Girando alrededor de un verso

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de Pedro Montealegre

-cada muerto te dice: cada tajo te ama-

El mapa de nuestras heridas en la piel
o bajo la piel misma, fuera de la vista
y de la temible piedad de los extraños.

-cada muerto te dice: cada tajo te ama-

Las terminaciones responden
al dolor y al placer y a los seis sabores,
y nos dicen si estamos vivos o sólo
ocupando un espacio.

-cada muerto te dice: cada tajo te ama-

Nos marcan con ceniza para que no olvidemos
nuestra condición de polvo,
pero al final de todas las cuentas y cuentos
cada muerto te dice: cada tajo te ama

y así no olvidas.

En acción…

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… la Brigada Poética en Acción, me ha hecho el honor de utilizar uno de mis versos en una de sus microdisrupciones de la desquiciada normalidad urbana. ¿Cual es o será la reacción de las y los ciudadanos que se tropiezan con los versos en espacios donde “no deberían estar”?  Mil gracias, brigadistas, por pensar que un verso mio puede generar el efecto sub-versivo que buscan.

brigada

 

Pedro Montealegre

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nos dejó hoy bastante antes de tiempo. Perdemos a un poeta valiente. Y los poetas valientes son escasos. Sus amigos más cercanos le lloran; yo recuerdo nuestro breve trato, siempre tan exquisito por su parte, y poemas como este que adquieren ahora una dimensión especial:

GÉNESIS

Comencé como un doble. Negando y negado, al renacer tanto higo
y no madera de su árbol, la cerveza y no cebada de una espiga, una sola,
y el alma en almácigos con la voz de mi mortal, con el pie de mi inmortal,
con el agua por delante: una fuente en el mundo y dios todo para mi sed.
Comencé las ilíadas sin parte, ni linaje.
Así me despedían: blanco entre las sábanas colgadas al aire
y hambriento por la forma, la verdad de un leño ardiendo: un fénix
con su pico atragantado de cenizas. Yo el funesto de los ojos
arrugados como vientres. La mancha sin causa en la madera fosilizada:
tu huella, la mía, formando un mosaico. Un vitral que consagra
tu memoria a una imagen. La nave de un templo que guarda los deudos:
mi cirio goteando tu poco de muerte.

De El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de agosto, 2006)

Dicen sus amigos también que Pedro, al que la vida no trató bien, ahora descansa. Que sea así. Que la tierra te sea leve.

Rescatar las palabras

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En su par de versos emblemáticos, el Maestro Cadenas dejo dicho: “Que cada palabra lleve lo que dice. / Que sea como el temblor que la sostiene.”.  Lo hacía en un poema titulado “Ars poética”, que mucha gente sabe de memoria (o de corazón, jugando con esa hermosa expresión del inglés). Liberar las palabras del vacío, la banalidad y la instrumentación por la peor cara de la política, creo que ahora mismo no es solo una cuestión de “Ars poetica”, sino, simplemente, de “Ars Vitae”.

Y, a modo de demostración de esta idea, traigo a conversar dos textos de origen muy distinto con los que me he encontrado recientemente, que convergen en denunciar los efectos destructivos de la banalización del lenguaje. Por un lado David de Ugarte, economista, cibertactivista, blogger de primerísima hora, pensador, y también narrador, aunque hace tiempo que está más centrado en la tarea ensayística alrededor de la llamada”economía directa” y las nuevas formas de comunitarismo, cuando en uno de sus últimas entradas: El comunitarismo, de la postguerra a la filé, se detiene un momento para resaltar que

el sesentayochismo y los más de cincuenta años de secuelas, traumas y tabús que dejó tras de si también tiene algo valioso que enseñarnos: el desastroso efecto de la banalización del lenguaje. Para pensar en común necesitamos compartir los términos y expresiones que articulan la conversación. Es más, necesitamos que tengan significados claros y conocidos por todos. Por eso la deliberación de una comunidad en el tiempo toma tantas veces la forma de un vocabulario en desarrollo, de un léxico particularmente preciso en aquellos temas que son la base de su reflexión, trate esta sobre cuestiones técnicas o sobre fenómenos sociales.

