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De vuelta; José Carlos Cataño

Cataño es uno de los poetas isleños de la hornada de los 80, por decirlo de un modo terriblemente impreciso, más interesantes. Junto a su siempre contenida obra poética, sus diarios lo han ido convirtiendo en una referencia para quienes buscamos escrituras que, desde su condición fronteriza, se salen de las corrientes principales y principalmente aburridas de la poesía que se escribe en España.

Hemos andado de mudanza estas últimas semanas. Mudanza de servidor con todo sus trajines. A partir de ahora este blog se federa (como en los viejos tiempos de ciberpunk.org, a El Correo de las Indias, lo que es un honor. Y mientras,en un nuevo rincón de la red, nos encontramos al poeta José Carlos Cataño.

Cataño es uno de los poetas isleños de la hornada de los 80, por decirlo de un modo terriblemente impreciso, más interesantes. Junto a su siempre contenida obra poética, sus diarios lo han ido convirtiendo en una referencia para quienes buscamos escrituras que, desde su condición fronteriza, se salen de las corrientes principales y principalmente aburridas de la poesía que se escribe en España.

La nueva revista online 7 Islas magazine, le dedica una página de la que me permito copipegar aquí un poema,animándoles de verdad a ir más allá, a encontrarse con la voz peculiar de José Carlos Cataño.

EL CÓNSUL DEL MAR DEL NORTE

Yo no comprendo qué furioso misterio contienen las tardes luminosas, en que, borracho de ron, tropiezo con lindes de tuneras, que no sirven para nada, junto al Ukeréwé. Y entro en casas abandonadas, que en todos los casos fueron de cónsules ahora muertos. No comprendo por qué, borracho de habanero, encuentro por los suelos viejas ediciones de bolsillo en alemán, y blusas multicolores, y cajas de embalaje que nunca se utilizaron. Por qué el dinero no llegó a tiempo. O se hundió el barco que venía por mí. O me dejé morir al sol, como los lagartos sobre las lindes de piedra, en una tarde insulsa y sin embargo completa. A lo lejos, de frente, el Ukeréwé, la resaca silenciosa de las grandes olas verdes aun en la penumbra del ocaso. Ukeréwé, mar sin rutas, mar vacío frente al cónsul que entra en casas abandonadas, y halla en la pared la bandera de un país que ya no existe.

«De vuelta; José Carlos Cataño» recibió 13 desde que se publicó el 26 Noviembre, 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Esa imagen del consul abandonado en ultramar por el país que dejó de existir es la representación analógica canónica de nuestra época. Acuérdate de «Estrella Roja» a principios de los 90, un relato a dos manos de Sterling y Gibson, donde no era un cónsul sino un astronauta. Y hay mil de esos si haces memoria. Lo interesante es seguir su salud a lo largo de los años, creo yo. El de los ciberpunks era finalmente recogido por familias hackers que elevaban estructuras desde la tierra al espacio en un bricolage metáfora del software libre que recién empezaba entonces. Claro, pensábamos que le daríamos la vuelta. Benditos noventa. A este último ya no le queda ni la desesperación. En el medio, un cuarto de siglo de descomposición del estado, el mercado y hasta de la comunidad.

  2. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Gracias, Daniel, magnífico poema.
    Yo me perdí los días del ciberpunk, pero espero ansioso mi turno para federarme. Que para mí también es un honor.
    He intentado dejar un comentario diretamente en tu blog, Daniel, y me dice que previamente debo iniciar sesión: “Disculpa, debes iniciar sesión para escribir un comentario.”. Lo hago y estamos en las mismas porque sigue el mismo aviso.
    Enhorabuena!

  3. Y, si lo piensas, el océano del siglo XXI está lleno de pecios de naciones que contaban con celebrar su centenario: la URSS, Yugoeslavia… es verdad que asistimos también en los 90 a una nueva “primavera de las naciones”… pero estas nuevas,y algunas de las viejas que “resucitaron” (desde Polonia a Hungría, pasando por las naciones bálticas) tan necesitadas de reforzar su identidad, huelen cada vez más a cerrado. El cónsul, como el astronauta, como aquellos marineros que se quedaron tirados con sus barcos de bandera soviética en el Puerto de la Luz, son restos. Pero se puede ser resto con dignidad si acompaña un ron habanero o canario, y tal vez el aroma de un cigarro de verdad, aunque, como yo, no fumes.

    David, querío, cuentame por la vía que corresponda como se hace lo de la entradilla, que el saber no ocupa lugar 😉

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