Travesías un tanto malhumoradas

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Rafael José Díaz, uno de los poetas canarios más interesantes de las últimas hornadas abre blog. Y lo abre con una filípica tremenda sobre el estado de la poesía española actual, en particular la joven. Y… bueno, desde mi tal vez cómoda posición de intruso, no he podido evitar que se me levante una ceja. Me ha sorprendido el tono de la entrada en un autor que, por otra parte, va viendo su obra publicada en alguna de las editoriales de referencia.

A ver, no sé si el diagnóstico de Rafael-José es acertado, no tengo ante mí el mapa de toda la poesía jóven y no jóven escrita en España y recientemente publicada, aunque sí es verdad que algunas cosas sí que veo y no me acaban de gustar, y ya hablé de ello en alguna ocasión anterior… pero no creo que ahora la república de las letras se gobierne con mañas muy diferentes a las que forman parte de su tradición centenaria. La de la poesía, como nos recordó José Emilio Pacheco hace bien poco, es orden mendicante y hace ya tiempo que los viejos mecenas fueron sustituidos por las diferentes administraciones y su tejido de fundaciones, editoras públicas, etc. Pero nada de esto es una novedad.

Como tampoco lo es que de cuando en vez algún suplemento semanal de algún períodico con pretensiones realice un reportaje, lleno de fotos y vacío de poemas, sobre la nueva hornada de poetas jóvenes (y guapos/as, si es posible). Y, oye, a todos nos gusta salir en la foto, como dicen que dejó dicho para la historia don Alfonso Guerra. Tampoco aquí veo la novedad, esto es así desde los tiempos de la movida madrileña y, seguramente,  antes.

Como tampoco es novedad que los contemporaneos consideremos que lo que no escriben mis amigos de cuadrilla literaria es basurilla propia de un parnasillo de logreros pretenciosos.

Rafael-José habla en su entrada del espacio del poema. Tengo para mí que el espacio del poema es el lenguaje, lo que así de entrada suena muy formal y académico… pero es que, amigas y amigos, los seres humanos estamos hecho de lenguaje: en el lenguaje trabajamos, en el lenguaje nos insultamos, en el lenguaje follamos, con el lenguaje nos explotan y explotamos y en el lenguaje nos emborrachamos. Somos bichos que hablan, dicen y se dicen… y nunca he entendido esa actitud de que la poesía “es otra cosa”, que deba regirse por reglas ajenas a las propias del ser humano;  que se trate de un “mundo” diferente, en lo que al comportamiento de las personas  se refiere,  al de otras formas de arte, o al comercio o a la industria…me parece una ingenuidad.

El poema, cuando es un buen poema, genera una fractura en ese mundo de lenguaje, una fractura por la que asoma lo oculto, lo no dicho o lo enterrado en toneladas de palabras manoseadas, por el que brota la sorpresa de una mirada nueva, y por tanto conflictiva. Pero el poema no es un espacio al margen o autónomo de nuestro espacio cotidiano de lenguaje. Otra cosa es que, si hay suerte, lo rasgue un poquito…para que corra el aire.  Pero los poemas los escriben o dicen personas acuciadas por los mismos deseos, rabias e intereses que cualesquiera otras, aplicados, en este caso, al pobre negocio de la poesía.

Ya lo dijo Discépolo: “Siglo XX,  cambalache / problemático y febril. / El que no llora no mama / y el que no afana es un gil”. Pues igual pero en los comienzos del XXI (“(¡En el quinientos seis / y en el dos mil también!”)…

La alternativa, como el incendio del que hablan mis amigos Itinerantes, crece por los márgenes, en un entramado de iniciativas editoriales pequeñas y de modestos circuitos organizados por personas que saben a ciencia cierta que esto de la poesía no da para vivir o, al menos, para vivir confortablemente, (aunque si pueda dar para merendar, y una merienda bien aprovechada da de sí…).

Yo le recomendaría a mi amigo Rafael-José que se lo tome con calma y cierta sana distancia, y que en baja voz diga aquello de don Antonio: “A mi trabajo acudo / con mi dinero pago…”

Y bienvenido a la blogocosa… ;-)

En Bruselas con Magritte

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Una de las ventajas de quedarse atascado en una ciudad es que te permite conocerla de verdad. Los días pasados en Bruselas me han hecho cambiar la visión que tenía construida, a golpe de aeropuerto- sala de reuniones dentro de  algún poligonal y funcional edificio-breve visita a la Grand Place y poco más, de ocasiones anteriores y detenerme, y mirar… y tengo que decir que Bruselas gana enórmemente con una mirada sosegada.

