Rodolfo Franco: poemas visuales

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Nada como unos buenos videopoemas poemas visuales  para desabotagar la pesada cabezota que se nos suele poner en verano. Aquí tienen un par de Rodolfo Franco, pero no dejen de sumergirse en su colección:

Actualización: Rodolfo, amablemente, me corrige: lo de aquí arriba son dos de sus poemas visuales…  pero videopoemas (y de ahí mi despiste) haberlos haylos. Aquí están los de Rodolfo, que como dije antes., merecen mucho la pena.

De millo y rabia

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Según dice la leyenda maya, los dioses crearon a los seres humanos de maíz, de millo, como decimos en Canarias (y dicen quienes hablan portugués). Millo tierno y dulce y millo seco para crear a mujeres y hombres. Estas gentes del maíz fueron territorio, campo de batalla de una de las confrontaciones más cruentas en los últimos años de la llamada Guerra Fría. De aquellas matanzas que aún gotean, de esas sociedades sin padres y madres, dirigidas por siniestros fantasmas supervivientes) surgieron, por ejemplo, las maras que tanto nos amedrentan actualmente.

Recordar esa guerra sucísima de los 80 en Centroamérica suele resultarle a algunos “como de” mal gusto, o, a lo más, una actitud punk, apreciable en su rareza y poco más... el olvido se vuelve consenso tiro de gracia; recordar y reconocer, algo “desestabilizador”.

Los días del maiz, de Miguel Angel García Argüez, es poemario breve y feroz recién editado por Baile del Sol. Surge, según cuenta el autor, de un viaje realizado hace unos años por el sur de México y Guatemala. Uno de esos viajes de los que no se vuelve, porque quien retorna es alguien diferente. Poemario breve, decía, y estructurado, me parece a mí, como una ceremonia, una misa rebenque que invoca los aromas de la resistencia, ese Maximón que mueve su ejercito de parias contra el olvido, como canta el poema que cierra el libro. Toda poesía tiene un factor ceremonial, requiere, si se quiere apreciarla, cierta tensión y atención: detención. Y en la liturgia a que nos invita Miguel Angel se recuerda el origen, se reclama la presencia de los dioses originales, se canta la travesía del dolor y se invoca, finalmente,a un dios de memoria y resistencia, todo ello a ritmo, porque Miguel Angel García Argüez tiene un oído privilegiado y educado para el ritmo verbal, lo cual en sí mismo le convierte en una extrañeza en el ámbito de una poesía española que tiende, con alguna frecuencia, a lo plano,  o que raramente sale del soniquete solemne o del conversacional.

Seguramente, los mismos que escriben poemas alrededor de su ombliguito metafísico o desde la geografía de aburridos bares europeos, considerarán este libro una especie de excentricidad por su temática y actitud. Para mí Los días del maíz es un libro relampagueante y extraño e imprescindible, no ya sólo porque apela a la memoria común (Porque los avatares de aquellas tierras, como los de Líbano, Palestina y otras tantas formaron, y aún forman, parte de un paisaje informativo y sentimental que podíamos llamar “las guerras interminables” que alimentaron los telediarios de varias generaciones hasta que se las decidió, si no resueltas, irrelevantes) porque contiene poemas que se tienen en pie y nos detienen, y, en algunos momentos pueden ponernos a bailar. Aquí unas muestras:

II (parte 1ª yuk’tan)

Caribe ha caminado
sobre dos patas altas
una hecha con las raspas de los peces
y la otra de pan y pedrería
.
Caribe es un perro
y una ola y un átomo
y un viento y una arteria
y un pez y un aeroplano
.
Caribe es la piraña
que vuela y es Caribe
la lágrima perfecta
de la tierra.

—–

IV (parte 1ª yuk’tan)

Oíd cómo resuena
la lluvia al caer sobre los pechos
de las niñas preñadas.

