Toquitos Auden

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Auden es un autor que, a medida que leo textos suyos y sobre él mejor me cae, aunque como poeta no me acabe de llenar. Mi Auden favorito es el ensayista agudo, con esa educada socarronería tan británica para disparar cargas de profundidad que remueven las aguas de los consensos, incluso de aquellos que no se consideran tales.

Durante este curso he escrito algunas entradas sobre el “ecosistema poético”, sus costumbres y los cambios que el advenimiento de la sociedad red está provocando en esa pequeña comunidad (pueblo pequeño, infierno grande, dijo alguien) en la que tan bien nos llevamos. Dejo aquí los enlaces a esas entradas, en el orden en que fueron publicadas. Encontrarán repeticiones e, incluso, alguna contradicción o debilidad, me temo. Esas cosas que suceden, de alguna manera inevitable, en la confrontación de la escritura de un blog con los estímulos que se va recibiendo a diario, y con los que se mantiene, de algún modo, una conversación a veces un tanto informal.

Y he pensado que como cierre del ciclo que podría tal vez titular “La obsesión por la presencia”, nada mejor que algunos toques del Sr. Auden, que hace ya un montón de años, en su ensayo “El poeta y la ciudad”, dejo muchas de las debilidades de la poesía en las sociedades modernas de las que proceden las postmodernas nuestras, bastante bien diagnosticadas. Aunque hagamos como que no nos enteramos.

Aquí las entradas que antes dije:

La obsesión por la presencia.
Canon contemporaneo, el juego de estrategia.
Travesías un tanto malhumoradas.
Poesía resiliente.

y aquí, los toques que nos da el Sr. Auden, en El Poeta y la ciudad:

Sorprende en cambio que un porcentaje tan alto de los que no tienen talento especial para ninguna profesión elijan la escritura como una salida. Es lícito imaginar que algunos de ellos podrían considerarse talentosos para la medicina, la ingeniería y cosas por el estilo, pero no es así. En nuestra época, si un joven carece de talento lo más probable es que ya esté considerando que desea escribir. (Existen, sin duda, muchas personas sin talento para la actuación que sueñan con ser estrellas de cine, pero al menos han recibido de la naturaleza una silueta y un rostro bellos).

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Hasta hace muy poco, un hombre se enorgullecía de no tener que ganarse la vida y se avergonzaba de tener que hacerlo. Pero hoy, ¿existe acaso la persona que, solicitando un pasaporte, se atreva a presentarse como gentleman, aunque sea verdad que tiene algunas rentas y ningún trabajo? Hoy la pregunta “¿A qué se dedica usted?” significa “¿Cómo se gana usted la vida?” En mi pasaporte aparezco como “Escritor”; esto no me causa molestias con las autoridades porque los funcionarios de inmigración y aduanas saben que cierto tipo de escritores hacen mucho dinero. Pero si un desconocido me pregunta en el tren mi ocupación, jamás respondo “escritor”, por temor a que continúe preguntándome sobre la naturaleza de lo que escribo. Responderle “poeta” nos incomodaría a ambos, y ya que sabemos que nadie puede ganarse la vida escribiendo únicamente poesía. (Hasta ahora la mejor respuesta que encontré, conveniente porque mata la curiosidad, es historiador medieval).

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las llamadas “bellas artes” han pedido la utilidad social que alguna vez tuvieron. Luego de la invención de la imprenta y la alfabetización masiva, el verso perdió su utilidad mnemotécnica, su naturaleza de mecanismo transmisor del conocimiento y la cultura de una generación a la siguiente; y desde la invención de la cámara fotográfica, el dibujante y el pintor ya no son necesarios para la documentación visual. En consecuencia, se han convertido en artes “puras”, es decir en actividades gratuitas. En segundo lugar, en una sociedad regida por los valores de trabajo (y es posible que la Norteamérica capitalista respete más esos valores que la Rusia comunista) lo gratuito ya no es considerado sagrado —como lo fue en anteriores culturas—, ya que para el Hombre Trabajador el ocio no es sagrado sino una pausa en el trabajo, un instante para el descanso y los placeres del consumo. Cuando una sociedad como la nuestra piensa en lo gratuito, lo hace con sospecha (los artistas no trabajan, por lo tanto es muy probable que sean parásitos ociosos) o, en el mejor de los casos, lo considera trivial: escribir poemas o pintar cuadros son inofensivos pasatiempos privados.

