancía”. Y algo hay de verdad en esa afirmación, ya que poco puede mercarse con ellos en las presentes circunstancias.

Y ese segmento de la población, del que habitualmente surgen los y las poetas, empieza a descubrir el duro y precarizado mundo de las clases populares de este país, que  afrontan la crisis haciendo lo de siempre: cualquier trabajo, de cualquier modo, apañados en todo y especialistas en nada, productos de un sistema donde la formación profesional no se tomó en serio nunca y enfadados de tener que competir por el magro catálogo de servicios sociales que suelen gestionar nuestros ayuntamientos con los que vinieron en los años de bonanza, razón por la que,en feudos tradicionales de la izquierda, brota como una mala yerba la xenofobia, la única tendencia política que de verdad crece en este país.  Y  esa precariedad = incertidumbre, el conflicto entre la persona y el sistema aparece, al fin, en los poemas y en obras potentemente dinfundidas por los mismos que durante años ningunearon cualquier posición crítica. Felicidades.Y bienvenidos, nietos del rock’n’roll.

Pues bien, para terminar, comentarle a toda esa nueva generación de poetas que el poema sigue siendo un objeto hecho de palabras, de lenguaje, que el limbo de los poemas malos está lleno de buenas intenciones, y que si no tensan ese lenguaje para romper la carga de los significados impuestos, si no experimentan ya sea con las nuevas formas de escritura hipertextual que alimenta las redes o con lo que diablos se les ocurra, si no se acercan a los  ritmos expresivos que surgen con una fuerza inusitada de las barriadas, como agudamente señala uno de los comentaristas del artículo que ha dado pie a este desbarre, si no ejercitan la mirada,  si optan por mantener los criterios que se declaran en un reciente manifiesto, tendremos lo de siempre: poesía chato-realista, egoorientada a un intimismo estéril, conversacionaloide y monocorde, esto es:  más “poesía de la experiencia”, aunque eso sí, esta vez de la experiencia chunga.

«El conflicto social y la poesía en la época democrática» recibió 5 desde que se publicó el 26 junio, 2011 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Jesús dice:

    Qué pedazo de artículo, Daniel. Bravo.

  2. Ernesto Suárez dice:

    A ver, salvando la vieja amistad y confianza (es decir, que nos conocemos desde hace mucho pero que mucho tiempo), debo decir que el asunto que planteas escuece y pone el dedo en la llaga poética, literaria y cultural española más importante (por gorda y grave)de los veinte últimos años, que no es poco. Varios apuntes al hilo de tu texto.
    1) Es necesario revisar la lectura que se ha dado canónicamente por buena sobre las poéticas de los iniciales años 80. El “Tsunami de la poesía de la experiencia” quiso borrar acercamientos alternativos basados en una más que saludable diversidad que, incluso, se reflejó en las antologías al uso. Bien es cierto que ninguna de tales poéticas “creo” escuela-estilo-ecos. Es necesario ir a los cuadernos y libros concretos, un manojo de ellos editados la mayoría de las veces en condiciones precarias; ir a ciertos poemas incluso. Esto, que puede interpretarse como debilidad (la falta de seguimiento y seguidores), acaso sea, sin embargo, su mayor valor…visto desde la distancia y el tiempo transcurrido.
    2) El ejemplo para mí más claro de todo esto se encuentra en el libro EL MIEDO QUE NOS HICIERON, de Paco Croissier. Quienes lean este comentario allende las Islas Canarias con seguridad arquearán las cejas preguntándose quién es Paco y qué es EL MIEDO QUE NOS HICIERON. Transcribo algunos de sus versos: “Y ese es el único minuto que necesita / para estampar a la historia / contra las paredes más tristes/ que antes haya visto, / para abrir la boca / y lanzarle a uno una rebelión encima. / Una rebelión otra vez, / la misma de siempre”. Y más: “Yo soy la casa donde viven todos mis muertos. / Soy el sitio que ya estaba / antes que ustedes llegaran / y soy la aldaba de una puerta / por la que ustedes no van a poder pasar nunca. / Metida debajo de esta tierra está mi historia”. Y más aún: “Cubiertos hasta la cintura / por el motín más antiguo que existe. / Con una mano hundida en el pecho / y la otra saltando / desde la diestra de la sangre / Con los ojos puestos / en la noche más negra / que pueda recordarse. / Hablando para adentro.”
    3) EL MIEDO QUE NOS HICIERON reúne solo 11 poemas, 11 poemas escritos entre 1984 y 1990. Sí, mucho tiempo para un manojito de poemas. Se escribió justo a lo largo de ese periodo donde algo o todo se vio modificado cultural y socialmente en España…hasta ahora. Evidentemente nada tiene que ver la poética que sostiene Paco en esos poemas con lo que se hacía en Granada y desde los medios y premios. Pero ahí está. Ah, adelanto el final: Paco Croissier dejó aquellos 11 poemas y siguió a otra cosa diferente (poéticamente hablando). Pero, insisto, 11 poemas (les aseguro que alguno de ellos excepcional) en 7 años va a la contra de todo canon, de cualquier “carrera artística” y, por tanto, imposibilita su aparición en la manida “historia oficial”. Pero seguro que los poemas de Paco son solo un ejemplo entre, estoy convencido, varios, quizás incluso muchos. Claro que fueron poemas escritos “al margen” de esa vida de clase media tan querida y ansiada por todos nosotros (incluido el propio autor). El libro lo editó en 1996 El Baile del Sol, por cierto.
    4) ¿Hacia dónde mirar? Hace apenas unas semanas, en Tenerife expuso el artista argentino, Defi Gagliardo. Defi proponía irónicamente la posibilidad de que el público y los artistas españoles y canarios aprendieran de “la experticia de la ciudadanía argentina” a la hora de bregar con la crisis socioeconómica (populismo político, corralito, corrupción, directrices del FMI, etc serían sus credenciales). Desfachatez e ironía a raudales…algo que también podemos encontrar entre los poetas americanos. Casi al mismo tiempo que en España se aupaba el realismo de plano corto, en Chile por ejemplo se estaba escribiendo La tirana, de D. Maiqueira. Unos años más tarde entran en acción desde Argentina Martín Gambarotta o Sergio Raimondi. Del primero solo un apunte: escribe un libro de poemas, Angola, cuyo sujeto poético es un cantautor cubano que transita por la guerra civil de aquel país africano (puro compromiso pasado por la criba). Eso sí, reunidos en un volumen todos los poemas de estos tres mentados no creo que llegaran a disponer de la cantidad de páginas de la obra poética reunida de alguno de los “realistas” españoles :). Un abrazo.

