Mediodía

Mediodía no es un libro de «lectura fácil», lo que seguramente hará bufar a quienes han venido a considerar la facilidad como una especie de nuevo derecho social, adecuado para los tiempos de la economía de la (escasa) atención. Esa «no sencillez» trata de hacer que el lector tenga que detenerse en el poema y pensar, hacer su parte de la tarea, más incómoda, eso sí, que el confortable asentimiento ante las palabras fetiche con las que cada tribu se siente confortable.

Hace un par de días me encontré con esta estupenda entrevista a María Negroni, en la que, entre otro montón de cosas interesantes de las que habría que hablar, dice lo siguiente:

La poesía para mí es el grado máximo de la literatura, te abre las puertas a una experiencia con la ambigüedad, con lo ambivalente, con lo que no es unívoco. Eso es dificilísimo y es muy importante porque en realidad en el resto del uso del lenguaje comunicativo en general uno se mueve con un lenguaje univalente. Yo te digo la silla y es la silla, no hay espacio ni posibilidad de que haya dos ideas contradictorias al mismo tiempo. Es así o es asá. La poesía y la literatura son el terreno del “y”. Es esto y es lo otro y es lo de más allá. Es fundamental que eso exista en la cultura. Esto empezaba por la poesía pero va a la literatura y al arte en general, porque ésos son espacios de resistencia, espacios naturalmente díscolos, que crean antídotos frente al autoritarismo. El autoritarismo es el pensamiento único, la palabra que no se puede discutir. El arte y la poesía son, casi te diría, una ejercitación; se ejercita en esta otra manera, que no es otra manera de escribir, es otra manera de ver el mundo.

Palabras que me llevaron a una de mis últimas lecturas. Mediodía, de Viktor Gómez, un autor que siempre trata de romper con los sobreentendidos y la univocidad en sus poemas: fractura la sintaxis, quiebra la presentación clásica, abre sus poemas para que no sea su voz la única que se escuche en ellos. Los poemas de Viktor operan como prismas que ofrecen diferentes puntos de vista, que producen efectos diferentes cada vez que una luz los cruza. Mediodía no es un libro de “lectura fácil”, lo que seguramente hará bufar a quienes han venido a considerar la facilidad como una especie de nuevo derecho social, adecuado para los tiempos de la economía de la (escasa) atención. Esa “no sencillez” trata de hacer que el lector tenga que detenerse en el poema y pensar, hacer su parte de la tarea, más incómoda, eso sí, que el confortable asentimiento ante las palabras fetiche con las que cada tribu se siente confortable. No se está cómodo en los poemas de Gómez, se pide estar atento.

Mediodía es un libro extenso, más de lo que suelen ser los poemarios actualmente, y con una deliberada voluntad de confrontación con el lector, que se nota desde el índice, la manera en que se presentan las citas, que, en este caso, no abren sino cierran la obra, y así todo un conjunto de juegos escondidos (huevos de pascua, los llaman los programadores) dentro de los poemas. Hay pistas:

 "si dicen que   al mirar modificamos la realidad   que desde el lenguaje    se crea la realidad   quién nos observa   en qué lengua hablan   mareas vivas mareas muertas   espuma y rumor   escucha el ojo   escuchan oído y tacto (...)"

o acá:

" esa quebradiza analogía distinta en cada pareja de adversarios o amantes que pide poesía también en los números complejos   esa pulida soberbia del que aspira a someter tanto a su arrogancia."

Los poemas se cruzan de voces de mujeres, de hombres confusos y acobardados ante su propia capacidad para el daño, personas que son esa isla que no se conoce, que están sin estar, tratando de borrar lo insano, lo carcelario instalado en ellos. Miedo, contradicciones, búsqueda, esperanza, nada de discursos ni proclamas. Poesía como búsqueda frente a poesía inane o poesía de servicio, las dos corrientes que se van relevando a los mandos de la poesía española, al menos desde los 80. Un trabajo de demolición y reconstrucción íntima y, por tanto, social, del que poemas como “Una espiral yuxtapuesta”, deja constancia estremecedora.