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Las nociones del art engagé y del arte como propaganda son prolongaciones de esa herejía, y cuando los poetas sucumben a ella me temo que es menos por conciencia social que por vanidad: sienten nostalgia de un pasado donde los poetas tenían estatus público. La herejía opuesta es otorgar a lo gratuito una utilidad mágica en sí misma, de donde el poeta pasa a considerarse un dios que crea su universo subjetivo de la nada; para él el universo material visible es nada.

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En toda sociedad las posibilidades de educación son limitadas, y privilegian aquellas actividades consideradas importantes por dicha sociedad. En la cultura como la de Gales durante el medioevo, que consideraba a los poetas socialmente importantes, un aspirante a poeta era sistemáticamente entrenado (como en nuestra cultura un aspirante a dentista) y elevado al rango de poeta después de obtener altas calificaciones profesionales.

En nuestra cultura, un aspirante a poeta debe educarse solo. Es posible que pueda pagarse colegios y universidades de primer nivel, pero esos lugares sólo pueden contribuir accidentalmente y de manera asistemática a su educación poética. Eso tiene sus desventajas. Buena parte de la poesía contemporánea, incluso alguna de la mejor, muestra por momentos la incertidumbre del gusto, el desequilibrio y el narcisismo de los autodidactas.

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Un poeta no se debe formar únicamente como poeta, también debe pensar cómo se ganará la vida. Lo ideal es un trabajo que no exija ninguna manipulación de palabras. Hubo una época donde los niños que se preparaban para ser rabinos también aprendían un oficio artesanal; de la misma manera, si los padres supieran que el niño se convertirá en poeta, lo mejor sería inscribirlo en una Sociedad de Artesanos. Lamentablemente no es posible saberlo de antemano, y con escasas excepciones, a la edad de veintiún años el aspirante a poeta no está calificado para ningún trabajo extra literario que no sea “mano de obra no calificada”. Para ganarse la vida, el joven poeta debe elegir entre ser traductor, profesor, periodista cultural o redactor publicitario. De estos trabajos, todos excepto el primero pueden resultar directamente nocivos para su poesía; y la traducción tampoco lo libra de una vida excesivamente literaria.

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Hasta la Revolución Industrial la forma de vida de los hombres cambiaba tan lentamente que cualquiera podía pensar en sus bisnietos e imaginarlos como personas que compartirían sus mismas necesidades y satisfacciones. La tecnología, con su transformaciones cada vez más aceleradas, nos ha clausurado la posibilidad de imaginar cómo serán las cosas dentro de veinte años.

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El artista, en consecuencia, ya no cuenta siquiera con la seguridad de que su producción pueda ser disfrutada o comprendida por la generación siguiente. No puede evitar el deseo de un éxito inmediato, con todos los peligros que esto implica para su integridad.

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Para los griegos el ámbito privado era la esfera vital gobernada por la necesidad de sostener la vida, y el ámbito público la esfera de la libertad, donde un hombre podía revelarse ante los otros. Hoy el significado de los términos privado y público se ha invertido. La vida pública es la vida necesariamente impersonal, el lugar donde el hombre cumple su función social, y es en la vida privada donde puede manifestar su libertad personal.

En consecuencia el arte, especialmente la literatura, ha perdido su principal y tradicional sujeto: el hombre de acción, el generador de acontecimientos públicos.

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El público no es una nación ni una generación, ni una comunidad, ni una sociedad, ni los hombres particulares que la conforman, ya que ellos sólo son lo que son a través de lo concreto. Ninguna persona que pertenezca al público se compromete verdaderamente; durante unas cuantas horas al día, quizás, pertenece al público; en los momentos en que no es otra cosa, ya que cuando realmente es lo que es no forma ya parte del público. Conformado por individuos en el momento en que son nada, el público es como algo gigantesco, un vacío abstracto y desierto que es todo y nada.

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Un hombre tiene un olor personal característico que su esposa, sus hijos y su perro pueden reconocer. Una multitud tiene un mal olor generalizado. El público es inodoro.

