Bueno, notaba yo últimamente cierta tendencia a la brevedad en este blog. Hacía tiempo que no me echaba un discursete. Ténganme paciencia y no me lo echen a cuenta.
Hace un tiempo que andaba pensando en cómo entrarle a este asunto con el que llevo de matraquilla los últimos meses: la obsesión (el afán) por la presencia, que, me parece percibir, se está incrementando entre los y las poetas de un tiempo para acá, cuando me encuentro con este comentario del poeta valenciano Viktor Gómez, a una entrada en el blog del editor incandescente (Saludos a Tito, espero que ande ya mejor…) sobre la dificultad y la dureza de la tarea de selección de textos cuando el buzón de la editorial está desbordado de originales. Se los copipego aquí para no que no pierdan el tino con tanto enlace:
Da vértigo esta nueva Babel. Quizá la confusión, la algarabia, son sintomas de una sociedad algo histérica y poco atenta, con obsesiva tendencia a las ególatras proclamas o escapismos individualistas. Luego, ponerse de acuerdo en lo sustancial, resulta harto complicado. Y pensar, pensar lo no pensado y escribir, escribir lo no escrito parece harto imposible. ¿Para qué? Si lo que se busca habitualmente es consenso y que se me escuche y que se me atienda y que se me aplauda y que se me reconozca. Ya es canon no hegemónico pero si susceptible de aceptación tribal ser un escritor maldito o un poeta subversivo y salvage. Irse por afuera de los afuera no, hacer del afuera un centro y posicionarse como un orador sobre un banco en el parque de la city. Y monologar.
Quizá un poeta debiera sacar un libro cada 5 años. Tiempo de escucha, tiempo de silencio, tiempo de escritura y tiempo de tachadura, tiempo de ordenación. ¿Todo lo que un poeta con editorial a favor debe publicarlo? ¿Escribe el poeta para mantener su marca registrada de “poeta x” y no desaparecer de los medios y la vista masiva de sus supuestos lectores?
Mirando atrás, mirando hacia adelante. Quizá un Eduardo Milán o Riechmann tienen esa capacidad victorhugoana de la prolífica escritura.Y quizá algunos más que no me vienen a la cabeza y que podrían ser un 10% de los poetas que publican. El resto deberían aprender en la lentitud y distanciamiento los ritmos de la solvencia, los trabajos de purificación, la humildad de la palabra que no se repite, que es continuidad.
Aquí las mujeres ganan la partida. Las poetas suelen ser morosas a la hora de publicar, que no de escribir.
Los premios, la farándula, la autoedición…
Quizá la poesía viene por un lindero más discreto y en casos, en la espesura del presente,incluso sea desoida ante el tumulto y las prisas de esta vida tan rendida a la productividad y eficacia.
Y con esto Viktor me acabó de dar el empujón definitivo (esta me la pagas…) y a vueltas de su comentario se me ocurren las siguientes cositas:
Muchas de lo que dice Viktor en su comentario debería considerarse de sentido común, si lo que nos interesa es la poesía; si, por el contrario, lo que interesa es –citando a las inefables Ketchup- “un salir y un entrar, un paquí y un pallá”, serían claramente discutibles. En cualquier –otro- negocio, si estás cinco años fuera de los focos estás out, muerto.
El afán de la presencia tiene, desde mi punto de vista, dos caras: la obsesión por publicar (mucho y de continuo) y la participación constante en eventos de diferente tipo. Empiezo por la primera cara, como los viejos LP de vinilo que ahora vuelven…
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