de su caminar incensante, de juntar aereamente Valparaiso con Gadir y las islas egeas…Descanse usted en paz don Gonzalo Rojas. Y que su predicción sobreviva a las de los gurús vendedores de miedo y palabrejas mentirosas.
Uno de mis descubrimientos recientes es la voz de Laura Casielles. Aquí les dejo un sabroso poema de muestra: PRIMERA CONJUGACIÓN
PRIMERA CONJUGACIÓN
Encontrar las palabras
elementales. Aprender
cómo decir perdón en el idioma del que irrumpe,
y buenos días, y toma,
y he venido a conocerte, aprender
cómo decir gracias en el idioma
de los que también rasgan
y también
se desgarran,
cómo decir
café, cariño, patria,
shalom, salam aalaikum, aprender
cómo se dice pasa, entra, esta es mi casa
en un país al sur del que apenas
quedan ruinas, aprender
obrigada, spasiba, aprender
qué colores no existen en las lenguas de África.
Y cómo responder que sí en Pekín.
Llegar a las ciudades y descubrir
los entresijos del mercado,
entender,
aprender
cuál es en cada tierra
la etimología de alma, y de qué modo
saludaban al miedo mis bisabuelos.Encontrar las palabras elementales.
Y luego hablar.(De Los idiomas comunes)
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Han abierto hace poquito una librería en mi barrio. Un valiente, sí señor, que ha generado blog y club de lectura para darle vida y dimensión al pequeño local en que se ubica. Bien, entré a trastear u poco y me encontré con Zoo sin fauna, una colección de poemas escogidos de Antonio Jiménez Paz, poeta habitual de este blog y a estas alturas viejo amigo. Buena parte de los poemas escogidos pertenecen a Casi todo es mío, poemario del que ya hablamos aquí, pero encontrarse con los poemas de Antonio siempre consigue que algo quieto (no sé si plácida o siniestramente quieto) se revuelva… aquí van un par de poemas, a modo de ejemplo:
No vale pájaro en mano, no vale.
Imposible las manos quietas,
el beso quieto,
la sangre quieta,
imposibles.
.
Imposible la escritura muda
el jaleo comedido.
PAJARILLO
Yo quería volar
.
Cuando me enjutó
una energía para batir las alas,
yo batí mis alas.
Se esponjaron todas mis plumas
acelerando el batir de dos aspas
como torbellinos. Y salían de mi cuerpo
como también unas ansias gigantes
por levantar mis pies. Entonces,
yo quería volar.
Así empecé a sentirme levadizo,
amigo íntimo del espacio.
.
Cuando me hallaste aquel lunes
de bruces contra el suelo,
yo quería volar.
… y de paso dí con esta iniciativa editorial nacida en Tenerife, 23 escalones, que edita libros en diferentes formatos y que, si adquieres un de sus libros en papel, te regalan la versión ePub. Como dicen mis amigos Itinerantes camino de Siberia, el incendio se agita por los márgenes…
La poesía de Antonio Méndez Rubio no es fácil, no sólo obliga a detenerse en los versos, sino a recorrerlos varias veces, buscando pistas, no para encontrar “lo que el poeta quería decir” (posiblemente Antonio diría: a quién le importa), sino lo que nos dice el poema a nosotros. Hay veces que tengo un atisbo de respuesta, pero siempre con la sensación de que sólo me podría valer a mí… No es poesía para la asamblea, sino para la conversación honesta,y no sostenida para salir de paso, matar las horas, buscar asentimientos y consentimientos.
En el último poemario de Méndez Rubio, Cuerpo a cuerpo, yo he creido encontrar una de esas pistas para navegar sus poemas. Creo que, al menos en Cuerpo a cuerpo, Méndez Rubio ha partido de un lenguaje más conversacional (o coloquial si se prefiere, aunque odio ese conceptito) de lo habitual en otros poemarios suyos y lo ha pasado por su personal tamiz para producir una bebida diferente; ha hervido y ha prensado los lugares comunes del lenguaje diario hasta convertirlo en otra cosa: versos para decir la extrañeza del ruido y la tensión de los silencios. Para que las palabras no estropeen lo que el amor nunca explica.
Aquí les dejo tres poemas de Cuerpo a cuerpo, prometiendo volver…
Porque más daño
no llega a suponer que el aire
se vuelva contra sí mismo, en un remolino de nada,
según es la costumbre. Por lo menos aquí
no queda ninguna respuesta
más. Lo de menos
es eso. Se dice. Lo de menos
es lo que hay.
Luces. Y eso va a ser peor
que verte venir, que estar aquí
contigo
viendo que la noche no es nuestra
ni nada. Más que antes
piensas sólo en camisas de verano:
en aquel sobrevuelo –aunque fuera
posible.
De inseguridad, de miedo al día
hay niños que no madrugan.
La aurora no los espera.
………………………………………….
Esos gorriones sí que abren los ojos.
Se te va el corazón
a ningún lado.
A plena vigilia, en
medioo de este azar constante
¿cómo es que ve alguien
que estos e tiene que acabar
seguro? ¿Por qué ha de tenerse miedo
al silencio de un humo
que nadie nunca ha visto
salvo por ignorancia, entre las
borraduras que son de la pasión,
por entender la inocencia,
que penetrasn muy despacio en la
nueva vez del olvido?
Bueno, pues aquí está.
Se trata de un, no sé si ensayo, que parte de varios entradas de este blog que he hecho girar alrededor del clásico “El poeta en la ciudad” de Auden. Cuelgo aquí la introducción.Para leer el texto completo pulsen en la portada. Y ya contarán.Que de eso se trata, de animar la conversación.
