Hace alrededor de dos semanas murió Blanca Varela. Lo cierto es que no me enteré hasta ayer en mi visita al sindicato del mono degollado. Yo descubrí a Varela a cuenta de su condición de coautora de la, polémica en su día, antología Las Insulas Extrañas.
Varela es una de esas voces subterraneas, que acaban por tener una influencia imprevista con el tiempo. Nacida en 1926, es bien capaz de mezclar intimismo con atrevimiento formal e ironía. Aquí pueden encontrar una buena muestra de su poesía. A mí, en particular, me gustan mucho estos dos poemas:
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo…
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo
tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te
lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos,
endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz
propietario de una boca escarlata que muge.
Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar.
Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de
conmoverte, capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos.
Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el
saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los hombros de los fantasmas que es
ridículo caerse de trasero with music in your soul.———
Canto villanoy de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi platoobservarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerlahacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacíorubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimastantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de orienteemparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro platoeste hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpoes la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carnemea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náuseano hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos

