El conflicto social y la poesía en la época democrática

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Bueno, vamos a seguir haciendo amigos…

La reciente publicación del artículo La poesía vuelve a enfadarse (que en sí mismo da para un muy divertido análisis, acompañado de su lista de comentarios) en el diario Público, me ha dado que pensar (malo, malo…) y lo que sigue es un precipitado de lo que dicho artículo me trajo a la cabeza, en un a modo de ejercicio de sociología de andar por casa, del que, tal vez, salga más adelante un texto más en profundidad, con más referencias, datos y citas… pero quería compartir con ustedes estos apuntes sobre mis sensaciones sobre este “¿repentino?”  crecimiento de la poesía de corte crítico o afectada por lo social, como prefieran.

Y esto empieza así:

Los años 80 fueron una época muy dura en España. Tal vez  el paso del tiempo edulcora inevitablemente aquellos tiempos, que vinculamos casi automáticamente con la Movida, las fiestas hasta el amanecer, la ruta del Bakalao y un buen puñado de grandes canciones, pero, decía, los 80 fueron unos años muy duros en España.

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Tonterías ante la incertidumbre

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Bueno, me he hecho el remolón para entrarle a este tema básicamente por su falta de interés de verdad, otra cosa es que a uno una buena polémica le de vidilla… Les cuento: resulta que la potente colección de poesía Visor ha publicado una nueva antología de poetas “jóvenes” o “nuevos” (es curioso como se estiran estos conceptos en el ámbito de la poesía, tal vez como reflejo de una sociedad en permanente adolescencia). Bueno, eso, una más de las yanisé cuantas antologías de poetas jóvenes o nuevos se han publicado en los últimos cinco años, desde todas las perspectivas posibles (de género, de relación con internet, de su admiración por tal o cual poeta…). Y, como en todas ellas, poemas excelentes, buenos y malos… Esta antología, sin embargo, se diferencia de otras por varias cuestiones que merecen consideración: una, que rompen el límite fronterizo de los estados para tratar de abarcar el más natural (al menos si hablamos de poesía ) de la lengua, de modo que recoge autores de varios países hispanohablantes. Me parece un acierto. Dos, los atrevidos autores prologan su colección de poemas con un manifesto, “Defensa de la poesía“, en el que despotrican de toda escritura poética que no coincida con la que dicen abanderar ellos, basada en una supuesta claridad, comunicativa  y receptáculo de una “nueva” sentimentalidad que nos permita afrontar estos tiempos “de incertidumbre”, todo basado en un argumentario pobre y ferozmente sesgado, que se comenta solo, la verdad.

El agresivo (ojo, no me parece mal un poco de agresividad y fervor crítico en un manifiesto poético, eso ha sido así desde que se inventó el género) manifiesto ha recibido respuesta por parte de poetas que sólo piden que se respete la existencia de diferentes poéticas, de escrituras y tradiciones plurales y no se les agreda gratuitamente. Cómo no suscribir tal respuesta, de hecho creo que cualquiera podría hacerlo, y que ese es uno de sus problemas…

Yo voy a ir un poquito más allá (solo un poquito, y tratando de ser “buena gente”…) desde mi muy humilde posición de poeta ultraperiférico habitante de unas islas casi invisibles tras la imagen de playa y sol, y, como decimos en ellas, si alguien se ofende dos trabajos tiene…

Una: Leo el manifiesto y me da un ataque de ego al pensar que se trata de una operación de “El canon contemporáneo, el juego de estrategia“, calcadita de lo que cuento en mi “El poeta en la ciudad digital“. A saber: poetas “jóvenes” (¿Sigue uno en la gaveta de “joven” con 38 añotes? Caramba, yo a esa edad ya tenía dos hijos y me sentía muy mayor…) que reivindican el centro de terreno de juego, apoyándose en unos “mayores” muy bien ubicados (Les remito a la lista de sus referencias que el manifiesto recoge y sobre la que habría mucho que hablar) y atacando a un supuesto enemigo, que, desde mi punto de vista, apenas existe más allá de su imaginación (y tal vez por desgracia).

