Aleatorio 41: la retención del judoka

Leo a mi amigo Viktor Gómez sobre su aprendizaje juvenil de judo, y se me viene a la cabeza lo siguiente: tal vez del mismo modo que el maestro judoka o de otra arte marcial sabe que  debe usar usar sus habilidades sólo en caso de verdadera necesidad, la poesía debiéramos escribirla de la misma manera: únicamemte  cuando una verdadera necesidad nos impele, no para llenar el silencio, tan escaso,  o para añadir un relativamente musical ruido al ruido.

El futuro aquí

Otra de mis compañías de este verano ha sido este libro del que sólo puedo decir una cosa: descárgenlo,  leanlo, coméntenlo. Se trata de El futuro aquí y ahora, que recoge textos hablando de un futuro que a fin de cuentas es nuestro presente, de Keynes, Marx, Buber, Camus,  Foucault, Zamenhof, Dewey y Dreikurs. Sorprendente e inspirador. Como dice María Rodríguez: “Este librito contiene un pequeño tesoro. Nos propone redescubrir a las grandes figuras que fundamentaron el pensamiento social alternativo desde los retos que imaginaron para las generaciones actuales (…) hablan por su propia voz, con sus propias palabras, para nosotros y sobre nosotros.”

Gritar

En estos días de verano me viene acompañando un libro fantástico: “Imagen de John Keats” de Julio Cortázar, una fuente de frescas y vivaces reflexiones sobre la poesía, y en medio de él me encuentro con estos versos del poeta argentino Daniel Devoto, que me apunto para escudo de armas. Uno nunca sabe donde va a recibir una señal:

Lo que importa es gritar, no ser oído,
sino crecer bajo del propio canto
como una rama entre las piedras.

Libro de las fábulas (1943)

Carlos Edmundo a la fuga

Un paseo por el casco antiguo de Cádiz siempre ofrece sorpresas, ya sea en el mercado, en la Plaza de las Flores, en las estrechas calles que van hacia La Viña, en los comentarios de la gente, en los escaparates de las abigarradas tiendas de supervivencia… pero extrañamente, la sorpresa de mi último paseo por “el país natal” fue una estatua. Una estatua que no quería serlo, por así decirlo.

Les cuento, la Alameda Apodaca es un precioso paseo arbolado con bastante presencia de bustos y estatuas, que reflejan de algún modo la larga y agitada vida de la ciudad, en particular durante el siglo XIX, por cierto. Aparte de las famosas Cortes de 1812, por Cádiz pasaron, se alojaron o se escondieron en años anteriores y posteriores a la fecha señalada, un número enorme de los que acabaron siendo líderes de las independencias americanas, y, transcurrido el tiempo, a modo de memoria compartida y gesto de reconciliación, varios de esos jóvenes países quisieron tener un detalle con “La cuna de la libertad”, y así puedes encontrar en Cádiz estatuas ecuestres de José de San Martín y de Simón Bolívar, un busto de José Martí, etc. Bueno, pues en ese entorno de árboles y figuras más o menos ilustres, de repente aparece un pedestal vacío en cuyo pie se indica que es en homenaje al poeta gaditano, nacido en esos alrededores, y del que soy simplemente un mero fan, Carlos Edmundo de Ory. No puedo evitarme acercarme al deshabitado pedestal, donde sólo aparecen la señal de dos huellas. Es al ampliar mi búsqueda  que entiendo qué pasa. En un margen de la minúscula glorieta, resulta que aparece la figura de Carlos Edmundo, con sus barbas, su melena y un gesto de disgusto y huída, que creo que no aparece mal reflejado en la foto que le tomé.

edmundo

Me pareció una idea genial, una manera de rendir un homenaje a alguien que detestaba los pedestales, los homenajes y las fanfarrias oficialistas, que huyó de ellas en vida como de la peste. Un poeta que sigue sonando más explosivo que la mayoría de lo que andamos escribiendo en estos tiempos.

Mi aplauso al escultor. No cabe duda que Cádiz sigue siendo Cádiz. 😉 .

 

Aleatorio 39: el verso, enemigo de la poesía

Una de las grandes cosas que dice George Steiner en esta entrevista:

Hice poesía, pero me di cuenta que lo que estaba haciendo eran versos, y el verso es el mayor enemigo de la poesía.

Y, casi yo lo diría de otra manera: el verso es una herramienta, o un taller, si quieren, para producir eso tan escaso que es la poesía: un acelerador de las partículas del lenguaje a la búsqueda de la gran sorpresa que te deje sin aliento. Y, desde luego, como dice el Sr. Steiner (que cada ve que habla o que le leo me hace guardar silencio y pensar fuera de mi tiestito de ideas bien alimentadas, bendito sea mil veces), versos no son poesía.