—-
VIII (Parte 2ª, Lakantún)

Hay una mariposa
En el ojo del cocodrilo
Un cocodrilo
En el estómago de la araña
Una araña
En el diente del jaguar
Un jaguar
En las escamas del pez
Un pez
En la piel de la culebra
Una culebra
En la cabeza del mono
Un mono
En el corazón del hombre
Un hombre
En el hocico del perro
Un perro
En el vientre del pelícano
Un pelícano
En el cerebro del gusano
Un gusano
En las alas del colibrí
Un colibrí
En los labios de mi amada

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Antes de la religión

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Yo me senté pensando en escribir sobre otra cosa, pero llevo días con la historia de Sakineh Mohammadi Ahstiani, de la que supe a través de Amnistía Internacional, sobre el entrecejo, y hoy me encontré con este magnífico artículo de Bernard Henry Levy, que explica en breves párrafos su historia. No dejen de entrar en Free Sakineh y en la web de Amnistía,  y firmen, aprieten. Porque las barbaries que pensábamos enterradas asoman sus rejos donde menos se lo espera… Y, en ello estaba cuando, vía Laura Gioirdani, me encuentro este poema de Yaiza Martínez

Antes de la religión
dentro era afuera

hilandera del azar
misericordiosa
fina trenza de concatenaciones
misericordiosa
inmensidad que nos alberga
entre sus brazos oscuros

a manos llenas
disposición

Luego el abrigo ajado de la mujer que baja la calle al final
de una guerra
trastabillando
ante la inminencia del semen
sus labios estremecidos y amoratados

Me mira con grietas desde el ruido de sus tacones
en la calle sólo existen ella
y su gusto
por el hambre

Sin separar los labios
mastico la verdadera unión

escupo luz
bajo la tapa

ante los ojos de todos

Un poema de Berta Piñán

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encontrado en el nº 13 de la revista de poesía Nayagua. El poema original es en lengua asturiana, aquí reproduzco la versión en castellano, que, supongo, es de la propia autora. Atentos al poema:

A LA MANERA DE SZYMBORSKA

Llegados a este punto, quizá trodo tendría que ser más sencillo,
la palabra “luna” no debería nombrar más
que a la luna
y los ríos deberían seguir hasta su destino
sin inmutarse
por las metáforas.
Quizá la palabra “soledad” no debería
significar otra cosa que la ausencia
de acontecimientos
y la palabra “silencio” podría dejarse
solamente
para hacer callar los ruidos.
.
Quizá todo debería ser más
simple con la lengua, si vueltas
ni requiebros, quedarnos sólo
con dos o tres cuestiones
para seguir adelante:
un par de “porqués”, algún “no sé”.
Y después cerrar la puerta
que en este caso,
sólo debería significar
cerrarla.

Berta Piñán

Arrastrado por ola

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aquí sigo. Me digo que es una vez cada cuatro años… pero todas mis defensas chillan asustadas. En fin… que arrastrado por la ola, me sumerjo en la red buscando algo interesante que relacione poesía y fútbol, más allá de referencias clásicas, como la Oda a Platko, de Rafael Alberti, o los textos de Manuel Vázquel Montalbán (Gran y profundamente poeta, cosa que se olvida con cierta frecuencia) o de Galeano. Y me encuentro dos: un texto muy interesante de Nicolás Alberto González Varela: Pier Paolo Pasolini y el fútbol-poesía, y este magnífico poema de un autor chileno que, a cuenta de esto he venido a descubrir y sobre el que habrá que volver: Claudio Bertoni:

Veo una vacas
en una cancha de fútbol

dos pasan
rozando un palo

la tercera
es gol.

Bueno, no está mal dejarse llevar un poquillo, pero sólo un poquillo, ojo. Lástima, German, que la cita propuesta en la entrada anterior fallara por un pelo y un gol holandés en fuera de juego.

Gol de Uruguay

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La verdad es que soy muy poco futbolero yo, pero, vaya usted a saber porqué, tal vez por los recuerdos colgados del evento, o por su carácter casi lustral que de algún modo nos ritma la vida, llegan los mundiales de fútbol y me engancho inevitablemente, y acabo dedicando, por ejemplo, una tarde a algo tan apasionante como un “Ghana-Estados Unidos”, en fin, cada uno con sus taras…

En la Red me ha hecho gracia el seguimiento que está haciendo Casciari del campeonato como si fuese una serie de televisión, que es a lo que su blog se dedica habitualmente, y un texto sorprendente de Jesús Gómez Gutierrez en su Malasaña en pruebas, titulado Gol de Uruguay en el que en medio folio (electrónico) nos presenta el Madrid real y complejo de estos tiempos a través de una sabrosa estampa neocastiza (no te enfades, Jesús) con su bar, su tele y su final sorprendente, tan madrileños…

No se lo pierdan. Ah, Germán, nos vemos en la final ;-)