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Camacho habla

Carmen Camacho es una de las voces más vivas de la poesía española actual. Y lo de la vitalidad no está traído por los pelos. Si algo destaca en la poesía de Carmen Camacho es una energía concentrada a veces, en poemas mínimos, un verso, una señal,y otras expansiva como una lenta detonación.  También es, como verán en la entrevista que les enlazo, y que es el motivo de esta entrada, una poeta que reflexiona a fondo sobre la palabra y sobre el poema. Que yo siento una gran admiración por Carmen no es novedad, pero para mí si lo ha sido encontrarme en esta entrevista conque compartimos algunas inquietudes y fascinaciones más allá del placer de la poesía y unas cuantas rabias  y amistades comunes: por la potencia de la tradición oral, por los las relaciones escondidas entre la ciencia y la poesía lenguajes ambos que aspiran a la exactitud y odian la palabra sobrante, que no aporta o que reblandece el decir…

Les recomiendo que lean atentamente la entrevista, y que pillen y lean cualquier cosa escrita por Carmen Camacho. Yo dejo aquí,  a modo de señales luminosas los fragmentos que más me han impactado.

Tiene que ver, el hablar como habla de veras la gente, con un deslenguarse —que por cierto suele ser a su vez bien elegante— y, como está claro que lenguaje y pensamiento son parte giratoria de lo mismo, me parece una voz buena, la popular, para que de una salga lo más libre y profundo, lo más riesgoso también, y lo más arcano.

En todo ello yo no hablaría de pasado vs presente, tradición vs realidad actual, ni de aplicaciones de una cosa en la otra. La voz popular, la oralidad, su narratividad es tan de hoy como de siempre, pues por milenios el bicho humano se dijo así todo el rato, y así nos seguimos diciendo muchas veces, con ritmo y eficacia, cuando a nosotras mismas nos dejamos libres para decir.

Sucede que, desde la irrupción a saco de los medios de formación de masas, parece que nos están acostumbrando a degüello a que el otro lenguaje, el Oficial, que nos proveen la realpolitik, las academias, los medios y los mercados (¿de dónde, si no, salen los palabros tuitear, metrosexual, poner en valor, prima de riesgo o desestreñir, que esta última es ya pa ir a mear y no echar gota?) parezca el correcto y que el del común de las gentes se antoje como de otro tiempo, además de soez.

Nada más lejos. Eso, unido a algunos quistes y ortopedias de la poesía de retaguardia que nos quieren seguir vendiendo, puede hacer pensar que lo popular en la poesía sea el antes y lo nosequé el ahora.
Todo lo contrario: jugar en primera línea con los elementos del habla al día y en plena libertad de lenguaje es la única manera de poder decir en poesía algo que realmente duela, avive y me importe.

No deja de sorprenderme quien dedica su tiempo a buscar su voz. Yo, como toda hija de vecina, soy multitud, coral, confederada. Y me cuento también así. Que una no es la misma todo el rato, normal que tenga más de una voz y un deje, y que sean distintos los kilometrajes de mis poemas.

Por la escritura poética he sabido que algunos hombres de mi familia fueron legendariamente libres porque, para empezar, tenían concedida socialmente esa posibilidad. Las mujeres no. El poblado jamás hubiera permitido que la borracha de la casa fuese mi abuela. Las disensiones de mis mujeres, sus desobediencias —tantas veces no reconocidas, negadas como tales por ellas mismas a la luz del día—,han transcurrido por las costuras de lo íntimo, casi de lo no dicho, de puertas adentro o bajo el luto, el mantón, la toca, bajo todo lo que emboza. A esos espacios de libertad me atengo. Son mínimos, pero existen y me salvan. Así la Ley, la doma y la transmisión de la Realidad aplastante se presentara en mi vida en la advocación de mujer.

Con el método contrario, que viene siendo el mío, este de decir con la boca o el papel y entonces desembozarme, desnudarme —menos meritorio y valiente, por cierto, que el de ellas en sus circunstancias— rindo homenaje a lo infinitesimalmente subversivo, a lo íntimamente libertador. Me interesa susurrar el gesto mínimo de mi abuela chiquita. Que la oda a Bolívar la escriba otra.

Llevado al terreno de la voz poética, incluso literaria, efectivamente practico de forma naturalizada esa presentación ora irónica, ora cínica, ora salerosa de la pena. Sale sola. Es una manera de despegarse de lo que mucho duele, es la manera de tomar perspectiva y es la manera de no parecerme a mí misma una lastimera. Supongo que también lo hago por reacción hacia tanta tristura en verso que no es verdadera ni llevadera, a tanta polladica lacia de la poesía burguesa (y hablo tanto de la antigüita como de la moderna).

Magnífica entrevista de Yaiza Martínez en Tendencias 21.

 

 

 

«Camacho habla» recibió 1 desde que se publicó el 27 Julio, 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. joe dice:

    Leí la entrevista y ademas de descubrir “su voz”, me ( re)encontre con la voz analfabeta de mi lengua materna. Me alegró. También entre las anotaciones que hice estaba esta:

    “No deja de sorprenderme quien dedica su tiempo a buscar su voz. Yo, como toda hija de vecina, soy multitud, coral, confederada. Y me cuento también así. Que una no es la misma todo el rato, normal que tenga más de una voz y un deje, y que sean distintos los kilometrajes de mis poemas”.
    A principio de este año escribía:

    ¿Voz mía? ¿Quien soy yo ,
    para ser propietario de la canción?
    Voz, voces, y más voces,
    de la común canción inacabada;
    pero tenemos
    la melodía, tiempo y manos.
    Voz, voces, y más voces…

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