No es por ponerme en modo autobombo, pero las dos entrevistas que enriquecen el número otoñoinvernal de La Casa Transparente están muy, muy sabrosas. Aquí tienen, a modo de luminoso ejemplo, una de las cositas que nos dejó dichas Antonio Méndez Rubio:
Me parece que en la poesía española reciente se ha confundido con demasiada frecuencia memoria con nostalgia. Sí creo en la necesidad de salir de la trampa nostálgica, pero no me parece viable salir del todo de la deuda con la memoria. Estoy con Brecht cuando dice que es preferible el mal tiempo presente que el buen tiempo pasado. En este sentido, quizá el Yo se haya enseñoreado de un territorio al que está vinculado pero que lo pertenece: el poema que me ayuda a respirar es aquel que busca traspasar los barrotes del yo, la identidad, la realidad… no digo prescindir (ingenuamente) de todo eso pero sí explorar límites, desbordar recintos y encontrar vías de libertad que tal vez se hayan descuidado o abandonado demasiado pronto. Lo dice de forma muy sencilla y actual el antiguo poema de Po Chu Yi: “No hace falta que yo toque las cuerdas; las roza el viento y suenan solas”. Me interesa recorrer el puente transparente que une lo persona con lo impersonal, lo individual con lo común, aun a riesgo de perderme. Ahí me fío de la sabiduría popular: “para aprender, perder…”.