Las masas son activas; destrozan, matan y se sacrifican. El público es pasivo, o a lo sumo curioso. No asesina ni se sacrifica. Mira, o aparta la vista, mientras las masas golpean a un negro o la policía lleva judíos a la cámara de gas.

El público es el menos exclusivo de los clubes. Cualquiera, rico o pobre, educado o analfabeto, amable o desagradable, puede asociarse. Incluso tolera una pseudo-rebelión contra sí mismo, es decir la formación de elites públicas en su seno.

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El estilo característico de la poesía “moderna” es un tono íntimo, el de una persona dirigiéndose a otra, no a un gran auditorio; un poeta contemporáneo que eleve su voz sonará falso. Y su héroe característico no es el “Gran Hombre” ni el rebelde romántico, que producen hechos extraordinarios, sino el hombre o la mujer que, en cualquier actividad y a pesar de las presiones impersonales de la sociedad actual, logra adquirir y conservar un rostro propio.

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El poeta no puede entender la función del dinero en las sociedades modernas, porque para él no existe relación alguna entre valor subjetivo y valor de mercado. Puede recibir diez libras por un poema que considera excelente y le llevó meses escribir, y aceptar cien libras por un texto periodístico que sólo le costó un día de trabajo. Si se trata de un poeta exitoso —aunque pocos poetas ganan suficiente dinero como para ser llamados exitosos, en el sentido en que puede serlo un novelista o un dramaturgo— estamos frente a un integrante de la escuela de Manchester, que opina a favor del absoluto laisser-faire. Si no tiene éxito, sino amarguras, es probable que combine fantasías agresivas sobre la aniquilación del orden presente con ensueños poco prácticos sobre la Utopía. La sociedad siempre debe cuidarse de las utopías planeadas por artistas fracasados sobre mesas de café y a altas horas de la noche.

Todos los poetas adoran las explosiones, las tormentas, los huracanes, las conflagraciones, las ruinas, las carnicerías espectaculares. La imaginación poética no es algo deseable en un estadista.

En una guerra o revolución un poeta puede ser un buen guerrillero o espía, pero es improbable que resulte un buen militar, o en tiempo de paz un miembro sensato de una comisión parlamentaria.

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Una sociedad que fuera realmente como un buen poema, que encarnara las virtudes estéticas de la belleza, el orden, la economía y la subordinación de los detalles al todo, sería una horrorosa pesadilla. Dada la realidad histórica del hombre de hoy, una sociedad así sólo podría existir a través de la reproducción selectiva, el exterminio de los discapacitados físicos y mentales, la absoluta obediencia a su Jefe, y una enorme clase esclava escondida en los sótanos.

Viceversa, un poema que realmente fuera como una democracia política —lamentablemente no faltan ejemplos— carecería de formas, sería vacuo, banal y totalmente aburrido.

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En nuestra época, la simple producción de una obra de arte es en sí un acto político. Mientras existan artistas que hagan lo que desean y piensan, aún si no es terriblemente bueno, aún si sólo atrae a un pequeño grupo de personas, ellos le recordarán a los gobiernos algo que necesitan recordar: que los funcionarios son personas con rostro y no cifras anónimas; que el homo laborans es también el homo ludens .

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Traducción de Edgardo Russo. Pueden encontrar el ensayo completo aquí. Hace poco Galaxia Gutemberg publicó la selección de poemas y ensayos de Auden, Los señores del límite, cuyo editor y traductor fue Jordi Doce. Muy recomendable..

Utilidad de la poesía: Funeral solitario

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Una iglesia -la capilla de Santa Bárbara, en Amsterdam- casi vacía. Dos hombres y ante ellos un ataúd, adornado apenas con un modesto ramo de flores. Uno de los hombres se mantiene erguido, en respetuoso silencio, el otro, agachado, garabatea un texto, un poema. Ninguno de ellos conoce al difunto, del que no se conseguido dar con el nombre. Suena una pieza de música clásica hasta el momento en que se hace el silencio. El agachado, entonces, se endereza, y empieza a decir su poema.

