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A vueltas con la poesía postadolescente I

Tengo para mí que la mayor parte del público de esta nueva “poesía superventas” pertenece a esa digamos nueva franja que podríamos llamar de postadolescencia, compuesta por jóvenes que, aunque ya no se les puede considerar “teenagers”, porque dejaron de ser teens, siguen viviendo en las mismas condiciones familiares y sociales por la imposibilidad de alcanzar una emancipación efectiva. Ese bloqueo social y laboral puede estar generando que ese salto que se da a cierta edad en que se pasa de leer “los libros que me ayudan a entenderme” para empezar a leer los libros “que me ayudan a entender el mundo” se retrase.

Bueno, ya me extrañaba que esta especie de fenomenillo social no diera más de sí. Hace un tiempo acá hablamos de la poesía postadolscente o, memética, como siguiendo a Germán Machado, dimos en nombrarla en aquella conversación a tres voces con Marcos Tarácido y Germán, surgida alrededor de un artículo de Jesús Bonilla, el primer valiente. Desde entonces no me había encontrado con más conversaciones escritas sobre todo esto, hasta hace poquito.

Y hace poquito, un poeta de la quinta de los “meméticos”, pero opuesto vehementemente a lo que éstos suponen en el panorama actual de la escritura y publicación de la poesía, Diego Álvarez Miguel, alzó la voz en un interesante texto: Tras el boom de los nuevos poetas, llega la poesía, publicado prácticamente a la vez que una densa presentación del panorama de la “poesía joven” en Ctxt: 50 kilos de adolescencia, 200 gramos de internet, de Unai Velasco. Mientras el de Álvarez Miguel es claramente beligerante, el texto de Velasco es (al menos en esta primera parte, anuncia segunda) más bien descriptivo.

Me imagino que la rociada que le ha debido caer en diferentes canales a Álvarez Miguel habrá sido de tal calibre que de algún modo se ha visto forzado a escribir una segunda entrada, más matizada: La nueva poesía: quizás no nos guste pero tal vez sea necesaria. Y en la misma revista online Oculta (un descubrimiento, mis felicitaciones a sus promotores), aparece casi al tiempo una última aportación, en este caso de Fernando Valverde: También son poetas: sobre el boom de la poesía juvenil. He leído atentamente estos textos y, como en 2015 ya Germán, Marcos y yo estuvimos hablando de todo esto, he sentido la necesidad de hacer mis propias apreciaciones sobre este divertido debate, desde la perspectiva de alguien que hace ya muchos años que dejó de ser poeta joven en el sentido cronológico del término. Todos los que escribimos poesía aspiramos a que nuestros poemas sean siempre jóvenes, vivos e interpelantes en cualquier tiempo, no es escasa pretensión.

Hay varias cosas que me llaman la atención de este conjunto de textos, una de ellas, y no la menos importante es como se van moviendo las fronteras del concepto de juventud, lo cual no es sólo algo que suceda en el campo poético, sino en la sociedad en general. Uno de los autores estrellas de esta “poesía joven que no se quiere considerar poesía a sí misma aunque se publique en una colección de poesía”, tiene 37 años, y, qué se yo, recuerdo que cuando yo tenía esas edad me sentía, ay, cualquier cosa menos joven, al menos en el sentido “juvenil” del término. Otros autores del colectivo tienen su fecha de nacimiento bastante a cubierto, por lo que he visto, pero tengo la sensación de que los 20, e incluso los 25, los han cumplido ya todos… No hay ningún Rimbaud acá, ni ningún Félix Francisco Casanova. Y tengo esa misma sensación respecto a su público. Ya en 2015 comenté que “que quienes llenan los pubs/bares culturetas y demás a las once de la noche para escuchar a los autores de esa poesía memética, como tan agudamente la denomina Germán, no creo que sean quinceañeros o quinceañeras.” Tengo para mí que la mayor parte de su público pertenece a esa digamos nueva franja que podríamos llamar de postadolescencia, compuesta por jóvenes que, aunque ya no se les puede considerar “teenagers”, porque dejaron de ser teens, siguen viviendo en las mismas condiciones familiares y sociales por la imposibilidad de alcanzar una emancipación efectiva. Ese bloqueo social y laboral puede estar generando (y yo soy poco de creerme cualquier tipo de teoría, incluso las mías, tómense todo esto como una intuición más que otra cosa) que ese salto que se da a cierta edad en que se pasa de leer “los libros que me ayudan a entenderme” para empezar a leer los libros “que me ayudan a entender el mundo” se retrase. No creo, por tanto, que estemos ante un nuevo género de “poesia juvenil” de la que habla Valverde. Esta ha existido siempre en las revistas para adolescentes – tipo la legendaria “superpop”- y para fans desde, al menos, los años 70, sino a una extensión de la sensibilidad adolescente hasta edades correspondientes a lo que antes se llamaba una o un “adulto joven”.

