Hospitalidad

El jueves pasado tuve la oportunidad de compartir una tarde/noche estupenda en el Club Las Indias, y descubrir los califactos de Rui Valdivia. En un tiempo de escaso atrevimiento formal en el mundo de la poesía, descubrir los trabajos de Valdivia resulta muy, pero que muy refrescante. En particular este me voló la cabeza, como dicen por ahí.

La tarde-noche se extendió hablando de los nuevos canales sociales como snapchat y periscope y sus implicaciones, y como no, del Brexit. Pero, una vez en casa, pensando en el talante de nuestros anfitriones de Las Indias, se me ha venido a la cabeza un fragmento de la Novela Autobiográfica de Kenneth Rexroth, que copié hace un tiempo en mi libreta, precisamente, pensando en ellos, aquí se los dejo:

Ahora sé que aquel mundo de juegos estaba organizado por mis padres para fomentar la independencia y la autonomía y después la hospitalidad. Comprendo que entonces aprendí, mientras jugaba, que sólo los autónomos pueden ser hospitalarios y que esas dos virtudes contribuyen a la magnanimidad. No me lo enseñaron deliberadamente; simplemente la cordialidad era nuestra forma de actuar.

Aleatorio 38: poetas y banderas

Todos los brotes o rebrotes nacionalistas, al menos en Europa, cuna del estado-nación, tienen que ver inicialmente con alguna élite local que decide que no quiere compartir las rentas generadas por un determinado territorio con la competencia interna (gente advenediza, recién llegada:que se vayan o se asimilen, esto es, que nos obedezcan) o externa (otras élites con poder más allá de su ámbito de influencia). Como este planteamiento es, diríamos, poco movilizador, los poetas son de una gran utilidad para convertir el amor natural por su tierra de las personas, en arma arrojadiza. El precio del poeta es barato normalmente: algún masaje al ego, la adquisición del rol de “poeta nacional”, una posteridad de callejero o manual de instituto para adoctrinar a la juventud en el “amor a la patria”, en fin, calderilla.

Todas las grandes estrellas del genocidio y la matanza que produjo el siglo XIX (aquellas guerras napoleónicas) el XX (para qué hablar) y estos comienzos del XXI han tenido sus poetas entusiastas justificando desde el asesinato político a las deportaciones en masa. Algunos, incluso, llevados del entusiasmo, llevaron la doctrina del nunca bien ponderado Celaya, de gesto noble y corazón racista, “maldigo la poesía del que no toma partido hasta mancharse”, a su máxima expresión, como el insigne poeta serbobosnio Radovan Karadcik, que se las chingó bien de sangre durante las últimas guerras balcánicas (esas que cualquiera diez años antes de que empezaran hubiera considerado simplemente imposibles).

Señores y señoras poetas que tratan siempre de caer de modo que les luzca el lado bueno, antes de romperse las manos a aplaudir, fíjense quien tienen a su lado participando de la ovación. ¿Está Putin, ese delicado defensor de los derechos humanos, está Marine Le Pen con su cabellera rubia, están los entusiastas xenófobos austriacos, el amigo Trump con su plan de amurallar la frontera y que pague México la obra? Ya sabemos que la vida es muy compleja, precisamente por eso hay que pararse a pensar. Cuando escucho a gente que dice que “se van” (que no se van) de “esta” Europa, siempre me pregunto cual les gusta ¿la de 1939 a 1945, la de 1914 a 1918, la de la “paz armada” de finales del XIX, la de la comunidad europea que surgió con un acuerdo comercial, porque en algo había que tratar de ponerse de acuerdo después de tanta matanza? La Europa de las Patrias ya la tuvimos, y aún pasado un siglo de su máxima expresión, todavía no nos hemos recuperado del todo. Ah, que hablamos de una Europa del futuro, pues tengo para mí que un futuro europeo que se parezca al sueño que tenemos de espacio de libertad, solidaridad y buen vivir, sólo es construible en alguna medida desde los precarios cimientos, con todos sus defectos, con todas sus miserias, que se levantaron entre ruinas desde 1957 por los denostados mercaderes (esos que prefieren trapichear y negociar y vender algo a su interlocutor, en vez de arreglar las cosas “de una vez por todas” exterminándole o deportándole o reeducándole). No olvidemos nuestros fantasmas tutelares ni nuestros horrores, no les alimentemos desde nuestros aires de superioridad moral. Revisen sus poemas. Si alguno puede justificar una matanza futura, piensen si lo quieren incluir en sus futuras “obras completas”.