Así empieza una historia que me  he encontrado en una de estas benditas casualidades. Les cuento, tengo por costumbre bajarme podcasts de la BBC, para mantener el oído del inglés más o menos en forma. Suelen ser buenos programas: documentales, resúmenes de noticias… todo bajado un tanto aleatoriamente. Y así me encontré escuchando esta historia conmovedora de un modo particular. “El funeral  solitario”, “The lonely funeral” , es un documental producido por Radio Netherlands Worldwide, que cuenta la historia de una ceremonia que se repite unas cuantas veces al año en Amsterdam.

En Amsterdam mueren todos los años entre quince y veinte personas solas. Solas en el sentido de que nadie se hace cargo de su entierro, ni se percata de su desaparición. Solas en sentido absoluto, pues. “Muchois creen que esto le pasa sobre todo a gente pobre”, dice el Sr. Frits, una de las dos personas de que hablaba antes, empleado municipal,  “pero hay de todo: ricos, criminales, drogadictos, niños pequeños…” El ayuntamiento de Amsterdam, en esos casos,  se encarga de los gastos del entierro,  de comprar un ramo de flores y ordenar la ejecución de tres piezas de música clásica en un breve funeral en alguna capilla disponible. El funcionario encargado de que esto se lleve a cabo es el Sr. Frits. Al principio, nadie asistía a estas tristes ceremonias, pero un día al Sr. Frits, le pareció que eso no era suficiente, que en ese acto de despedida debería estar alguien en representación de la comunidad para decir adios a los tan solos.  Y a la tarea de tramitar el funeral,  añadió él, de motu propio, la de estar ahí, en respetuoso silencio.

El poeta aparece más tarde, se llama Frank Starik;  al descubrir esta costumbre  piensa que ha encontrado una manera de que su poesía sea útil a su ciudad. Contacta con el Sr. Frits, que no lo ve nada claro, pero insiste hasta que le convence. En cada ceremonia, el poeta dirá un poema en memoria de la persona sola.

La relación entre Frits y Starik, el poeta, es ahora buena y amistosa, pero el Sr. Frits no olvida cual es su papel, y el respeto que merece la persona difunta, así que apenas da datos a Starik sobre ésta. No le parece bien que si esa persona tuvo diez hijos y ninguno acudió a su funeral, o si aquella murió borracha, eso deba ser material para que alguien poetice.Pero esto no molesta al poeta, que valora la rectitud con que el empleado público se preocupa por la dignidad última de esos solos muertos de su ciudad.

Así que con las pocas piezas que consigue, construye un poema, distinto cada vez. En el funeral de hoy no se ha conseguido saber el nombre del difunto, Starik recita:

Adios extraño

te digo adios

en el camino a ninguna parte

al país final

donde todos somos

bienvenidos a entrar

donde nada necesita conocer

tu origen

.

Hasta pronto señor sin papeles

sin identidad

.

qué estabas buscando

cuanto has perdido

en el camino

que ascendiendo espera

a través de la ventana vacía

.

hombre sin nombre

espera mientras hablo

y confío mis palabras vacías

a esta vacía estancia

.

llego tarde

tú, nunca lo sabré,

que escuchas las voces

llamándote

a la casa común

a tu refugio final

Amsterdam

Esta es en resumen la historia que cuenta el documental. Si se manejan en inglés no dejen de escucharlo. Es posible que a alguien, en los tiempos que corren, le parezca un desperdicio de tiempo y dinero público todo esto. A mí me parece un acto de civilización extrema y me quito el sombrero con la ciudad de Amsterdan, el Sr. Frits y el Sr. Starik. Porque la ceremonia tiene un sentido que no puede pasársenos por alto: que toda muerte importa, que toda persona importa, hasta aquellas que por cualquier motivo mueren solas. Cuando nos olvidamos de esto, cuando cosificamos a los demás, o los empaquetamos bajo etiquetas despreciativas, estamos dando el primer paso para la matanza. Cuando alguien llama “perros” a sus oponentes (o “hienas”, como acaba de hacer un político español), está deshumanizando al enemigo, y el siglo XX y lo que llevamos del XXI nos han dejado claras enseñanzas sobre cómo acaba la cosificación, la deshumanización del contrario, del opuesto, o a veces, de quien simplemente es diferente. Frits, Starik, y el ayuntamiento de Amsterdam nos dicen que toda vida humana es respetable. Nada más útil.

