Bien, la pereza es a veces una amante posesiva, pero ya toca volver a arrancar motores.
Ya saben que para mí, reminiscencias escolares reforzadas por los deberes paternos, el año, el curso, empieza a hora, curso, por cierto lleno de incertidumbres en más de un terreno, entra las que espero podamos navegar capeando los temporales con el mayor arte y fortuna posibles…
Así que extendemos la vela y arrancamos. No es frecuente que haga esto pero, de algún modo, viene al caso. Para abrir el curso, aquí va un poema de mi último trabajo, que, precisamente habla de velas y viento…
Una imagen para la poesía futura:
La vela
del navío solar Ikaros
extensa pero apenas visible
(más delgada que el más fino cabello)
sensible a las partículas de luz
.
que cruzan el sistema alborotando las colas de los cometas
.
Impulsado literalmente por la luz
cruza el velero el espacio
para en lo oscuro
en lo vacío
buscar
nos