Habla Steiner en la entrevista también de la entusiasta vuelta de los enfermizos bichos del nacionalismo a Europa. Algo que nos preocupa a muchos. Los que sueltan a las fieras deberían tener en cuenta que no vuelven a sus jaulas obedientemente, una vez hecho el trabajo sucio.

Hospitalidad

El jueves pasado tuve la oportunidad de compartir una tarde/noche estupenda en el Club Las Indias, y descubrir los califactos de Rui Valdivia. En un tiempo de escaso atrevimiento formal en el mundo de la poesía, descubrir los trabajos de Valdivia resulta muy, pero que muy refrescante. En particular este me voló la cabeza, como dicen por ahí.

La tarde-noche se extendió hablando de los nuevos canales sociales como snapchat y periscope y sus implicaciones, y como no, del Brexit. Pero, una vez en casa, pensando en el talante de nuestros anfitriones de Las Indias, se me ha venido a la cabeza un fragmento de la Novela Autobiográfica de Kenneth Rexroth, que copié hace un tiempo en mi libreta, precisamente, pensando en ellos, aquí se los dejo:

Ahora sé que aquel mundo de juegos estaba organizado por mis padres para fomentar la independencia y la autonomía y después la hospitalidad. Comprendo que entonces aprendí, mientras jugaba, que sólo los autónomos pueden ser hospitalarios y que esas dos virtudes contribuyen a la magnanimidad. No me lo enseñaron deliberadamente; simplemente la cordialidad era nuestra forma de actuar.

Aleatorio 38: poetas y banderas

Todos los brotes o rebrotes nacionalistas, al menos en Europa, cuna del estado-nación, tienen que ver inicialmente con alguna élite local que decide que no quiere compartir las rentas generadas por un determinado territorio con la competencia interna (gente advenediza, recién llegada:que se vayan o se asimilen, esto es, que nos obedezcan) o externa (otras élites con poder más allá de su ámbito de influencia). Como este planteamiento es, diríamos, poco movilizador, los poetas son de una gran utilidad para convertir el amor natural por su tierra de las personas, en arma arrojadiza. El precio del poeta es barato normalmente: algún masaje al ego, la adquisición del rol de “poeta nacional”, una posteridad de callejero o manual de instituto para adoctrinar a la juventud en el “amor a la patria”, en fin, calderilla.

Todas las grandes estrellas del genocidio y la matanza que produjo el siglo XIX (aquellas guerras napoleónicas) el XX (para qué hablar) y estos comienzos del XXI han tenido sus poetas entusiastas justificando desde el asesinato político a las deportaciones en masa. Algunos, incluso, llevados del entusiasmo, llevaron la doctrina del nunca bien ponderado Celaya, de gesto noble y corazón racista, “maldigo la poesía del que no toma partido hasta mancharse”, a su máxima expresión, como el insigne poeta serbobosnio Radovan Karadcik, que se las chingó bien de sangre durante las últimas guerras balcánicas (esas que cualquiera diez años antes de que empezaran hubiera considerado simplemente imposibles).

Señores y señoras poetas que tratan siempre de caer de modo que les luzca el lado bueno, antes de romperse las manos a aplaudir, fíjense quien tienen a su lado participando de la ovación. ¿Está Putin, ese delicado defensor de los derechos humanos, está Marine Le Pen con su cabellera rubia, están los entusiastas xenófobos austriacos, el amigo Trump con su plan de amurallar la frontera y que pague México la obra? Ya sabemos que la vida es muy compleja, precisamente por eso hay que pararse a pensar. Cuando escucho a gente que dice que “se van” (que no se van) de “esta” Europa, siempre me pregunto cual les gusta ¿la de 1939 a 1945, la de 1914 a 1918, la de la “paz armada” de finales del XIX, la de la comunidad europea que surgió con un acuerdo comercial, porque en algo había que tratar de ponerse de acuerdo después de tanta matanza? La Europa de las Patrias ya la tuvimos, y aún pasado un siglo de su máxima expresión, todavía no nos hemos recuperado del todo. Ah, que hablamos de una Europa del futuro, pues tengo para mí que un futuro europeo que se parezca al sueño que tenemos de espacio de libertad, solidaridad y buen vivir, sólo es construible en alguna medida desde los precarios cimientos, con todos sus defectos, con todas sus miserias, que se levantaron entre ruinas desde 1957 por los denostados mercaderes (esos que prefieren trapichear y negociar y vender algo a su interlocutor, en vez de arreglar las cosas “de una vez por todas” exterminándole o deportándole o reeducándole). No olvidemos nuestros fantasmas tutelares ni nuestros horrores, no les alimentemos desde nuestros aires de superioridad moral. Revisen sus poemas. Si alguno puede justificar una matanza futura, piensen si lo quieren incluir en sus futuras “obras completas”.