Aleatorio 37: Ante lo imprevisible

En esta semana en la que tantas cosas deberían, al menos, aclararse un poco fijémonos en lo que nos dice Ilya Prigogine:

No podemos prever el porvenir de la vida o de nuestra sociedad o del universo. La lección del segundo principio es que este porvenir permanece abierto, ligado como está a procesos siempre nuevos de transformación y de aumento de la complejidad. Los desarrollos recientes de la termodinámica nos proponen por tanto un universo en el que el tiempo no es ni ilusión ni disipación, sino creación

Un ejemplo nos lo muestra María Rodríguez: nadie, en todo el trajín interminable de debates sobre el futuro del libro, estaba esperando un invento como el que nos cuenta aquí. Los futuros son múltiples y abiertos. E impredecibles, tal vez para bien.

Claro, directo, preciso, je…

Como todos los años por la Feria del Libro de Madrid, sale en El País una notita dedicada a la situación actual de la poesía (que si desaparece, que si rebrota, que si sí, que si no…todo muy profundo y documentado, el ex diario independiente de la mañana no es el que era, pero sigue siendo un buen atril para dictar doctrina o doctrinilla). La de este año bajo el auspicioso título de “la poesía se alía con la red“, nos viene a confirmar que alguna de mis predicciones recogidas en “El poeta en la ciudad digital“, y no de las más optimistas, se está cumpliendo (es lo que debe considerarse el carácter prófetico del/la poeta, juas).

Para empezar, que quede claro: lo que prima o ha de primar, según el cronista, es “la línea de los poemas claros, directos y precisos”; así lo ha percibido tras ver la “sorprendente” vida que ha descubierto ante los stands de editoriales de poesía en la feria. En boca del poeta Manuel Vilas se pone que “Los poetas tienen que dejar su pedestal absurdo” y contar el mundo como lo haría un periodista o un novelista, con un lenguaje “contundente, claro, preciso y literario a la vez”. Lo del pedestal me deja perplejo. Conozco a muchos poetas y la gran mayoría son paisanos y paisanas muy conscientes de su paisanidad (jé) cuando no un poquillo acomplejados por sus dificultades para ser visibles como autores. El rol del poeta subido a un pedestal para imponer su voz sobre la marea humana hace ya mucho que desapareció, por fortuna, aunque haya quien lo eche de menos y reivindique su lugar especial en la plaza o al frente de la mani. Lo de los requerimientos del lenguaje poético “como debe ser” me dirigen a aquella profecía de las que hablaba:

“… si no ejercitan la mirada (…) tendremos lo de siempre: poesía chato-realista, egoorientada a un intimismo estéril, conversacionaloide y monocorde, esto es: más “poesía de la experiencia”, aunque eso sí, esta vez de la experiencia chunga.”

Porque ese discurso no es otra cosa que una actualización del dominante en la poesía peninsular desde los años 80 de la llamada “poesía de la experiencia”, fruto de poetas de clase media poco dados a riesgos estéticos ni de otro tipo; claro que como la experiencia en general de la clase media se ha depauperado tanto en los últimos años, ahora puede sonar hasta inevitablemente descarnada. Ese lenguaje “claro, directo, preciso” propio también de los anuncios, no sólo del novelista (¿de cual, de E.L.James, por ejemplo?) y del periodista (esto no tiene desperdicio: ¿claro, preciso, lo que leemos en la prensa?), exactamente ¿qué aporta en términos de poesía? ¿es más “realista” (esto es cercana a la realidad en su condición poliédrica e irreductiblemente compleja y variada) la poesía de Luis Alberto de Cuenca que la de Nicanor Parra o la de André Bretón o la de Gonzálo Rojas, la de Luis García Montero que la de Enrique Falcón? Anda ya. Ese cuento es muy viejo.

Lo de la poesía “noerromántica” es la misma historia. Da igual, me parece a mí, que el medio sea nuevo (¿seguimos siendo los blogs un “medio” nuevo? Gracias, gracias…) si lo escrito parece recogido de las secciones de “poesía cada día” de los viejos periódicos del siglo antepasado.