NOTA: Sobre la traducción del poema, comentar que está hecha a golpe de escucha, así que puede contener fallos graves…pero asumo el riesgo. No sean muy crueles…

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Una entrada oportunista

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Ayer escuché la muy interesante (y divertida) entrevista que los amigos de Sopa de Poetes hicieron a Ignacio (Nacho) Escuin. Hablaron de varias cosas, de poesía, de fútbol, y se puso sobre la mesa en qué se parecían ambas actividades, y en la conversación quedó en el aire qué sería el gol en poesía. Me atrevo a proponer algo: el gol es el hallazgo, eso que hace que el libro se te escape de las manos porque necesitas coger aire para asimilar la maravilla de una imágen, o la pelota de tenis que se te traba en la garganta al tratar de leer un poema en voz alta, porque la carga emotiva que le pones te puede. (Juan Gelman dice en esta entrevista en la revista Agulha que la lectura de poesía es autobiográfica. No se puede explicar más breve ni mejor).

Y los hallazgos son como los goles, escasos, salvo que juege Messi, claro.

Y enganchando, con esta temática poético-futbolera, les cuento. No soy muy de fútbol yo, quienes siguen este blog saben que a mí el deporte que me pone los pelos de punta (en ocasiones, en otras me acompaña la siesta, pero ah, qué ocasiones) es el ciclismo. Pero resulta que me ha salido un hijo culé (feroz, enfermízamente -en mi opinión- culé) qué la vemos a hacer. Y al él, Jorge, le dedico este poema que escribí hace un tiempo y que ahora, oportunistamente, comparto con ustedes, porque, aunque, como digo, no soy un futbolero, sí creo saber cuando hay belleza en algo… Estuve a punto de leerlo en octubre en Valencia, porque un poeta debe a veces conocer el riesgo ;-) , pero, que quieren, no me atreví.

Y aquí les va:

Barça 2009

Hay dos maneras básicas
De simplificar un juego de infinitas opciones
(un objeto en movimiento / veintidós pares de piernas diestras /zurdas /
22 cerebros sin contar a los técnicos /el clima / el público / la prensa / el estado del
césped… )

La épica de la cabalgada sin freno
Contra el área enemiga
la de la resistencia enjuta en la última línea de defensa

y la lírica de devolver al juego
su raíz infantil         al rondo

pasar la pelota rápida y felizmente
todos tocan y pasan todos juegan y al final
en un relámpago imprevisto
explota la alegría contra la red

y es la fiesta

Poesía resiliente

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La palabra “resiliencia” se ha puesto de moda y se oye en diferentes ámbitos, para no volvernos locos, aquí va una microdefinición concentrando la que realizan mis amigos indianos: resiliencia: resistencia ágil. O de otra manera: resistencia del agua, distinta a la de la roca. (Be water my friend, que dijo aquel…).

Mis amigos indianos aplican el concepto de resiliencia en particular a las redes sociales, y por eso mismo he preferido traer aquí su definición frente a otras, para hablar de la poesía, o mejor dicho, de la manera en que la poesía, los poetas, tratan de hacerse presentes en los últimos tiempos.

Todo esto viene a cuenta de un artículo en el diario El País, que, a su vez, parece derivar de la recepción de un puñado de antologías de poesía española joven recién publicadas, entre las que no podía faltar la obligatoria villeniada. Léanlo y saquen sus propias conclusiones.

Y de algún modo, que trataré de que no parezca muy absurdo, enlaza con lo que aquí comenta David de Ugarte, sobre la renuncia de Suso de Toro a la escritura “profesional”. Vamos allá.

Posiblemente cualquiera del gremio podría estar de acuerdo con esta frase atribuida a de Villena en el artículo de referencia: ““Pero no nos engañemos, y citando a Octavio Paz, la poesía sigue siendo un rito de las catacumbas. Quizá muchos poetas han aceptado el territorio de las minorías y no les importa ser sólo leídos por unos pocos fervorosos, pero la realidad de la poesía es precaria y terrible en una sociedad que ha impuesto los valores de mercado sobre los de la cultura. Este es un país singular en el que se produce mucha cultura y se consume muy poca y la poesía la leen cuatro gatos y para ser publicada está condenada a las antologías y los premios”.

