después de que me pillara en Bruselas de lleno la crisis aérea provocada por las cenizas volanderas de un volcán de allá la no tan lejana Islandia, conseguí llegar a casa…cinco días después de lo previsto y tras comprobar en carne propia cómo la dimensión nacional es bastante inútil para resolver muchos de los problemas que nos paralizan como europeos. Pero bien está lo que acaba bien…