Se menciona en el artículo a un buen número de poetas representativos de lo que en otras entradas llamábamos poesía postadolescente o memética, pero, por supuesto, los entrevistados son los portavoces habituales: el Sr. Visor, el Sr. de Cuenca, el Sr. Munarriz, la Sra. Médel (que es la única que parece mantener una cierta visión crítica de lo que sucede), en fin, lo de siempre aunque animados por un cierto tirón de ventas del que me alegro mucho, porque yo también quiero editoriales de poesía sanas y rentables como las que más y si publican buena poesía, mejor.

También se menciona al pobre Lou Reed. Yo, la verdad es que en bastante de la poesía que me muestran como como “nueva” y “de moda” en los anaqueles de las librerías hispanas veo más influencia de Pablo Alborán; me debe cegar mi condición ultraperiférica y resentida. Por mi parte, si quieren leer poesía con energía y espíritu de ruptura, les animo a hacerse con la latinoamericana 2017 Nueva poesía contemporánea Tomo I, publicada, ojito, en 2010. Y si quieren reflexiones sobre la poesía y el lenguaje que les permitan desintoxicarse y, su vez pensar (muchas preguntas, pocas certezas, ningunas instrucciones), aquí tienen algunas de dos figuras: Rafael Cadenas, y Chus Pato.

Celebrando el premio

recibido por mis queridos David Eloy Rodríguez y José María Gómez Valero en el concurso de letras flamencas Rafael Alberti de 2016.

David Eloy y José María llevan ya tiempo sumergidos en un proceso de re-encuentro con la escritura y la voz flamenca a través de su proyecto SU MAL ESPANTA, en el que han aglutinado también a músicos y artistas visuales como Patricio Hidalgo.

Me interesa mucho esta inmersión en las raíces reales e imaginadas que nos ofrece el flamenco a todos los sureños, que llevan a cabo David Eloy y José María, porque es un ejercicio que exige un rigor especial, y el ser riguroso parece no estar muy de moda, al menos en los entornos relacionados con la poesía en España. Adaptarse a la versificación flamenca impone la tensión expresiva de ajustarte al criterio de que “menos es más”, y además conlleva ser consciente de una tradición desde la que evolucionar, pero que has de cuidar y no romper para que la letra flamenca se reconozca como tal.

Aquí tienen varias de las letras premiadas, y yo reproduzco, como no, una de ellas acá, y debajo de ella una de las “pinturas vivas” de Patricio Hidalgo, que te deja paralizado.

BULERÍAS

Supimos del paraíso
que conocen los amantes.
La manzana de tus besos
la mordí hasta condenarme.

A la orillita del río
vimos llegar la mañana,
la noche como un secreto
que se ha de llevar el agua.

Nada podrá arrebatarme
el recuerdo de tenerte,
llevo en los labios un beso
que durará para siempre.

¿Adónde vas, mariposa,
adónde vas con tu vuelo?
Mariposa poderosa,
mariposa del deseo.

Hay que saber y atreverse,
hay que cuidarse y callar,
pa caminar sin perderse
por sendas de libertad

Sebastiao Salgado: un cono de luz en lo imprevisto

Hoy he tenido la oportunidad de ver la exposición de fotografía GÉNESIS, de Sebastiao Salgado, instalada en el Parque San Telmo de Las Palmas de Gran Canaria. Afrontar la fotografía de Salgado es siempre una experiencia, y aquí hay imágenes que, de veras, te dejan si aliento, sin nada que decir porque añadir algo sólo serviría para estropear el momento.

Mrándolas, se me ha venido a la cabeza una “poética” de Henri Cartier-Bresson, que recogí cuando andaba a la caza de “poéticas alternativas”:

Para mí, la fotografía es situar la cabeza, el corazón y los ojos en la misma línea visual. Es un estilo de vida.

Ese encontrar lo que se quiere cantar/contar en el poema no en su narrativa, sino en la captación de la imagen, del momento en que, en palabras del poeta uruguayo Alfredo Fressia, la poesía se presenta “como descubrimiento, un cono de luz en lo imprevisto, lo oscuro”, es en lo que trato de andar. Evidentemente el foco puede dirigirse hacia adentro o hacia afuera, pero, muchas veces, lo que miras dice de ti más que la mayor introspección.