Otra cuestión que me llama la atención es lo que comenta Álvarez Miguel sobre la frecuente actitud de autonegación: “esto que escribo no es poesía, son mis cosas”. Bueno, es un ejercicio de falsa modestia o de autoengaño por quien así se manifieste, no otra cosa; aquí me autocito siguiendo a Terry Eagleton: “Tras la extensión de los límites de la poesía por las vanguardias históricas, qué sea poesía (al igual que pintura y, en general, arte) es una convención: poesía es aquello que se emite y se acepta recibir como tal”. Así que, si el público recibe tus textos como poesía, serán poesía; eso no significa que sean buena poesía, que no sea simplona, predecible, sentimentaloide y plana. No trates de escaparte. Si tu origen como autor es ser rapero, hecho a las “peleas de gallos” no deberías asustarte de como la gastamos los poetas ante un poema que no nos gusta o ante un autor/a que nos cae mal. Somos muy mala gente. Volveremos sobre esto y sobre la peligrosa idea de la “incriticabilidad de la poesía”

Creo que Álvarez Miguel no anda desencaminado cuando apunta a la generación-escuela de la poesía de la experiencia como precedentes de todo esto. De hecho conozco poetas de mi generación a los que me imagino con toda claridad golpeándose la cabeza contra la pared de su cuarto mientras se preguntan amargamente porqué esta ola llegó tan tarde, con ellos (fundamentalmente ellos, por cierto) tan mayores… Ah, es lo que tiene el advenimiento de las redes sociales y la gestión adecuada de la “marca personal”, así que consejo para joven poeta o aspirante a: tienes que decidirte: Si quieres ser famoso o famosa y vivir de tus escritos, trabaja tu presencia en redes, usa youtube con talento, genera alguna polémica guapa… lo de escribir ya lo harás cuando te conozcan. Siempre, es otra alternativa, puedes seguir la vieja tradición de participar en concursos literarios, en revistas minoritarias, etc… Es cosa tuya, pero no digas que no te avisé si no te luce mucho.

Una idea que aparece en el texto de Álvarez Miguel y que me cuesta dejar pasar es la vetusta distinción entre Línea clara / Linea oscura: para mí eso siempre ha sido un juego de conceptos aplicable al cómic en los años 80 con el choque entre revistas como “El Víbora” y Cairo”, nunca lo he comprado como algo aplicable a la poesía, aunque estuvo de moda en su momento. No creo en poesía que busque la oscuridad adrede, sí creo que la realidad es compleja, y tratar de decir/cantar la complejidad se compadece poco de simplonerías: la sencillez no es lo mismo que la simpleza, pero caminar sobre esa línea sin caer en los tópicos y en la babosería es (y ha sido siempre) privilegio de muy pocos.

Prometo seguir, les dejo con una frase que escuché en la serie Glee, orientada al público adolescente y que me hizo tirarme a por un bolígrafo como un loco para recogerla: “Hoy en día ser anónimo es peor que ser pobre”. Pensemos sobre ella, que tiene que ver con mucho de lo que está pasando, y seguimos hablando de poesía postadolescente.

«A vueltas con la poesía postadolescente I» recibió 4 desde que se publicó el 24 Enero, 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Te divertirás con las observaciones generacionales de Sinek (tiene subtítulos aunque no demasiado buenos), creo que complemetan la idea de que estas curiosas peculiaridades se deben al retraso de la edad de emancipación:

    https://www.youtube.com/watch?v=JZqDUpaGZrk

  2. Genial el video, aunque algunas de las observaciones empiezan a ser intergeneracionales. Dándole vueltas a todo este tema a veces pienso que somos los “adultos” los que sienten terror ante la emancipación de sus hijos e hijas. Ahora van a empezar a impedirlo desde lo antes posible, con la nueva cultura de la “crianza por apego” 🙂

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