Otra ventaja:  la posibilidad de visitar los museos de la ciudad, y Bruselas tiene un buen montón de opciones. Una de las mejores es el recien abierto Museo Magritte, que te deja verte cara a cara con ese creador rompedor y radicalmente vivo. Aparte de poder ver de cerca sus obras más representativas, llenas de misterio,  el museo va recogiendo comentarios y frases de Magritte sobre su propio trabajo y su visión superrealista (que de aquío viene la palabra surrealismo, y se olvida mucho), de la realidad y su tiempo. Aquí les apunto unas cuantas en las que habla directa o tangencialmente sobre su poética:

Me gustan el humor sobversivo, las pecas, las rodillas, el pelo largo de mujer, las risas de los niños en libertad, una jovencita corriendo por la calle. Deseo el amor que vive, lo imposible y lo quimérico. Temo conocer mis límites con precisión.

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El Surrealismo es el conocimiento inmediato de lo real.

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Ser surrealista es desterrar del pensamiento lo “ya visto” y buscar “lo todavía no visto”.

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El mundo y su misterio jamás se rehace, no es un modelo que baste con copiarse.

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Todo en mis obras viene de la impresión de certeza de que formamos parte, de hecho, de un universo enigmático.

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La poesía escrita es invisible, la poesía pintada tiene una apariencia visible.

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El valor real del arte viene en función de su poder de revelación libereadora.

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No hay que temer la luz del sol con el pretexto de que casi sismpre ha servido sólo para iluminar un mundo miserable.

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La idea de progreso está unida a la creencia de que nos acercamos al bien absoluto, lo cual permite a mucho mal actual manifestarse.

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Resulta difícil pensar sin pensar en nada.

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El objeto de la poesía sería un concomiento de los secretos del universo que nos permitiría actuar sobre los elementos.

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La poesía es una pipa.

Au, y hoy es 25 de Abril...

Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade…

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De vuelta

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después de que me pillara en Bruselas de lleno la crisis aérea provocada por las cenizas volanderas de un volcán de allá la no tan lejana Islandia, conseguí llegar a casa…cinco días después de lo previsto y tras comprobar en carne propia cómo la dimensión nacional es bastante inútil para resolver muchos de los problemas que nos paralizan como europeos. Pero bien está lo que acaba bien…

escribiré en el fuego / con una llama

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De uno de los libros más asombrosos de Juan Gelman, Com-posiciones, el poema la batalla. En Com-posiciones Gelman pone su voz a hablar con la de poetas precedentes con las que comparte su “visión exiliar”, y de esa con-versación brotan algunos de los poemas más brillantes del poeta argentino, que no es decir poco. No puedo evitar aquí un párrafo del exergo que abre el libro:

tal es el misterio de la palabra humana. procede, cualquiera sea la lengua, del mismo vuelo entre la oscuridad y la luz y así las consubstancia: es oscura su luz, clara su oscuridad. con cada lengua, cada grupo humano abrió su boca parav que el vuelo sea posible y compruebe a cada instante su lentitud, y cómo se desangra y lo que hay que trabajar

Y ahora, el poema prometido:

el dedo que escribió en mi sangre/
y separó mi sangre de su tinta/
dijo que el nombre de mi alma es sangre/
y tinta el nombre de mi espíritu/
mi alma acampa en su color/
frente a un espejo rojo/
mi espíritu se mira
en un espejo negro/
y hubo en mi corazón una batalla
entre la sangre/aire/y la tinta/
tierra/ y la tinta derrotó a la sangre/
y fui feliz/pero nunca jamás
escribiré en el fuego
con una llama

abraham abulafia
(1240-1291 /zaragoza-tudela-barcelona-roma-palermo-comino)

El verso de la máquina

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En el blog de Vicente Luis Mora descubro una experiencia muy interesante de interacción poeta-máquina (un programa informático). Vicente Luis cuenta aquí su experiencia de hacer decir un verso gongorino al programa PAC (Poesía asistida por computadora) diseñado por el poeta-programador mexicano, Eugenio Tisselli. Este tipo de experimentos hace tiempo que me fascinan, y a ellos dediqué un capitulito en el libro Islas en la Red, nacido de un post de los perdidos en mi ciberdesastre de enero de 2009. Me ha recordado otro proyecto, el google poetry robot, que te permite escribir un poema a dos voces nada menos que con Google… Creo que estos experimentos nos plantean muchas preguntas sobre el lenguaje poético, muchos territorios que explorar…

Predicciones o previsiones…

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… no puedo evitar que se me vengan a la cabeza cómo se van haciendo cotidianos temores y objetos surgidos allá en los 80 en las obras de los escritores ciberpunks