Y, sí, así lleva siendo desde hace mucho tiempo, y así le gusta a algunos, por otra parte, que han conseguido las llaves de las antologías y los jurados. Por eso, tal vez, noto cierto estupor ante el brote de escrituras y de actividades públicas relacionadas con la poesía puestas en marcha por autores y otras gentes que no se resignan al modelo descrito y que levantan alternativas propias, frágiles, pequeñitas, pobres ellas, utilizando Internet como medio y espacio para desarrollarse, entre otros. De algún modo, la poesía (pequeños editores, poetas, lectores, amigos, etc…) se ha convertido en una dinámica red social, con sus nodos de referencia y un mar de flores, o una enredadera, si se prefiere, de iniciativas, de las que va surgiendo, a pesar, o, perdón, gracias a un cierto y bendito amateurismo, un nuevo tejido editorial y una comunidad lectora. Una red social pequeña,una comunidad minúscula si se la compara con cualquier agrupación de peñas futboleras o de fans de la Fórmula 1 y otras formas absurdas de perder el tiempo… pero que va extendiendo sus hilos por la geografía digital y física.

¿Una red resiliente, capaz de adaptarse a las presiones del exterior: económicas, materiales, prebendas apetitosas, etc? Habrá que irlo viendo, pero, por ahora, esa comunidad de poetas-lectores-poetas-lectores va agotando pequeñas tiradas, llenando reducidos locales, alimentando conversaciones distribuidas, va dando a quienes escriben poesía la sensación de que, efectivamente, hay alguien ahí afuera, poquitos y poquitas, pero alguien hay. El/la poeta va sabiendo que existe una cierta comunidad lectora/opinadora/reelaboradora alrededor de la poesía, que no está solo (o muy solo).

Evidentemente, esto no da para comer ( o para comer “bien”), pero es que la actividad vinculada a la poesía lleva sin dar de comer desde mediados del siglo XIX o más atrás. No ha habido best sellers en poesía, salvo en términos acumulativos en el tiempo. Los versos del Capitán de Neruda, salieron en Roma en una tirada de uno 500 ejemplares y bajo seudónimo, un número similar correspondió a la primera tirada de Azul-Prosas profanas de Rubén Darío, Antonio Machado no dejó sus clases en el instituto para vivir de sus derechos de autor, ni Gil de Biedma su puesto en aquella tabacalera, y Gloria Fuertes desarrolló una potente escritura poética “adulta”, mientras trataba de sobrevivir con la sobreexplotación de sus versos para niños…y tantos otros ejemplos se me vienen a la cabeza, así que esto no es ninguna novedad, vamos a dejarnos de chorradas. ¿Debemos valorar una obra poética en función de sus ejemplares vendidos o del nivel de vida adquirido por el poeta gracias a sus poemas? No parece, creo.

Resistencia ágil, desde bases frágiles, cañizos que se quiebran pero que son sustituidas por brotes nuevos, tal puede ser el mapa de la poesía española joven en tiempos de redes. Muchas ganas de echarle una leída a Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes, de Martín Rodríguez-Gaona.

Y ahora, aquí va la cambiada al texto de David ¿El fin del autor?, escrito a cuenta del anuncio de Suso de Toro de que deja la escritura profesional. Tengo la sensación de que en su enredadera, acostumbrada a la pobreza humilde, la poesía resiste, pero que la figura del escritor-conciencia-de-su-sociedad, lo que antes llamábamos “intelectual”, ve cómo se le siega la hierba bajo los pies, que tiene que compartir espacios que resultaban sacrosantos con los literatura pulp de consumo, que, además, exige reconocimiento como “alta cultura”, y que tiene la sensación de escribir ante una vociferante masa de opinadores que ya no guarda silencio atento al autor. Muy duro: “El autor hasta ahora se mostraba expuesto a una multitud anónima pero silenciosa que recibía su trabajo. Ahora esa multitud habla, opina. En ese runrún de voces hay voces que construyen y otras que destruyen, que linchan. Incluso le discuten al autor que tenga derechos sobre su propia obra.”. Fuera de las librerías a empujones de bestsellers, autoayudas, libros de recetas de cocina y trucos inaflibles para volver a tu pareja loca en la cama…cada vez más fuera de los suplementos literarios, que van adquiriendo un sospechoso parecido con los catálogos que publican las propias editoriales… no encuentran asiento tampoco en la Red, donde todo el mundo habla…lo que llama de Toro “El espacio homogeneo de la Red”.