Dulce Díaz Marrero

Y en este paseo entre las sombras de los poetas jóvenes canarios de los 70 que abrió tristemente Juan Pedro Castañeda y seguimos con Angel Mollá, era inevitable mencionar a Dulce Díaz Marrero, que, como la referencia generacional, Felix Francisco Casanova, murió muy joven, en su caso en un accidente de tráfico. Las dos pérdidas, bastante cercanas en el tiempo, generaron el tipo de leyenda que acompaña frecuentemente a la muerte del creador o la creadora joven. Ya he comentado que encontrarme con estos poetas, cuando yo empezaba a acercarme a la poesía y a investigar más allá de los textos que ofrecía el sistema educativo, descubrir que había poetas habitando mi ciudad y produciendo además una poesía tan fresca, y en cierto sentido “pop” y adelantada, fue un estímulo indudable. La poesía de Dulce Díaz Marrero sigue sonando muy fresca, como recién publicada. Joven para siempre.

MAÑANA

Se que mañana todo será borrado
El día mas próximo es el olvido.
Mis formas serán de yerba, y
me ocultaran sabiamente.
Solo ellas tendrán el placer
de medir mi ultima huella. Pero,
¿adonde volveré cuando me vaya,
en que sueños, dime, profeta,
descansará mi sueño?

VIDA

Entre galaxias,
entre sonidos de galaxias,
voy a meterme
porque una cosa tan pequeña
como fui entonces
no podrá existir en la imaginación.
Constrúyeme:
haz que viva las edades
futuras del universo.

LUZ ARTIFICIAL

Ver amanecer la noche
cuando todo es justa soledad
hacer el recuento de lo que piensas
y amar simplemente
los objetos derramados
será todo lo que hagas cuando
empieces el recorrido de la luz artificial.

TRISTEZA

¿Sabes?:
Mi tristeza es el hueco
que deja el amante
en la boca de su amada.

IDENTIKIT

La estupenda revista peruana de clara vocación transnacional, Vallejo & Company, ha publicado hace poco, dentro de su serie de libros electrónicos dedicados a las jóvenes escrituras, una “muestra de poesía española reciente” bajo este peculiar título: IDENTIKIT, en la que su antólogo, el poeta también Rafael José Díaz, recoge doce autores (con mayoría de autoras, lo que, de hecho, responde a la realidad  de la poesía española actual) con la idea de mostrar un panorama lo más representativo posible de las tendencias de la poesía joven (menor de 35 años) en España. La limitación inicial del proyecto a doce nombres ha debido ser un reto muy complicado, y no le arriendo la ganancia a Rafael José, que ya señala en su introducción que ha dejado fuera de esta selección a al menos doce poetas de la misma categoría de los seleccionados. Hay que ser valiente para asumir semejante tarea, cuando uno interviene en el egomundo poético nacional, pero Rafael José, desde su condición periférica (no residente en los centros de “poder” literario), le ha echado el valor suficiente. La ausencia de recepción o debate  que ha seguido a la publicación de IDENTIKIT puede deberse a su condición de libro digital y, por tanto, para mucho retrasado, de menor categoría y merecedor de menor atención que un tomo con sus tapas y su buen lomo, o a ese silencio que se sigue usando como arma de devastación masiva cuando no nos gusta el sesgo de una selección como la presente.

No tengo yo perspectiva para decir cuanto acierta o cuanto falla, cuanto puede haber de objetivo y cuanto de sesgado en la selección de autores, porque estoy muy lejos de tener una visión ni medio válida sobre lo que se está escribiendo por parte de poetas jóvenes en España. De los autores seleccionados sólo conocía poemas de cuatro antes de leer IDENTIKIT, pero eso no significa realmente nada, como ya digo, y algunos de las y los poetas que no conocía se me han convertido en nombres a quien seguir la pista. Eso creo yo que debe ser uno de los objetivos de una muestra de este tipo.

Tras leer IDENTIKIT, me ha parecido percibir una serie de rasgos comunes en las y los poetas seleccionados, que no sé hasta qué punto serían extensibles al total de esta promoción: una, como decirlo, vocación de estilo, que en ocasiones conduce a cierto (entiendan que uso estas palabras con una especie de entrecomillado permanente y a falta de otras mejores) nuevo barroquismo, así como un amor por el poema extenso, lo cual, hasta cierto punto podemos ver como una novedad respecto a promociones anteriores. Todo ello, tal vez, como reacción ante la ola de lo que en otra entrada  llamamos, siguiendo a Germán Machado, poesía memética dirigida a un público postadolescente, escrita por autores de su misma quinta. Una manera de marcar la raya.

