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45 poemas tontos y 8 latigazos

Aquí está mi introducción a los poemas de este último libro de Eladio Orta, en la colección Xibaba, de  Amargord Ed. Quienes siguen este blog ya saben mi afición por esta voz verdaderamente distinta en la poesía hispana. Así que ha sido un placer y honor encargarme del prólogo. Les animo a que se enfrenten a los poemas que, a modo de muestra, he copipegado aquí, y a que no se pierdan los libros de Eladio/Heladio/Amin.

Se reúnen los Eladios: agárrense los calzones

Creo que estaríamos mayoritariamente de acuerdo en que el sentido del humor no abunda en la poesía española actual. Es curioso que esto sea así dada la tradición tanto en la poesía popular como en la llamada “poesía culta” en castellano del uso de la sátira y la burla ácida como recurso poético desde las cantigas de escarnio o de maldizer, pasando por Quevedo hasta el Alberti de “Yo era un tonto…” Parece que en algún momento los poetas hispanos, dando la espalda al consejo de Mairena, decidieron tomarse un poco demasiado en serio. Cuanto más en serio se han tomado, llenando sus poéticas de discursos huecos o de poses de “mentón sobre puño”, menor la influencia social de la poesía.

Eladio Orta es un poeta periférico, cuando le aplico este adjetivo no me refiero solo a su posición geográfica, ahí en su Isla  Canela, sino especialmente respecto de los discursos y actitudes de las distintas oficialidades poéticas que pelean por los escasos espacios y fondos públicos que se dedican a la poesía. Lleva mucho tiempo haciendo la guerra por su cuenta, y el humor, ácido y afilado, es una de sus armas. Así que resulta difícil que encuentren sus poemas y sus antipoemas en la variedad de antologías que cada tanto se publican.

La periferia, la insularidad, es una posición estupenda para avizorar los discursos que se quieren y declaran mayoritarios y verles la tramoya. Desde la periferia, Eladio y sus avatares-compinches, Heladio Horta y Amín Gaver, llevan años disparando, aparentemente de manera indiscriminada, pero con un criterio difícil de cuestionar. A veces con detonaciones breves, como la que abre, de manera tan brutal como sabia el primer grupo de estos 48 poemas tontos y 8 latigazos, y otras con largos desarrollos donde las metáforas encadenadas iluminan como focos.

Qué iluminan esos focos: nuestras carencias, nuestras complicidades, la neolengua con la que nos acorazamos para justificar lo injustificable y sentirnos en la cúspide la superioridad moral, nuestras tonterías.

Orta es también el poeta que recoge el lenguaje campesino, ese que está aún más allá de la periferia en la poesía española, tan urbana de los últimos treinta años. Afina su arsenal con palabras campesinas que rescata del seco, con imágenes pegadas a la tierra en libros como los extraordinarios, por su altura y por su excepcionalidad, Sincronía del solejero, o La isla de las retamas. También es capaz de trasladarse a la tradición mística española y latinoamericana, como en Traductor del médium. Pero en un momento se le  acaba de inflar el gorro, y llama a los  colegas /  avatares / heterónimos /banda… y hay que agarrarse los calzones.

48 poemas tontos y 8 latigazos se ve fruto de una de esas veces, en las que la tontería ambiente reclama un par de versos cortantes, o / y, un largo grito que permita al silencio recuperar su espacio, y pocos como los Eladios (Orta / Hortas / Gaver) para hacer eso. Pese al provocador y equívoco título ya les aviso: tonterías las justas.

Aquí tenemos la detonación epigramática, la broma asesina (“anotaciones de amín gaver sobre las clases sociales: la clase obrera me deprime / 2004 la clase acomodada me la refanfinfla / 2014”) o greguerías como esta: “las zapatillas son imprescindibles / en toda relación amorosa” destinados a provocar la estupefacción como paso previo y  necesario para la reflexión, cortes en el entramado de realidad que damos por inamovible, y también poemas que, por el contrario, y casi como contraste, se desarrollan en extenso: les animo a que lean en voz alta el “1 desconozco lo que conozco”, déjense llevar por el ritmo verbal e imaginativo. Flipen.

Este periférico poeta de las retamas en peligro, cuya obra ha ido publicándose en su mayor parte en diminutas editoras autogestionadas de pequeñas ciudades del Sur, es una de las voces más maduras, originales y consistentes de la poesía española de los últimos treinta años. Les dejo con él y con las voces que le acompañan, y, lo dicho, agárrense los calzones.

Y ahora, cuatro poemas de 45 poemas tontos y 8 latigazos, de Eladio Orta:

mucha pose
poco poso


y 1 desconozco lo que conozco

conozco
los ladridos de los perros
adiestrados en los desiertos del terror

conozco
las purificaciones en los prostíbulos
del rezo desmemoriado

conozco
la disciplina hemorrágica
de los popes de la opresión /
tejiendo nudos de hielo
en los espejos rotos de la ceguera

conozco
las alas mustias de las huellas
dactilares / en las ideologías cerradas /

conozco
la paz transitoria de los sabios
de la guerra
(envejecer
salpicado por los gemidos
de las úlceras dunares /


y 1 capitalismo

el capitalismo todo lo quiere grande
el capitalismo

grandes edificios / grandes artificios
grandes pantallas / grandes batallas

grandes desastres / grandes lastres
grandes tetas / tetas grandes

el capitalismo todo lo quiere grande
el capitalismo

grandes críticos / grandes científicos
grandes poetas / grandes apologetas

grandes vanidades / grandes caridades
grandes gestores / grandes administradores

el capitalismo todo lo quiere grande
el capitalismo

grandes rascacielos / grandes deshielos
grandes desembarcos / grandes desfalcos

grandes tiburones / grandes panteones
grandes alimañas / grandes mañas


y 1 veo veo

veo albañiles construyendo muros en el desierto
veo ojos ciegos de perros baldíos en el fango

veo el óxido de las corrupciones / favorecidas
por el plan de choque de las fiscalías

veo bisagras negras oxidadas / donde la mayoría
ve progreso y resplandor reluciente

veo significados adulterados
por los administradores

invisibles de la barbarie

veo hileras interminables de avaros
saqueando el granero de la comunidad

veo la presencia de la sombra del jazmín
a mi espalda / pero este país huele a desolación y
a aliño de paquetería en los paraísos fiscales

veo rabos relucientes de perros poetas
a escasos metros de la esquina fluvial
de la santísima calle de la merced

veo ojos opacos de buitres sobrevolando
la carnaza poética de mi muerte

veo la ceguera de las acumulaciones de hélices negras
bailando sobre las tapas de cajones blindados
en los escaparates del consumismo

veo alfombras voladoras paseando tiburones
disfrazados de santos caóticos
en el carnaval de los muertos vivientes

veo apaño y consenso en las gradas
del gran circo / eso veo / palabras
prostituidas en nombre de la democracia

veo niños con pies de zapatos en los ojos

Y más aquí.

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