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De niños salvajes

Yotty, el alma y el cuerpo del dinámico sello “Los 80 pasan factura“, y de la asociación cultural del disco canario, es de esas personas cuya generosidad te deja perplejo; Abro el buzón y me encuentro con FACIES A un niño salvaje no le duele la sien. Crónica de un incendio en la isla de La Palma.Ruido y poemas en al década de los 80, escrito por Carlos Catana, poeta, músico y agitador del légamo.

Ya he dado en otra ocasión mi opinión sobre cierta memoria de los años 80, que se describen a veces como una especie de fantamundo lleno de jóvenes creativos, brillantes y modelnos. Resulta que yo estaba allí, y con la edad adecuada, y adelantando que en los 80 (que se inauguraron teniendo yo 17 años, imagínense) me lo pasé de muerte, recuerdo perfectamente cual era el entorno social, tan bien descrito por Zurda en Islas Canallas: tiempos de aparente ruptura creativa sí, y de violencia y desencanto político y de desesperación social (años de reconversión industrial, de terrorismo cotidiano, de desempleo masivo, de la heroína avencidada en cualquier ciudad media española). Aún así, ay, los años en que pasé de pibe a hombre y en los que alguna vez me crucé con Carlos Catana, en los círculos que orbitaban en aquellos entonces alrededor de los hermanos Croissier y/o de Domi Delgado, cuando la reivindicación de la africanidad isleña compartía calle con la visión de Santa Cruz de Tenerife como un pequeño Berlín. Chácaras, punk, ruido, poesía.

En Facies, Carlos Catana nos ofrece unas breves estampas de aquellos años en la isla de la Palma y, por extensión, en el resto de las islas, vistos por un joven que, desde una “isla menor” trata de construir su propia figura con Baudelaire, Rimbaud y Jim Mórrison en las pupilas, pero bien sabedor de donde se encuentra:

No olvido que mi pueblo de Tazacorte fue hace siglos hacienda de esclavos negros africanos, donde se practicó el derecho de pernada hasta mediados del siglo XX. Si como bagañete me pongo un sombrero de cachorro canario, sería más honesto para mi alma cantarme un blues que una importada polka.

Yo me acuerdo del impacto que causó en el ambiente en Santa Cruz la aparición de un grupo palmero (como quien dijera, de la profundidad de la selva) con aquel sonido y aquella actitud. Como cuenta Catana en su libro, La Palma de los años 80 era, seguramente sigue siendo, una isla ensimismada, pero a la que arribaban gentes peculiares, como los dos veteranos músicos holandeses a los que Carlos envuelve en un proyecto imposible de partida y condenado al agotamiento por falta de aire.

A por ese aire, como otros músicos canarios, se fue Carlos a Madrid a darse de frente conque la fantasía, la imagen de “la capital de la movida” tenia poco que ver con la realidad. Viaja, trabaja, escribe, resiste, vuelve.

Hay un fragmento de Facies que me gustaría reproducir aquí y dedicárselo a un amigo entrañable, Rafa Chail, otro valiente de aquellos tiempos que se ha negado a rendirse y aún batalla, allá que va:

El rock and roll es una actitud y esa forma de vida no se compra, se es lo que se da, a veces entregamos hasta el mismísimo alma, pero un hombre honesto, un verdadero rockero, no le vende nunca el alma al diablo, solo es una puta leyenda, el verdadero bluesman encuentra en su forma de vida el arte del blues y siempre es creíble su actuación. Crecimos con el viejo blues y nos dimos cuenta de que son más transparentes unos ojos detrás de unas gafas negras, que los ojos recién lavados con manzanilla de un banquero o un político, y que es más fiable el corazón envuelto en cuero negro, que un corazón que tiene por péndulo una corbata.

Amén

«De niños salvajes» recibió 0 desde que se publicó el 18 abril, 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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