Cuando los estudiantes de los sesenta usaban el término «comuna» para llamar a los pisos que ocupaban, buscaban una asociación con lo que «comuna» y «comunero» habían significado hasta entonces para un europeo medio: las revueltas urbanas contra la monarquía y sobre todo el gobierno revolucionario de la ciudad de París en 1871. Pero la realidad que tenían para ofrecer era mucho más pobre. Resultado: décadas después, la primera acepción para comuna en el diccionario más común de la lengua española nos remite a aquellos pisos haciendo un curioso énfasis en la idea de «comunidad sexual». Ese fenómeno, tan característico del desastre sesentayochista tiene diversas variantes locales -ya comentamos el vaciamiento por ejemplo de la palabra «anarquismo» en Alemania. Y por supuesto tampoco fue original (nada en el sesenta y ocho lo fue realmente), platónicos y cristianos ya habían convertido muchos siglos antes «epicúreo» en sinónimo de «hedonista» contra toda evidencia.

Pero en nuestros días, la destrucción consciente, política, de significados se ha multiplicado con los intentos de recentralización de Internet por las empresas puntocom. Primero, las «redes sociales» pasaron de ser la base de relaciones interpersonales de una sociedad a convertirse, en el lenguaje mediático primero y en el común poco después, en una serie de servicios web de grandes empresas. Siguiendo los intereses corporativos y las modas, se ven asediados desde los medios significados de cosas tan básicas como «compartir una casa», una expresión que quería decir algo bien diferente de alquilar una habitación o un apartamento turístico en un servicio online especializado. Por no hablar de la misma palabra «comunidad, que como vimos, a estas alturas puede querer referirse a casi cualquier cosa.

Y por otro, un poeta, Juan Manuel Roca, de una manera más breve y prestando atención a las ocultas paradojas, como un poeta debe tratar siempre se expresarse, nos deja dicho en su Elogio de la poesía:

Un aparente escollo para la poesía tiene que ver con la crisis de la palabra, en particular por su constante manoseo. La palabra es la primera baja en una crisis social: para qué el vocablo pan si no remplaza al pan, para que la palabra libertad si tantas veces está en los labios de los carceleros. Sin embargo esto, antes de crearle un desaliento obliga al poeta a buscar la palabra justa en el inmenso pajar del lenguaje y a habitar de nuevo las palabras que el mal uso han ido volviendo huecas, calcáreas. Es paradójico, hasta la libertad en el poema resulta tantas veces contradictoria por el hecho mismo de querer fijarla en palabras. Como es paradójico que estando la poesía construída con vocablos aspire al silencio.

Nada nuevo si uno lo piensa. Vaciado de palabras importantes para que lleguen a significar nada, mentiras repetidas hasta una extenuación que las convierte en verdades indiscutidas (hace unos cien años se martilleó a las sociedades europeas con el miedo al oscuro e insidioso peligro judío y las consecuencias finales fueron las que fueron), adaptaciones de la historia a las necesidades políticas del momento… Todo esto lo hemos visto ya en Europa en particular, y los resultados fueron siempre catastróficos.

En el mundo jurídico (uno en el que las palabras y sus interpretaciones son extremadamente importantes) de la Unión Europea, las normas empiezan casi siempre con un glosario de conceptos y su definición concertada. Tal vez todos debamos incluir en nuestras conversaciones cotidianas las siguientes preguntas: ¿Qué quieres decir cuando dices…? ¿A qué te refieres exactamente cuando hablas de…? Rescatar las palabras de su manoseo no puede ser sólo tarea de poetas o filósofos, pobrecitas palabras entonces. Las y los ciudadanos en cuanto tales también tenemos nuestros deberes en ese sentido. Si no, dejaremos la ciudad en manos de quienes más griten sus particulares consignas.

Mal estar

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He pasado estas navidades unos días en casa de mis padres. Allí, trasteando entre las estanterías me encontré un viejo libro del muy grande Carlos Edmundo de Ory, paisano hasta en su distanciamiento de la tierra natal.  Se trata de Lee sin temor, una obra que agrupa poemarios escritos en 1970 y 1971, y hojeándolo me encuentro, zas, con este poema, escrito, según el libro indica, durante los días 18 y 19 de agosto de 1971 en Cádiz,y que, literalmente, parece escrito esta misma mañana que se ha vuelto sangrienta.  El malestar parecería ser el estado ordinario de las cosas humanas…Por eso los breves momentos de felicidad o bien estar son, o deberían ser, sagrados.