Dos: Porque yo me lanzo a repasar las variadas antologías de poesía joven que han ido saliendo en los últimos cinco años, y que recogen a poetas de una quinta similar, y, chicos… yo no acabo de encontrar a poetas que trabajen desde “los discursos fragmentarios, el irracionalismo como dogma y el abuso del artificio”, más bien todo lo contrario… desde mi punto de vista la mayor parte de la escritura poética joven española (no me atrevo a extender esta de por sí generalización a otras fronteras) se caracteriza por ser lineal, clarita y reacia a la experimentación, aunque los discursos justificativos, también conocidos por “poéticas” puedan ser diferentes. Torpe seré, pero no encuentro a esos “jóvenes poetas actuales” que “se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura que no puede entender nadie”. Cuando encuentro a un poeta “escuro”, casi siempre cumplió los cuarenta hace un tiempito o está en sus alrededores. Así que los poetas “ante la incertidumbre” se inventan el enemigo, lo que está bien, porque un enemigo siempre conviene.Una interpretación más triste sería que apuntan al “enemigo” de sus “mayores”… eso sería una lastima.

Tres: el manifiesto está escrito en un tono que nos haría pensar que procede de poetas marginados a silenciados por el poder (por alguno, oiga) político o/y literario… pero echas un vistazo a las biografías de las y los autores y parece que la mayor parte se encuentran bastante bien ubicados (felicidades, oiga): premiados frecuentes, directores de festivales de poesía… ocupando, en fin, posiciones de poder (poder ridiculo, OK,estamos hablando de poesía). No se les ve muy en peligro o marginados, la verdad.

y Cuatro, y lo que me gustaría dejar claro en lo que a mí y a mi escritura respecta. Dicen los antologados ante la incertidumbre política, social, ecónomica y de valores que parece rodearnos que “La poesía puede arrojar algo de luz para alcanzar algunas certidumbres necesarias”. Pues vale, yo aviso: si alguien busca certidumbres en la poesía creo, sinceramente, que equivoca su función y la de la escritura poética de manera radical. Pienso que si busca usted certidumbres en este caótico comienzo de siglo (el caos es un orden que no hemos acabado de entender, dijo el matemático francés Poincare) debe dirigirse a la muy visitada balda de libros de autoayuda, donde encontrará un amplio catálogo de certezas y recetas para manejarse en la vida. Que la mayor parte de esos libros están escritos en un lenguaje simplón, monosémico y superficial, y llenos de recetas reconfortantes o autoculpabilizadoras, no le importe; lo importante es que se entienden y que nos dan certezas.

Y, siento decirlo, que nadie espere de mí ni de lo que escribo “certidumbres necesarias” porque, a: no las tengo, qué le voy a hacer, más allá de aquellas básicas que están en la raíz de lo que es ser humano. B: no pienso que la función de la poesia sea aportar certidumbres de ningún tipo, salvo que estemos hablando de poesía de servicio (servicio a unas ideas, servicio a un clan, servicio a un estado, servicio a un partido, a un “movimiento”…) que, ojo, me parece respetable y una línea de gran tradición, pero en la que me niego a servir, al menos militantemente.

Pienso con otro poeta de mi quinta “ya no eres joven ni de coña, pero aún no llegas a venerable”, Álvaro García, en su “Poesía sin estatua” que ” la poesía es la gran ironía grave de someter a destrucción incluso la certeza sobre lo aparente. La poesia basa su vitalidad en el ejercicio de descreer de lo sobreentendido, de lo más aceptado, por nimio, en la costumbre. Y de descreer también en el cliché de lenguaje que parece bastar para lo cotidiano.”