Pero es que la Red es cualquier cosa menos un espacio homogéneo, se ve así “desde arriba”, lo cual ya es una toma de posición; la Red es tremendamente heterogénea y es muy probable que la experiencia que yo tengo en Internet sea radicalmente distinta de la que tiene la persona de al lado. Aquel lee, el otro ve vídeos chorras, el de más allá sólo entra en la prensa digital y aquel otro no sale de los blogs de sus amigos. Y hasta ahora, esta heterogeneidad ha soportado todos los intentos de uniformización en forma de rankings, meneames, facebooks, etc. En la Red no es que no exista el autor, como dice Suso, y que me perdone las confianzas, lo que no existe es esa otra famosa abstracción llama “el público”.

Y tal vez al autor de narrativa que no quiera escribir novelas sobre misterios templarios y/o masónicos, conspiraciones esotéricas o blandenguerías varias, deba pensar en ir buscando o construyendo su propia comunidad, renunciando a “el público” abstracto, para buscar a “sus iguales” tal vez no en la escritura (no hay “iguales” en la escritura), pero sí en la lectura, en cuanto comunidad de intereses. Recuerdo que antes se distinguía entre literatura mainstream (la “seria”) y la literatura de género, alimentada por grupos de activos fans (El caso más paradigmático es el fandom, surgido alrededor de la ciencia ficción). La literatura “seria”, era merecedora de los textos estudiantiles, de las críticas literarias, de la atención de los medios genéricos y de la del lector “medio”. Pues tal vez ahora esa escritura con vocación de transcendencia más allá de lo estrictamente comercial sea un asunto de minorías, y si es así, como creo, más vale que vayan poco a poco construyendo su comunidad, y la Red puede que sea la solución para eso, no el problema.

Y más y más…

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Vaya con la primavera, qué manera de florecer libros, no hay quien siga el ritmo… De la Familia Itinerante, nada menos que tres novedades a las que ya hambreo echarles ojo. La primera la de Miguel Angel García Argüez; si conozco a alguien con oido para el ritmo verbal es Miguel Angel, capaz de fajarse en la zona cultista y con la misma salir  a la línea de tres de lo popular  a colocar el triple decisivo. La primera vez que le escuché decir sus poemas en el Ateneo de La Laguna, ya me dieron ganas de degollarlo (la envidia es así, mala,mala,  muy mala…) pero años de educación castradora me lo impidieron. En Baile del Sol acaba de publicar Los días de maiz. Aquí va la portada y un poema de avance:

VIII

Hay una mariposa
En el ojo del cocodrilo
Un cocodrilo
En el estómago de la araña
Una araña
En el diente del jaguar
Un jaguar
En las escamas del pez
Un pez
En la piel de la culebra
Una culebra
En la cabeza del mono
Un mono
En el corazón del hombre
Un hombre
En el hocico del perro
Un perro
En el vientre del pelícano
Un pelícano
En el cerebro del gusano
Un gusano
En las alas del colibrí
Un colibrí
En los labios de mi amada

Y más… la editorial Renacimiento ya ha puesto en la calle Para nombrar una ciudad, de David Eloy Rodríguez, sobre el que no voy a insistir porque ya he hablado alguna vez de él (y volveré, eh, no lo duden)…

y aquí el poema abrebocas, para que entiendan las ganas que tengo de echarle los dos ojos a este poemario,un  poema muy oportuno en estos momentos de histeria:

TIEMPOS ESPLÉNDIDOS EN LA MISERIA

Ellos siguen las raíces hasta la savia bruta,
tratan de no ser serviles a la tristeza,
viven sin tregua, para ser.
Si contemplan un rato una manzana
piensan en el corazón de la manzana;
si conocen a cualquiera le piden
que nunca permita que se ponga el sol.
Este instante es su única posesión cierta:
su vida es imposible de fotografiar.
Con ellos se aprende lo difícil:
la alegría en la respiración, el desafío
de amar en aventura, el deber de vivir,
ese emblema, esa audacia.
En plena ruina, a todo sol, nos vamos muriendo.
Poco a poco, o rápidamente, nos vamos muriendo.
Ellos igual también se mueren, es posible,
pero de otro modo, de menos muerte.

