… sobre mi entrada anterior y el año que empieza. La primera: hay que ver la cantidad de veces que aparece en mi entrada anterior la palabra emigrante o sus alrededores (de Canarias a Cuba, de Argentina a Canarias, de Siria a Canarias…). La cuestión es que desde que el primer homo sapiens echó a caminar desde “aquel bolsón de la sabana africana” que decía Chatwin, el ser humano non ha hecho otra cosa que moverse, migrar.

La otra, viendo el concierto de año nuevo de la Filarmónica de Viena (costumbres heredadas…). Creo que sería interesante que un año de estos, mientras suenan los fabulosos valses y marchas de los Strauss, se interlacaran imágenes de la época en que fueron compuestos, época de las primeras huelgas en las incipientes industrias,de la Comuna de París, de la creación de la I Internacional, de cómo se vivía en los alrededores de las ciudades de la época, de los talleres… básicamente, para evitar el riesgo de pensar que alguna vez existió un idílico tiempo en el que todos éramos blancos, bailábamos dulces valses, de estricta etiqueta los caballeros y las damas con deslumbrantes vestidos de gasa. Ese tiempo no existió, o existió solo para unos muy pocos y por eso desapareció. Disfrutemos de la música y de la magnífica orquesta, pero no alimentemos fantasías alrededor de edades de oro inexistentes.

Dos boberías, posiblemente, pero tenía ganas de decirlas.