…la Biblioteca de las Indias Electrónicas, que dirige, y en la que me siento orgulloso de participar, aunque sea modestamente… La Biblioteca es una iniciativa emanada del Grupo Cooperativo de Las Indias Electrónicas. Ella lo cuenta muy bien.
Si el lenguaje no es exacto, lo que se dice no es lo que se piensa; si lo que se dice no es lo que se piensa, las obras no llegan a existir; si no llegan a existir las obras, no prosperan la moral ni el arte; si la moral y el arte no prosperan, no acierta la justicia; si la justicia no acierta, el pueblo no saben donde poner su mano y su pie. Así pues, no se tolere arbitrariedad alguna en las palabras. Esto es todo lo que interesa.
Este pensamiento de Confucio, que explica tantos de nuestros males actuales (ese lenguaje propietario y tramposo que oculta genocidios bajo circunloquios, tan propio de los expertos en lo inane que nos asfixia en su verborrea incensate), recogido por un discípulo suyo, según nos cuenta Nicanor Vélez que contaba Hilda R. May, lo retenía Gonzalo Rojas en su memoria desde los veinte años, y lo asumía casi como una declaración de principios. Queda aquí, a ver si nos los aprendemos y recordamos (guardado en el corazón, ajustándonos a su etimología). Y queda también este poema de don Gonzalo:
REMANDO EN EL RITMO
Cada lágrima derramada con pasión es un grano de arena robado al desierto del vacío:
Cada beso es una llama para el resplandor de los muertos.
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Me encuentro aquí este pedazo de poema del amigo Daniel Macías, y corro, es un decir, ya se sabe, a ponerlo aquí. Tanto dicho en tan poco:
EL PARAGUAS ROTO DE LA RES PUBLICA
Llueve con fuerza y se nos aparece un paraguas blanco,
enorme, perfecto para dos, y sólo tiene una varilla rota.
Sin excusa para no pasear seguimos en el abrazo que camina cálido.
Gracias a tus pistas encuentro el pajarito firma que se esconde
bajo las llamas del infierno en la iglesia del Cristo de Burgos,
un poco más adelante los sintecho lo encuentran
en los soportales de la Encarnación,
y levantamos la mirada, intentando descifrar
frente a una obra faraónica de setas gigantes
qué cosa es la cosa pública y a qué publico representa,
y comprendemos el escaso poder de nuestra magia,
capaz de crear de la nada un paraguas,
pero un paraguas que sólo sirve para dos.
No es frecuente que caiga sobre un poeta el Nobel de literatura (¿Es la poesía “literatura”?. Esta es una pregunta Gamonediana que no dejo de hacerme), y menos en un poeta en una lengua minoritaria a nivel mundial, como es el sueco con su alrededor de nueve millones de hablantes… así que cuando sucede, nos coge a muchos con el pie virado y debiendo aceptar lo insondable del pozo de nuestra ignorancia. También nos da pie para investigar, para descubrir, lo que es siempre una alegría, qué demonios. Y esas búsquedas a veces alumbran caminos inesperados, como este que nos lleva a Tomas Tranströmer, allá en el gran norte Sueco a través de Uruguay, tan tan al sur. Lo cuenta el amigo Germán Machado en su imprescindible Garabatos y ringorrangos, y le asalto el poema del reciente Nóbel, ya editado por allá en 1989. Aquí les va. la traducción es del poeta uruguayo Roberto Mascaró, que parece ser quien primero empezó a volcar al castellano los poemas de Tranströmer:
Lamento
Él apartó la pluma.
Quedó quieta en la mesa.
Quedó quieta en el vacío.¡Demasiado lo que no se puede escribir ni callar!
Está paralizado por algo que sucede muy lejos
aunque la milagrosa mochila late como un corazón.Afuera está el verano.
Del verdor llegan trinos —¿personas o pájaros?
Y el guindo en flor palmea los camiones que llegaron a casa.Pasan semanas.
Se hace lentamente noche.
Las polillas en la ventana:
pequeños, pálidos telegramas del mundo.—
(Del libro: «El cielo a medio hacer», 1962)
Un poema de Samir Delgado, de su reciente libro Banana Split:
FOLIO PRIMERO. Por orden del juzgado de instrucción de Granada el taladro geomántico inicia la perforación sobre el lugar del crimen. La primera veta descubre piedras magulladas por el dolor del tiempo. Aparecen a la superficie ramilletes de jacintos y luciérnagas muertas. El martilleo incesante extrae algunos libros de la Columbia University y los primeros trozos dispersos de la Barraca. Hay crines de caballos. Corazones de manzana. Una sombra de chopo y cuerdas rotas de guitarra. Pero ni rastro de las huellas del duende gitano. Ian Gibson tenía razón. No había luna en la noche que mataron al poeta Federico García Lorca.
Un poema de Carl Sandburg ( Los poemas de Chicago1916)
Tuve noticia del gobierno y salí en su busca.Dije que, cuando lo viera,lo iba a examinar a fondo..
Vi entonces a un policía que arrastraba a un borracho camino del calabozo.Era el gobierno en acción..
Vi a un administrativo municipal colarse en un despacho una mañana y conversar con un juez. Entrado el día, el juez desestimó una acusación contra un carterista que trabajaba en el departamento de ese administrativo. De nuevo vi que ése era el gobierno, y que así hacía las cosas..
Vi a los paramilitares apuntar con los fusiles a una muchedumbre de de obreros que trataban de conseguir que otros obreros no entrasen en un taller en el que se había declarado una huelga.El gobierno en acción..
Por todas partes vi que el gobierno es una cosa hecha de hombres, que el gobierno es de carne y hueso, que sus numerosas bocas susurran en muchos oídos, envía telegramas, apunta con rifles, redacta órdenes, dicindo “sí”, diciendo “no”..
Muere el gobierno como mueren los hombres que lo forman y que van a dar con sus huesos en sus tumbas, y el gobierno que lo sucede es humano, hecho de latidos, de sangre, de ambiciones, lujurias, y dinero que todo lo recorre, dinero pagado, dinero cobrado, dinero escondido del que sólo en voz baja se habla..
Un gobierno es tan secreto y misterioso, y tan senisble como cualquier pecador humano cargado de gérmenes, de tradiciones y corpúsculos transmitidos por padres y madres desde hace muchísmo tiempo.

