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Apalabrando la tensión : Porción del enemigo

Tengo, seguramente un problema con la poesía de Enrique Falcón.  Un problema de distancia,  de falta de ella, porque desde que descubrí a Enrique en los poemas de la monumental Marcha de 150.000.000, no puedo evitar que sus versos me atraviesen. Ya dije hace tiempo que, remedando lo que Cardenal dijo de Pound,  dentro, tal vez de 100 años, alguien se preguntará quien es el tal Bush que mencionaba Falcón en sus poemas. Mientras la gran mayoría de los poetas españoles andamos de aquí para allá con nuestros anémicos poemitas, Falcón canta las fracturas de este tiempo, apalabra la tensión que nos cruza.

Tiempos fragmentarios, abrumados por la desinformación y por el exceso de datos y palabras vaciadas de su contenido original, o retorcidas o torturadas, hasta que el ruido nos insensibiliza. Tiempos desestructurados, la única manera de ser contados y cantados es,  tal vez, fragmentariamente: con la técnica del recorte, del collage,  del cortapega  aparentemente enloquecido que ilumina las contradicciones enterradas bajo las torres de informes, desvela las trampas escondidas al fondo de los noticieros…  con la de la producción de inauditas conexiones verbales que rompan la apariencia y la tramoya, uniendo palabras aparentemente incompatibles. Hay quien considera todo eso una vuelta a las vanguardias de los años 20 del siglo XX,  una rareza propia de un poeta español que lee más autores latinoamericanos que los propios de cierto canon nacional. Yo creo que ese arsenal propio (atentos a la contradicción) del vanguardismo clásico es el que nos puede ayudar decir lo escondido, ya que, a fin de cuentas,  nuestros próceres lo tienen asimilado y lo usan a veces con mayor creatividad incluso que la de nuestros poetas cuando hablan, por ejemplo, de “crecimiento negativo”,  o de “indemnización en diferido”,  o “políticas basadas en la transparencia”… Falcón utiliza todas esas herramientas como nadie para desnudar la realidad,  para limpiar lo que tantos ensucian, para putearnos, porque la poesía de Falcón no es fácil para quien la lee. No produce certezas a las que engancharse con el gesto confiado, ni coplillas que nos calienten la temerosa barriguita.  Nos avisa:  ¿ Estáis todos preparados? / ¿ de veras sentís que estáis todos preparados?

Porción del enemigo cierra uno de esos arcos argumentales en los que Falcón ordena sus libros, la Trilogía de las sombras, cuyos dos primeras obras son Amonal y Taberna roja, pero para mí este tercer libro es como un acelerón respecto a esos dos poemarios. Creo que, de algún modo, mientras los dos libros anteriores giraban alrededor del dolor y la resistencia frente a un estado de cosas radicalmente injusto , Porción lo cruza del primer al último verso, la tensión. Esa tensión que atraviesa nuestra sociedad que se expresa en una rabia sorda, que ocasionalmente, y cada vez con más frecuencia, explota con mayor o menor sentido, en coches que arden, en hombres en pie en medio de una plaza, en manifestaciones masivas. Poemas dichos al aire en medio de la tormenta.

Hay poemas que nacen clásicos desde que salen de la cabeza del poeta. Les dejo con uno de esos:  CANCIÓN DEL LEVANTADO

No adoptes nunca el nombre que te dé la policía
No acerques tu caricia a la piel del invasor
No comas de su trigo, no bebas más su leche
No dejes que tu alberca la vuelvan lodazal

No esperes casi nada de su magistratura
No reces en su lengua, no bailes con sus ropas
No pierdas nunca el agua que duerme a los guardianes
Ni alojes en su boca la sal de tu estupor

No guardes en el sótano más bombas incendiarias
No firmes con tu letra los presagios del poder
No tiendas más cadáveres en la comisaría
No esperes nunca nada de la voz del ataúd

No entregues tu camisa a ninguno de sus bancos
Ni viertas en tu vientre el pozal de una bandera
No lleves a tu amigo a los pies del impostor

No dejes que su lengua fructifique tras tu casa

No permitas a tus hijos,
nunca dejes a tus hijos
esconderse en su jardín.

Más veces habrá de volver esta Porción del enemigo a este blog…

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