Echenle una lectura, tengo que decir que el formato basado en Flash que utiliza Vallejo & Co. para sus publicaciones me resulta personalmente incómodo, y les animaría a que investigasen alternativas, pero eso no es excusa. La labor de esta revista es digna de todo elogio, nos deja ver qué se está escribiendo en las diferentes orillas del idioma, y posiblemente sea el único espacio online transnacional verdaderamente activo de la poesía en español.

identikit

Un día como hoy

Día Internacional de los Museos, celebramos en 2007 una fiesta de maridaje de poesía y ciencia, como manifestaciones del común espíritu humano en el Museo de la Ciencia y el Cosmos de La Laguna, y de ahí surgió Ruido o Luz.  Como decía aquel manifiesto de Gaceta de Arte: “Museo no es mausoleo. Museo es feria de la inteligencia”. 

E, inevitablemente, aquí va un par de poemas de los que se leyó aquella noche:

la luz nos oculta la luz

para ver

hacemos uso de lo oscuro

(N 28º 45’, O 17º 53’)

Durante el invierno navegan de norte a sur
se las avista en el pacífico
en su mar de crianza

a las yubartas
a las grandes ballenas

para el verano habrán recorrido más de
4000 kilómetros de su océano
esta vez hacia el norte

y llegan

surcan el mar incansables
aunque haya veces
que sólo se dejen flotar
y que las corrientes las porten

-kilómetros flotando

las yubartas saltan fuera del agua

-40 toneladas 12
metros desde las aletas
a su cabeza

y cuando caen
su golpear en las olas se oye estruendoso
aun allá de la lejanía

¿mirarán al cielo cuando saltan?

y si lo hicieran ¿cuál serían
esas estrellas con las que se guiaran?

y si aun desde el océano y sin necesidad
de su salto se orientasen con aquellas estrellas
¿qué nombres les dieran?

las yubartas cantan

pero nada se sabe de ese canto suyo
desconocido
salvo que cantan acaso
para que alguien sepa

quiénes fueron
o hacía dónde van

(S 51º49′ E 71º48′)

 

Dos poemas de Ángel Mollá

A cuenta de la noticia de la reciente desaparición de Juan Pedro Castañeda,  que me trajo a la memoria la promoción de poetas jóvenes de los 70 en Canarias, me tuve que poner a trastear en mis estantes y encontré algunas de las revistas de la época que guardo con mucho cariño, porque fueron capturas de mis primeras expediciones buscando poesía más allá de lo ofertado en los programas del BUP. Y en una de ellas volví a dar con un puñado de poemas que en su momento recuerdo que me llamaron mucho la atención, del poeta Ángel Mollá.

Mollá fue amigo muy cercano de Félix Francisco Casanova, y se mueve en ese movimiento de aproximación entre poesía y rock con la que experimentaron entonces -bastante antes, creo, que en otros pagos- ese grupo de poetas jóvenes isleños  a mediados-finales de los años 70.

Pocos rastros de la poesía de Ángel Mollá parecen haber quedado y a apenas algunas referencias puntuales se pueden encontrar en internet. Aquí van un par de los que publicó como “Poemas inéditos 1974-76” en la revista de un sólo número “Teresa en el balneario”. Lean ustedes.

He conocido personas
cuyas palabras
brotaban como la cerveza
de una lata recién abierta
y en ellas había fluidez
y frescura
e incluso ese poco
de efímero y amargo
que te obliga a tomarlas
en ese mismo momento.

SAVONAROLA

era virgen e intransigente,
no se le conocía error,
ni amante ni debilidad
(siquiera deliberada).
Solia huir de su lecho
justo antes del amanecer
con la finalidad de que
el pobre edredón
estuviera ya frío con el sol
y éste pudiera calentarlo
más dignamente.
Amaba a los enfermos
y a las viudas
sin miedo a la sífilis.
Estimaba la discreción
como lo que era en su tiempo:
un factor con el que contar.
Y sin embargo
murió quemado vivo
por sus propios cabos sueltos.