Este año es centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Es posible que las “celebraciones” acaben de enterrar al poeta, por no hablar de la des-facha-tez de algunos. Uno de los problemas (entre otros) de estar muerto, es que no te puedes levantar y soltar de vez en cuando un buen cogotazo de esos con la mano abierta, resonantes… Creo que un año como este sería buen momento para devolver a Hernández a la lista de lo que todo adolescente debe leer para pasar a ser un jóven, y para recordar, sobre todo, que Hernández era capaz de escribir poemas como el siguiente. Me permito llamarles la atención sobre el verso que cierra el poema. Acojonante.
Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó los muertos.
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El beso trajo un brío
que arrebató la boca de los vivos.
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El hondo beso grande
sintió breves los labios al ahondarse.
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El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos.