Yo les dejo aquí con dos poemas de Mediodía simplemente hermosos. Quédense en ellos un ratito.

me cuentan   los que amana   los que han amado mucho que son cerillas que no se extinguen     quedan suspendidos en ese momento umbral en que se acaba la madera temblando la llamita   tan frágil y así   eternamente

yo les creo   rezo al sol y al mar me devuelvan la fe en los que aman   que son unos extraños     viven otro mundo en esta misma laridad   y de tan próximos me traspasan como fantasmas o brisa dulce   removiéndome todo   tachando lo negociable

yo quisiera amar así    sin posibilidad de negación   como modo de respirar   de circular involuntariamente la sangre con esa misma no necesidad de esfuerzo o búsqueda    de economía o altar

me cuentan los que aman   los que han amado mucho   que no medite mucho en ello   mientras me abrazan antes de dorimir   antes de despertar
a mi esperanza la llamo derrota    a mi derrota la llamo combate a mi combate lo llamo vida    a mi vida la llamo nadie   nadie   somos todos    a todos os llamo   mi esperanza

De vuelta; José Carlos Cataño

Cataño es uno de los poetas isleños de la hornada de los 80, por decirlo de un modo terriblemente impreciso, más interesantes. Junto a su siempre contenida obra poética, sus diarios lo han ido convirtiendo en una referencia para quienes buscamos escrituras que, desde su condición fronteriza, se salen de las corrientes principales y principalmente aburridas de la poesía que se escribe en España.

Hemos andado de mudanza estas últimas semanas. Mudanza de servidor con todo sus trajines. A partir de ahora este blog se federa (como en los viejos tiempos de ciberpunk.org, a El Correo de las Indias, lo que es un honor. Y mientras,en un nuevo rincón de la red, nos encontramos al poeta José Carlos Cataño.

Cataño es uno de los poetas isleños de la hornada de los 80, por decirlo de un modo terriblemente impreciso, más interesantes. Junto a su siempre contenida obra poética, sus diarios lo han ido convirtiendo en una referencia para quienes buscamos escrituras que, desde su condición fronteriza, se salen de las corrientes principales y principalmente aburridas de la poesía que se escribe en España.

La nueva revista online 7 Islas magazine, le dedica una página de la que me permito copipegar aquí un poema,animándoles de verdad a ir más allá, a encontrarse con la voz peculiar de José Carlos Cataño.

EL CÓNSUL DEL MAR DEL NORTE

Yo no comprendo qué furioso misterio contienen las tardes luminosas, en que, borracho de ron, tropiezo con lindes de tuneras, que no sirven para nada, junto al Ukeréwé. Y entro en casas abandonadas, que en todos los casos fueron de cónsules ahora muertos. No comprendo por qué, borracho de habanero, encuentro por los suelos viejas ediciones de bolsillo en alemán, y blusas multicolores, y cajas de embalaje que nunca se utilizaron. Por qué el dinero no llegó a tiempo. O se hundió el barco que venía por mí. O me dejé morir al sol, como los lagartos sobre las lindes de piedra, en una tarde insulsa y sin embargo completa. A lo lejos, de frente, el Ukeréwé, la resaca silenciosa de las grandes olas verdes aun en la penumbra del ocaso. Ukeréwé, mar sin rutas, mar vacío frente al cónsul que entra en casas abandonadas, y halla en la pared la bandera de un país que ya no existe.

Mónica Francés: DIME LO

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de tener un breve encuentro con el amigo/poeta/editor Viktor Gómez, y una reunión con Vik supone que vuelves cargado de cuadernos, hojas, libros, etc… frutos de su feroz amor por la poesía y su edición. Mientras yo iba pensando como iba a organizarme con tanto material, Vik me llamó la atención sobre un libro concreto: DIME LO, de Mónica Francés, último número, por ahora de la colección ONCE que dirige junto a Javier Gil (otro generador de energía poética). Me dice: leetelo y hablamos. Y lo leo, varias veces, porque DIME LO es un libro de poemas de esos que saben arrancar con fuerza, con un poema que te invita, inevitablemente, a seguir, y entiendo la insistencia de Viktor:

(sonriendo) Contento de que no sepa leer
S. FREUD

Voy a echarte mi cuerpo a leer.