¿Por qué estamos todos así tan mal tan mal?
¿Por qué estamos tal mal tan mal tan mal?
Es que el aire está lleno de ratas rabiosas
Nuestros nervios llevan a un callejón sin salida
Nadie de nosotros tiene perlas ni coco
Sobre escombros asomamos ojos de basilisco
Cada instante queda menos plata y más fango
Y la luz personal del mejor no puede nada

Aleatorios 21

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Aprender a cantar quedo, como tuvo que hacer Sinatra cuando quiso cantar a Jobim. Huir de cualquier grandielocuencia. No sé si la poesía susurro llega más lejos que la poesía grito, pero en todo caso es menos invasiva, y no invadir debería ser una regla de trabajo. Una poesía para la persona concreta,tan parecida y tan distinta, no para la amorfa multitud con su inevitable tendencia al linchamiento. Otra regla: no participar en linchamientos ni alimentar hogueras hambrientas de carne humana. Toda regla tiene excepción: a veces solo el grito es capaz de decir lo escondido.

Feliz Navidad

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Quienes pasan por aquí ya saben que no soy mucho de coplillas navideñas, y que utilizo otro tipo de canciones para desearles todo lo mejor en estas fechas tan dulces, complicadas y llenas de significados. Aquí tienen mi canción “navideña” de este año, para recordarnos que el cielo es azul y el espacio está lleno de luz. Feliz Navidad.

Aleatorios 20

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De la necesidad de la máscara

La máscara nos desfigura: Máscara, antifaz: Renuncia al rostro propio. Liberación de la identidad opresiva y sus límites para jugar el juego de ser nadie o de ser otro, al menos un rato. La poesía es una máscara que nos permite, desde la distancia que ofrece el juego de la palabra, desnudarnos para re-conocernos y para decir lo imposible de expresar sin ella. Qué mayor gesto que dejar de ser un momento para ser (de/en) otro ser. Aquí poesía y deseo son hijos del mismo padre: el viejo Eros, siempre en pelea con los castradores.

Parra

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en recuerdo a doña Violeta, parte del nuevo material.

Buscando en alguna parte
la raíz adolescente,
volver a los 17.

Para encontrar las certezas
en preguntas sin respuesta
volver a los 17.

Volver a los 17
para esconderse del miedo
o sólo para esconderse.

Volver a los 17
para no verle el hocico
a los perros de la muerte,

para nadar en el mar
y no en la laguna inerte.

Las lunas de José Marrero

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Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme en Santa Cruz de Tenerife a un viejo amigo, José Marrero y Castro, que me pasó su último libro, Las Lunas. Marrero fue compañero de aventuras escriturales en lo lejanos y tan mitificados años 80, y durante mucho tiempo cerró sus gavetas con llave y guardó silencio. Pero en los últimos años ha ido publicando tres libros que giran alrededor del tiempo y la distancia (que no es sino otra forma de tiempo). Las Lunas es su última entrega; en sus poemas el poeta va siguiendo las fases lunares y su vagar sobre las ciudades del mundo y los giros del pensamiento. A mí hay dos poemas que me veo en la necesidad imperiosa de compartir con ustedes, y aquí van:

LUNA NUEVA

No pareces un claro en la pared celeste
sino mancha de aliento que incinera la noche

tu círculo reposa como huella esparcida
en el suelo lunar siendo arena mojada

que llega a su final pero renace

que se hunde inexacta pero flota

que vuelve que se marcha que me olvida
en la suerte de estar esperando a que pases

hoy le arrastra un planeta que desfila y saluda
y te sientes marchita aunque estás renaciendo

eres luna que nace aferrada a la tierra
sufriendo la carencia del sol
sobre la cara

LUNA DE ALTA MAR

Dónde iremos contigo
si solo muestras
una de tus caras.

No confío en ti
aunque descubras
caminos de plata
en la mar.

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