Siempre me ha llamado la atención la capacidad de los intelectuales anglosajones para desbrozar todo tipo de frondas teóricas en casi todos lo terrenos, y de hacerlo, además, con sentido del humor, huyendo de la verborragia y de los discursos en jergas crípticas y autoreferenciales. ¿Se imaginan ustedes a alguno de nuestros cátedros en cualquier facultad de filología española, hablando como el ilustre crítico británico Terry Eagleton, de su tarea con el siguiente desparpajo?
Los críticos académicos vivimos en un permanente estado de terror, temiendo el día en que algún funcionario menor de una oficina estatal, perezosamente repasando un documento, se tropiece con la embarazosa evidencia de que en realidad se nos paga por leer poemas y novelas. Esto resultaría tan escandaloso como recibir un salario por tomar el sol o por tener relaciones sexuales.
Pero no se trata sólo de que se nos pague por leer libros. Lo inaudito es que se nos paga por leer libros sobre personas que nunca han existido o sobre hechos que nunca han tenido lugar. En la vida común hablar de gente imaginaria como si fuese real se le denomina psicosis; en las universidades se le llama crítica literaria”.
Incluso en un territorio de egos explosivos, como suele ser el de la poesía, uno puede encontrar esta sana actitud desmitificadora. Ya sé que hay a quien no les cae bien W.H. Auden, considerándolo un poeta chato, y, por así decirlo cantor de una vida “de clase media”. Reconozco que Auden en la mayor parte de su obra poética me deja algo frío, pero el ensayista, el crítico, me parece una de las lenguas más sanamente afiladas que han escrito sobre poesía en el pasado siglo. Hace ya unos años me encontré con su célebre ensayo“El poeta en la ciudad”, dentro de un libro titulado“La mano del teñidor” (2), que recogía en español buena parte de su obra de reflexión sobre la poesía. Me llamó la atención ese ensayo, porque escuchaba por primera vez a un poeta hablando “de las cosas de comer” de los poetas: de qué viven o sobreviven, cómo se relacionan con su entorno cotidiano, el porqué la poesía había dejado de ser un arte de referencia para la sociedad y su pérdida de contacto con las fuerzas que la transforman. Recientemente el poeta Jordi Doce, en el contexto de la edición de la obra poética completa de Auden(3) volvió a traducir este ensayo y, años más tarde, todo lo que cuenta el poeta, con su distanciado sentido del humor me siguió resultando vigente. Creo que cualquier poeta se puede sentir retratado en buena parte en el siguiente fragmento:
“Hoy la pregunta “¿A qué se dedica usted?” significa “¿Cómo se gana usted la vida?” En mi pasaporte aparezco como “Escritor”; esto no me causa molestias con las autoridades porque los funcionarios de inmigración y aduanas saben que cierto tipo de escritores hacen mucho dinero. Pero si un desconocido me pregunta en el tren mi ocupación, jamás respondo “escritor”, por temor a que continúe preguntándome sobre la naturaleza de lo que escribo. Responderle “poeta” nos incomodaría a ambos, y ya que sabemos que nadie puede ganarse la vida escribiendo únicamente poesía. (Hasta ahora la mejor respuesta que encontré, conveniente porque mata la curiosidad, es historiador medieval).”
Auden hablaba en “El poeta y la ciudad”, de la posición del poeta en la ciudad industrial, comercial, vértice de la sociedad capitalista, y creo que en los últimos años estamos viviendo un proceso de cambio que puede animar a revisar los comentarios del poeta desde la perspectiva de un nuevo escenario para la vida diaria del poeta: la ciudad digital, con sus nuevas exigencias, dependencias y manías. Salvando las distancias es lo que voy a tratar de hacer a continuación, partiendo de fenómenos que he ido observando desde mi blog (una de las nuevas “dependencias” del poeta) Islas en la Red, en los últimos años, en relación con la poesía española. Cabría tal vez considerar lo que sigue como una continuación de mi “Poesía en tiempo de redes”(4) desde una perspectiva quizás menos entusiasta y más crítica, aunque no exenta de ciertas esperanzas.
Tarde me entero pero el sabor que me llega me sigue sabiendo… Yo era ya un gaditano fuera de Cádiz cuando vine a enterarme de que había un poeta en aquella ciudad en que nací que era distinto, que escribía una poesía conversada (no conversacional, ni nada terminado en “nal” o en “ista”) llena de seres humanos, que se decían y decían al poeta… llena de los lugares más insospechados que se decían en los versos del poeta, y que en ellos decían quien era ese poeta lúcido y gamberro, culto y parrandero, que diríamos en esta isla… Fernando Quiñones fue uno de los primeros poetas que descubrí sin la intermediación de los libros escolares. Descubrimiento para toda la vida del gran ocultado en las relaciones oficiales de poetas respetables.
A través de David me entero de esta gran iniciativa: la Ruta Quiñones por Cádiz, que, como no podía ser de otra manera, si responde de verdad al espíritu del homenajeado, no es sólo celebración del gran poeta y narrador, sino memoria de la resistencia de su afilada lengua frente al poder, ese concepto que encarnan unos u otros pero que todos entendemos de qué hablamos cuando su presencia se impone en nuestras modestas vidas, anhelantes siempre del aroma salino de la libertad.
Mis diásporas felicitaciones a quienes han promovido este primer encuentro. Y un par de versos de don Fernando, desde las Islas
74 aC: MARCIO VUELVE DE LA CALETA EN GADES
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NO te engañes pensando que a un costoso
precio de vejez torpe y forzadas templanzas
vivirás otros días en que el mundo
se te aparezca algo más firme,
cosa estable, tocada de sentido.
No.
Ahora y para siempre confórmate
sólo con la hermosura caediza
como la de los rostros, las espumas y cuerpos,
la luz del mar y la de esta tarde
de veranos pero que dejas y te deja.
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de LAS CRÓNICAS DE HISPANIA