Tiene una puerta y un escalón
de entrada y una mujer sentada,
que un día salió de paseo y
vino a parar a un escalón de
entrada. Sigue ahí.

Voy a echarte mi cuerpo a leer

El callejón imposible, tronco
de parra, donde nadie advierte
la cópula quieta del cigarrón
más quieto aún. Sucede parado.

Ven, ocurre entre el pelo y la sien.

Maldito querido dios solo muerto
voy a echarte mi cuerpo a leer

 

Creo que hay poetas que se sienten cómodos con el lenguaje hablado y literario heredado y lo asumen, simplemente, como el aíre que respiran, con naturalidad, olvidados de que toda lengua es artificio, la primera, tal vez, construcción del ser humano. Y hay otros que no pueden evitar tratar de darle la vuelta,forzar sus límites, incomodar al lector del siglo XXI, tan hecho a la lectura en diagonal y desatenta, tan necesitado de buenos sentimientos y de que le pasen la mano por el lomo ideológico. Esta raya, esta división, podría ser una manera de aproximarse a la poesía en español escrita tras la detonación vanguardista de las primeras décadas del siglo pasado, y tras la asimilación de toda una serie de descubrimientos científicos que han venido a decirnos que la realidad es algo muy diferente a lo que nuestros muy limitados sentidos nos ofrecen. Una realidad de difícil decir, y de complicado cantar. Otra raya interesante a considerar podría ser entre la radicalidad de discurso y la radicalidad de acción sobre el lenguaje como materia prima del poema.

Según parece DIME LO es el primer libro publicado de  de Mónica Francés, pero, desde luego, no estamos ante la obra primeriza de una autora novel. Sospecho un buen montón de material inédito bajo este libro, todo un proceso de decantación para publicar veinticinco poemas. Poemas que, a mi parecer, protagonizan o los atraviesan, de algún modo,  los pronombres, pero no para vivir en aquella alta alegría de la que hablaba Pedro Salinas, sino para ponerlos en cuestión, darles la vuelta, presentarlos en su condición de máscaras: “Yo sueña ser un cubo repleto / de sal gorda que va de aquí para / allá hasta volcar junto a tus pies”. Los actores de los poemas son prácticamente siempre estos pronombres-máscara, o indeterminaciones como “el hombre”, “la mujer”, “el pequeño ser” “usted” “el uno” “el otro”… como una forma de centrar el poema en el qué, no en el quien, porque el quien es mientras hace: “Vienes eres?”. Y de ahí, del cuento del que no sabemos quienes son(mos) los protagonistas, surgen los poemas, como fragmentos de esa mayor historia, que tratamos de descifrar, lo que nos exige volver al poema, detenernos en este decir diferente que nos reclama atención completa y nos interpela sobre la naturaleza de las relaciones que tenemos con todos esos pronombres que habitan a nuestros alrededor, todos esos tú, él, yo, y aquellos indeterminados que cruzan nuestras vidas.

Muy pero que muy interesante libro de poemas de una nueva voz (o más que nueva, escondida hasta el momento) de la poeta Mónica Francés, que demuestra una vez más el ojo de Vik y Javi para encontrar escrituras que vayan más allá de las distintas fórmulas que parecen uniformar la poesía española de estos tiempos. Y, como no puede ser de otra manera, les dejo con otro poema de Mónica y DIME LO:

En el cuarto de
para todos lo mismo
los hombres se
amontonan.

Uno a uno el perro
cancerbero da la entrada.
Sobre todos para lo mismo
trepa el último
a lo alto.

En el cuarto de
para todos lo mismo
no hay arbolito que
dé sombra.

En el cuarto de
lo que quiera que sea
el hombre normal y corriente
como quiera que sea.

No lo busques por
la calle son una
montaña en el cuarto
de la excepción.