  3. daniel dice:

    Sí, Ernesto, es verdad. Y los que estuvimos por los alrededores de Paco alguna vez en esos años nos acordamos de la libreta de Paco, de los poemas machacados, tratando de encontrar la expresión justa de la rabia. Como dices, después la obra de Paco Croissier toma otros derroteros… pero son los poemas, los poemarios lo importante. En ese sentido sería una iniciativa genial ponerse a margullar en aquellos años para buscar los libros, los poemas que conversaban de otra manera con la historia. Falcón da muchas pistas en su “No doblar las rodillas”.
    Y mientras aquí lloramos, en territorios más precarios y duros los poetas dicen, maldicen y se carcajean. Una referencia de la que hablaré más adelante: la antología “2017. Nueva poesía contemporanea tomo I” editada en Argentina, y que en su solapa informa: “Este libro debería ser un casco 5D, les pedimos disculpas”. Como digo, ya contaré…

  4. José dice:

    Violentar lo dicho, para mantener abierto el querer decir.

    Sin misterio las palabras que comparto.

    Sin quererlo,
    me salen bonitas las palabras.
    Las violento- violento lo que soy-.

    La verdad, no depende del gusto o de la forma,
    y el pensar, demanda su concepto.

    La emoción, la resguardo,
    -en el gesto violento que me aplico-,
    al exponer, opacas y desnudas,
    las palabras.

    3-5-2011
    ( J )

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  1. […] Para empezar, que quede claro: lo que prima o ha de primar, según el cronista, es “la línea de los poemas claros, directos y precisos”; así lo ha percibido tras ver la “sorprendente” vida que ha descubierto ante los stands de editoriales de poesía en la feria. En boca del poeta Manuel Vilas se pone que “Los poetas tienen que dejar su pedestal absurdo” y contar el mundo como lo haría un periodista o un novelista, con un lenguaje “contundente, claro, preciso y literario a la vez”. Lo del pedestal me deja perplejo. Conozco a muchos poetas y la gran mayoría son paisanos y paisanas muy conscientes de su paisanidad (jé) cuando no un poquillo acomplejados por sus dificultades para ser visibles como autores. El rol del poeta subido a un pedestal para imponer su voz sobre la marea humana hace ya mucho que desapareció, por fortuna, aunque haya quien lo eche de menos y reivindique su lugar especial en la plaza o al frente de la mani. Lo de los requerimientos del lenguaje poético “como debe ser” me dirigen a aquella profecía de las que hablaba: […]

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