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Milán: Hace mucho que la poesía no es esa cosa esencial que nos vuelve hermanos

Arturo Borra realiza una estupenda entrevista a un Eduardo Milán con ganas de hablar. Milán es un poeta controvertido, del que los amantes de la, por así decirlo, “linea clara” en poesía, despotrican. Desde mi punto de vista es una voz tremendamente original (en el sentido de que no se queda en superficie, sino que busca la poesía en el origen casi precomunicacioonal de las palabras) y dice cosas muy interesantes en esta entrevista. Aquí subrayo aquellas con las que siento mayor coincidencia:

La poesía juega a partir de la ética del poeta, no juega sola. Me cansé de aquellas voces que salvan por anticipado a la poesía, que la salvaron siempre, que, de alguna manera, le otorgaron un lugar tan especial. Alguna vez – en Resistir creo que fue- arrinconé ese argumento contra las cuerdas -no sólo contra las vocales: contra las del ring- y hablé de un mundo donde la poesía se salvaba y se hundían los humanos. A esa paradoja lleva decretar la salvación de la poesía por anticipado. La poesía es política como todo acto humano. Y puede ser política como forma de resistencia.

Me enervan quienes parecen considerar que el hecho de escribir poesía te hace portador de manera automática de nobles valores. Tengo para mí que no es así y mi experiencia con el, digamos, “mercado poético”, me lo confirma. Precisamente, hace poquito, recogiendo un poema del propio Milán me permití contradecir uno de sus versos (la poesía está con los restados)… Está, si el/la poeta quiere. No es un “en sí” de la poesía, es una opción política y personal. Me parece que eso es lo que quiere decir Don Eduardo en el fragmento anterior.

A los pueblos que sufren puede o no interesarles la poesía. Y luego veremos qué poesía les interesa. Fabricamos equivalencias con la facilidad de la necesidad. ¿Cuáles pueblos? ¿La parte que se levanta contra el capitalismo o la parte que busca un lugar en el capitalismo? Volviendo a tu pregunta anterior: si algo cabría esperar de nosotros los poetas es que sepamos caminar por este borde difícil, en este equilibrio difícil. Hoy todo está en juego. Hay que preguntarse si ese mundo extrapoético o ese afuera -esa gente, esos lectores- quieren mejorar o quieren cambiar. Si todo está en juego, insisto, la poesía también está en juego. Es insostenible la complicidad de los poetas alrededor de la poesía como si la poesía fuera la misma cosa. Hace mucho que la poesía no es esa cosa esencial que nos vuelve hermanos.

Dedica una respuesta muy pensada Milán a la relación entre poesía, urgencia y los nuevos movimientos “indignados”. No voy a reproducirla entera (léanse la entrevista, diablos), y en ella me gustan ciertas distinciones básicas que en algunos discursos grandielocuentes se olvidan: la poesía no se “indigna”, el arte no “se indigna”. (pura comunidad imaginada y discurso uniformista) Lo hacen los seres humanos y los poetas que lo hacen, en cuanto tales. Y cada uno de estos y estas, a su manera, más o menos personal.

La creación artística que yo valoro vivía en el punto de indignación. Otra no. El problema es que esa que no se volvió mayoritaria y dominante. Tampoco se volvió celebratoria como un Perse o un Guillén. Se volvió pasiva, acompañante, expectante de los resultados de la Academia. Eso también indigna. La dignidad de la poesía pasa por no esperar nada. Y eso es dificilísimo en este mundo.

Este fragmento en particular me encanta:

No se puede renunciar a la crítica. Los grandes maestros de la negación -como los grandes maestros de la Nada en Oriente- fueron los que formaron el concepto que manejamos de la conciencia, sobre todo la crítica. Renunciar a la conciencia crítica es enfermarse. El mayor síntoma de salud que conozco es denunciar los abusos del Poder. Y eso está considerado, precisamente, una especie de “enfermedad negativa”. Los cansados de negación son los que ahora vienen con el abrazo hermano y con la poesía “para mirarse a los ojos”. Conmovedor de veras. Equivale en términos políticos a la negación de la justicia. Viva la hermandad caritativa del beso. A mí que me cuenten fuera.

Me da entre dolor de tripa y risa ver a gerentes de sus propios “chiringuitos poéticos”, beneficiarios de extravagantes becas, subvenciones, premios y prebendas varias en los buenos y no tan viejos tiempos… venir a ponerse a las carreras al frente de la manifestación.

Y a lo siguente, simplemente, ameń:

Si la implicación política del erizo-poema es la incomunicación bienvenida sea. La comunicación es para los comunicadores. Si un poema espanta hoy en día todavía hay esperanza. El problema es precisamente que ningún poema espanta. El adormecimiento que da lo previsible necesita de vampiros, días después de mañana, sequías, hambrunas de radical suelo rajado. Hoy la incomunicación es política porque actúa como alternativa a la sobre-comunicación. Seamos contingentes. Esto es hoy, política es hoy.

Ojo, hay muchas más cosas en esta entrevista,que es la más jugosa que le he leido a un poeta en bastante tiempo, y ahí, claro, hay mucho mérito de Arturo.

Y, si quieren leer algunas ideas diferentes al egotismo del poeta que cree que todo sucede para que él/ella lo “eleve” a un poema, aquí tienen también una entrevista a Viktor Gómez a cuenta del libro “Por donde pasa la poesía“, y un texto breve y simple pero que nos habla de la naturaleza del poema a través de la experiencia de la traducción y de algunas cositas que se nos olvidan cuando nos atronan los berridos sobre la “autoría” en peligro y sus derechos. De Marcos Taracido: Traducción poética y fingimiento.

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