Es sabido ya (sabido cientificamente, demonios) que no hay comuncación “clara”, salvo que nos movamos en el territorio de la manipulación y de la imposición  (o del pacto) de significados. Eso lo sabe cualquier persona del mundo del Derecho, por eso muchas normas empiezan casi con un “diccionario” que defina “de qué hablamos cuando decimos tal palabra”. Toda palabra relevante está cargada de múltiples significaciones y de referencias personales, en su mayor parte intransferibles. Por eso el lector termina el poema y la hace radicalmente propio, porque lo carga con su propia carga, y por eso lo alimentará de sus propios sentidos, y eso es una cosa fantástica de la poesía… Lo otro es considerar que “tu” experiencia es “la” experiencia, que “tu” mensaje es “el” mensaje,y que “tu” verdad es “la” verdad. En poesía, por fortuna no existe ni “el bien común” ni “lo correcto”, y creo que así debe ser defendida de los animosos torquemadas de turno.

Hala, ya le puedo dejar el ordenador a mi hijo ;-)

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Si muero en la carretera

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Jo, vaya primavera tonta llevo, cuando no me gripo yo, se gripa mi ordenador, en fin… que sí, que se nota en el ritmo del blog, lo acepto.
Pero una cosa buena de esta estación cambiante por principio ha sido el reencuentro con Don Virgilio Piñera, el de La isla en peso. Piñera, un hombre que arrastró una vida cualquier cosa menos divertida, fue capaz de dar a la antología de la última parte de su obra el título de UNA BROMA COLOSAL, tan lejos en su actitud y su tono de la pose solemne e impostada tan habitual entre los poetas de esta orilla nuestra, convencidos de su proyección en la Historia (así, con mayúscula) y embarcados en debates que debían haberse superados hace un par de décadas, siendo condescendiente…

De esa Broma Colosal de Don Virgilio, comparto con ustedes este SI MUERO EN LA CARRETERA. Es posible que alguien considere este poema una muestra de “irracionalismo y abuso de artificio”… y no suficientemente “clara” (como diría un linuxero veterano, “WTF?”). Qué le vamos a hacer si el deterioro de nuestros sistemas educativos tambien acaba afectando a alguno de nuestros nuevos aspirantes a poeta laureado… Yo entiendo que a don Virgilio se le entiende siempre y se le entiende todo…

SI MUERO EN LA CARRETERA

I
Si muero en la carretera no me pongan flores.
Si en la carretera muero no me pongan flores.
En la carretera no me pongan flores si muero.
No me pongan sin muero flores en la carretera.
No me pongan en la carretera flores si muero.
No flores en la carretera si muero me pongan.
No flores en la carretera me pongan si muero.
Si muero no flores en la carretera me pongan.
Si flores me muero en la carretera no me pongan.
Flores si muero no en la carretera me pongan.
Si flores muero pongan en me la no carretera.
Flores si pongan muero me en no la carretera.
La muero en si pongan no me carretera.
Si flores muero pongan en me la no carretera.
Flores sin pongan muero me en no la carretera.
Si muero en las flores no me pongan en la carretera.
Si flores muero no me pongan en la carretera.
Si en la carretera flores no me pongan si muero.
Si en el muero no me pongan en la carretera flores.
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ELECCIONES DEMOCRÁTICAS

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Un poema de “El estado de la nación”, de José Ovejero:

Parece que, por fin, van a cambiar el programa,
cuando empezábamos a creer roto
el mando a distancia. Llegarán
otras caras y diremos enternecidos,
“¡son tan jóvenes!”,
como si lamentásemos de antemano
la hinchazón,
los ojos turbios,
los labios entumecidos,
las manos como movidas por hilos,
los trajes cada vez más impecables,
que el tiempo y la mentira les irán dibu
cjando,
y sabemos que ellos mismos serán
el retrato de Dorian Gray.
Toda la mugre,
el ansia, el temor disimulado,
las esperanzas perdidas,
irán deformando sus rostros
como el escultor airado
que destruye su obra. Y entonces querremos,
otra vez, cambiar de programa.
Buscar otras caras y disfrutar, secretamente,
con su destrucción progresiva.