Y para terminar, Miguel Angel, David Eloy y José María (Gómez Valero) acaba de ver publicado un libro que me despierta mucha curiosidad: un libro de cuentos dirigido al público infantil, editado por Cambalache, de título Este loco mundo.

Así que a mis amigos Itinerantes no hay crisis que los tumbe, ni se han sumado a la terrible huelga de poetas que ha bloqueado el país. Su agenda de presentaciones, enloquecida, y yo  tengo muchas ganas de verles…

Y otra bienvenida novedad

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No se prodiga mucho Pedro del  Pozo, así que un nuevo libro suyo es una bienvenida noticia.  De anticipo valgan estos dos poemas, gentileza de la editorial que publicó su primer libro. Este nuevo lo edita Baile del Sol, que, por cierto, recibió recientemente el premio EDITA 2010, del  XVII Encuentro Internacional de Editores Independientes de Punta Umbría. Los premios EDITA reconocen la trayectoria y la excelencia editorial en el campo de la edición independiente. Felicidades a laFamilia Bailadora.

Y aquí, los poemas:

Nos buscamos unos en otros

anhelamos miradas y palabras

con la verdad entre las manos

como luciérnagas que iluminan brasas incandescentes−

……

Ser combate supone caída tras caída

hasta permanecer un rato a ras de tierra

desde donde vemos mejor lo que ocurre-

ser combate implica ser lanzado una y otra vez por los aires

abandonándonos lejos de casa

desde donde somos capaces de entender

el significado de la palabra vida-

ser combate es sentir ahogo de vez en cuando

como si los océanos se sucedieran sobre nuestras cabezas

dejándonos un instante-para-siempre sumergidos

desde donde traducimos el color del agua

para que nunca caiga en el olvido−

Guerras postmodernas, el libro

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Acaba de publicarse en papel Guerras Postmodernas, de Jesús Manuel Pérez, aka, Lobo, cuyo blog lleva mucho tiempo formando parte de la columna feevy de este que habla.

El libro, como indica el propio autor,  “es un marco teórico de la transformación de los conflictos armados y del panorama internacional tras el fin de la Guerra Fría.”. Los que hemos ido siguiendo la evolución del trabajo de Lobo en el “laboratorio de ideas” que ha ido siendo su blog, sabemos que su trabajo está lejos del sectarismo y la escandalera. El autor tinerfeño es más amigo de hablar despacioso y en tono bajo, incluso para señalar aquellas cuestiones que le parece increíble que no les prestemos atención. Tengo ya ganas de ponerle las manos encima a este libro, último de la colección Planta 29, que se estás convirtiendo poco a poco en referencia para aquellas personas que buscan(mos) miradas desprejuicidas y abiertas sobre los temas que deberían estar en el centro de cualquier debate intelectual vivo en estos tiempos:el cibertactivismo y el poder de las redesel control social a través de la tecnología, las nuevas formas del capitalismo en la era digital, el nuevo liderazgo femenino, la decostrucción del nacionalismo y la elaboración de identidades alternativas, la deriva del proyecto europeo… y todo esto publicando bajo dominio público y ganando dinero

Felicidades, Jesús, y a por el siguiente…

y, por cierto, sobre lo que aquí cuentas, no me queda más que confirmalo. Trabajo muy cerca de Casa Africa, y tengo la sensación de que es un espacio que vive tristemente de espaldas a la ciudad en la que reside (lo que es sorprendente ya que es una ciudad llena de comerciantes acostumbrados y dispuestos a negociar con quien sea, y con una cada vez mayor presencia en el continente)  y que es un proyecto cojo (Como comentas, resulta que el Magreb no es Africa) y culturalmente pretencioso y frío. Una pena.